Marcelo Leonart: "Cuando era chico la Unión Soviética era el demonio"

Finalista del Premio Herralde, la novela El libro rojo de la Historia de Chile transcurre desde la UP hasta hoy.

por Javier García

Un chileno caminando por las frías calles de Moscú, en 1976. La escena fue una de las primeras imágenes que se reiteraron en la cabeza de Marcelo Leonart. Era el comienzo de la escritura de su nueva novela. “Después me empiezo a obsesionar en cómo la historia chilena se ha relacionado con Rusia”, dice el narrador, dramaturgo y director teatral, nacido en 1970, sobre El libro rojo de la Historia de Chile, publicado por Tajamar Editores.

La obra, finalista del Premio Herralde 2015, fue presentada al concurso con el título Rusos y una novelita chilena. Dividida en cinco partes, narra cinco historias que van desde los años de la Unidad Popular y el proyecto socialista de Salvador Allende hasta el presente con Vladímir Putin como presidente del país cuya población supera los 145 millones de habitantes.

La primera parte se llama Chaika y es protagonizada por Iván y Natasha, una pareja de jóvenes exiliados chilenos en Moscú. El es ingeniero y ella actriz, ambos lectores de Chéjov. “Durante la UP había convenios con la URSS para ir a estudiar ingeniería y llegó el Golpe y muchos quedaron allá. Estudiaban ingeniería para construir al hombre nuevo en Chile”, dice Leonart, quien en la novela también le da voz a Lucho Aguila Gormaz, un dirigente sindical desaparecido en dictadura. Su cuerpo apareció en las fosas de la cuesta Barriga en los 90.

Otra de las historias que se desarrollan en la novela es la del capitán K. Personaje inspirado en Miguel Krassnoff Martchenko, militar y ex jefe de la DINA, condenado en la cárcel de Punta Peuco a más de 100 años de prisión por casos de violación a los derechos humanos. “El capitán K llega donde se encuentra la perra mirista. La ve desde arriba como si quisiera pegarle un tiro. Pero luego se agacha junto a ella”, se lee en El libro rojo de la Historia de Chile, en referencia a Carmen Castillo, cuando se recrea el asesinato de Miguel Enríquez, líder del MIR, en calle Santa Fe, comuna de San Miguel, en octubre de 1974.

“Krassnoff es un descendiente de rusos cosacos, que tiene todas esas características tan pechoñas de zarista”, dice Leonart, quien se pregunta hacia el final del libro: “¿Cómo se habrá visto por la tele, en cualquier otra parte del mundo, la Historia de Chile?”. La interrogante es posterior a la narración del “bestial asesinato” del activista gay Vladislav Tornovoi, de 23 años, quien fue “salvajemente torturado” en 2013, con Putin en el poder.

¿Cómo le fue interesando la conexión con Rusia?

Para mi generación, cuando yo era chico la Unión Soviética era el demonio personificado. También se decía que los comunistas eran agentes rusos... Luego me interesaba contar la historia del pueblo chileno que se queda entusiasmado con el proyecto de la Unidad Popular. Un pueblo muy comprometido, ingenuo tal vez, y que fue completamente abandonado.

¿Qué opina del actual interés editorial por la historia de Chile?

Creo que antes igual se tocaban los temas, pero la manera de abordarlos cambió. En la Nueva Narrativa, la novela La ciudad anterior, de Gonzalo Contreras, se vive claramente en un ambiente de dictadura. Ocurre lo mismo en Santiago cero, de Carlos Franz o El infiltrado, de Jaime Collyer. Pero creo que en esos años había un miedo muy abstracto. De mi generación, Alejandra Costamagna fue la primera en tocar el tema en su novela En voz baja (1996). Ahora, no estamos obligados a escribir sobre la dictadura, pero sí creo que estamos obligados a escribir sobre Chile.



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