La mujer que lucha contra el Estado Islámico en Irak

Wahida Mohamed ha perdido a dos esposos, su padre y tres hermanos. Ella dice que ha decapitado a yihadistas.

por Pedro Schwarze

Literalmente es una mujer de armas tomar. Y está decidida a convertirse en la peor pesadilla de los combatientes del grupo “Estado Islámico”. Se trata de Wahida Mohamed, de 39 años, más conocida como Um Hanadi, “comandante” de una milicia tribal de unos 70 hombres, en los alrededores del pueblo de Shirqat, a 80 kilómetros al sur de Mosul, en Irak. Y su tropa la respeta y le obedece.

Wahida, que viste ropa militar negra y un velo también negro y porta una pistola de 9 mm, se define a sí misma como una dueña de casa, una “rabat manzal”. Pero hace mucho que dejó esas labores y se dedicó a combatir a los yihadistas.

“Empece a luchar contra los terroristas en 2004, trabajando con las fuerzas de seguridad de Irak y con la coalición” internacional, afirmó en una entrevista con la cadena CNN.

Por lo mismo, parece ser bien conocida del “Estado Islámico” y de sus dirigentes. Sostiene que “he recibido amenazas de los líderes del grupo yihadista, incluyendo una de Abu Bakr (al Baghdadi)”, el autoproclamado califa del “Estado Islámico” que extiende sus dominios por regiones de Irak y Siria. Así, alardea que es más buscada que el mismísimo primer ministro iraquí, el chiita Haider al Abadi. Y que entre 2006 y 2014 han puesto siete autosbomba afuera de su casa.

En estos años de lucha murió su esposo. Volvió a casarse, pero los extremistas mataron a su segundo marido este año. El “Estado Islámico” también mató a su padre y a sus tres hermanos. Eso, sin contar las ovejas, perros y pájaros que ha perdido a manos de los yihadistas. Y ella sostiene que la han intentado asesinar directamente seis veces. “Tengo metralla en mi cabeza, mis piernas y mis costillas se han fracturado”, dijo a CNN, mientras se levantaba el velo y mostraba las cicatrices en parte del costado del rostro.

Pero lejos de acobardarse sostiene sin más que “luché contra ellos. Los decapité, cociné sus cabezas y quemé sus cuerpos”.

Tiene dos hijas, de 20 y 22 años. Ambas saben combatir en caso que se les necesite, pero ahora están dedicados a cuidar sus hijos.

El general Jamaa Anad, comandante de las fuerzas de tierra en la provincia Saladino, le habría dado a los hombres de Wahida vehículos y armas. Y al ser consultado por CNN sobre eso responde en forma escueta: “Sus hermanos y sus esposos murieron como mártires”.

Hace dos semanas esta mujer y sus milicianos participaron en la batalla para expulsar al Estado Islámico de Shirqat, su tierra natal. Una vez liberados, los niños de ese distrito contaron cómo era vivir con los extremistas: “No había comida ni escuela, nada, nos arruinaron”.

El caso de Wahida es, cuando menos, extraño en un Irak rural donde dominan los hombres, pero ella explica que solo lucha por su país porque “si volvemos a perder Irak será para siempre”.



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