Yo primero

“America First” (EE.UU. primero), el lema de la campaña de Donald Trump, se ha convertido en un éxito viral mundial. El troleo va desde Australia a Suiza, desde Kazajstán a Namibia. Las parodias en televisión también han alcanzado un alto rating en muchos países. Quizás está en la naturaleza humana reírse en la tragedia. De hecho, “America First” fue el nombre de la organización aislacionista, derrotista y antisemita que instó a Estados Unidos a no desafiar a Adolf Hitler en 1940. De haber tenido éxito, las consecuencias no serían divertidas. El Presidente F. D. Roosevelt, por el contrario,  argumentaba que el fascismo era una amenaza a valores fundamentales de la humanidad, y que  no cooperar en la guerra equivalía a negar esos valores.

“Yo primero” es el lema de los depredadores. Me da lo mismo el costo que pague el resto mientras yo esté mejor. El siglo pasado, el más violento de la historia, dejó enseñanzas brutales: el racismo, el proteccionismo, la xenofobia o cualquier otra categoría que promueva la superioridad (social, étnica, religiosa, económica) absoluta sobre otros terminó mal. El mundo progresó donde primó la lógica de la cooperación por sobre la de la superioridad autorreferente; la lógica de la convivencia por sobre la de la dominación. La cooperación es esencialmente actuar coordinadamente para el bien de las partes.

La teoría de juegos aplicada a la economía, las ciencias políticas, la biología entre muchas otras disciplinas ha logrado probar matemáticamente la superioridad de la cooperación. O sea, matemáticamente todos logran un mayor bienestar cooperando (inteligentemente) entre sí que tratando de obtener beneficios a costa de los demás. “Yo primero” es una invitación a no cooperar y, a la larga, a terminar peor. Lo opuesto a “yo primero” no es “yo último”, sino que “yo coopero para mi beneficio”.

Hace algunas semanas escribí sobre “juegos de suma negativa” (sumas y restas). Es decir, sobre comportamientos que permiten algún beneficio propio, pero a costa de una pérdida mayor para otros. Dábamos como ejemplos la colusión de las empresas, los paros funcionarios que afectan la provisión de bienes públicos, el robo y receptación, entre otros. En todos esos casos el resultado es negativo (socialmente ineficiente), con costos (para los demás) superiores a los beneficios (para mí). Se trata también de casos donde prevalece el “yo primero”.

Pero la lista de ejemplos del “yo primero” es interminable. Solo en estos últimos días vimos la movilización de los portuarios que impidió el desembarque de mega cruceros, y que no tenían nada que ver con el conflicto. Más en general, en la inmensa mayoría de las organizaciones corporativas los intereses propios están por sobre los intereses del país. Tienen todo el derecho a organizarse y a manifestarse, pero la solución política requiere velar por el bienestar de todos. Sin ser un especialista en el tema, estoy dispuesto a apostar que el Colegio Médico no aprobaría que los médicos chilenos también rindan el Eunacom de la manera que está diseñada. Lo natural es que también habría un elevado porcentaje de fracasos, tampoco podrían ejercer la profesión, y la sociedad como un todo perdería. El Eunacom huele a proteccionismo, a “los médicos chilenos primero”.

Manuel Marfán
Director Programa Cieplan U. de Talca



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