Las fotos desconocidas de Antonio Quintana

En 1972 la viuda del fotógrafo donó más de 3 mil imágenes inéditas a la Usach, las que estuvieron olvidadas por 35 años. Hoy, el Archivo Patrimonial de la institución las recupera con una exposición y un libro.

por Denisse Espinoza A.

Al final de sus años, ya le quedaba poca visión. Pero Antonio Quintana (1904-1972) nunca se despegó de la cámara fotográfica. Al contrario, comenzó una nueva afición registrando cortezas de árboles: allí, en el detalle de los surcos, los pliegues y la textura de la madera encontró una nueva belleza. Nadie sabe en qué momento dejó de tomar fotos y la mayoría también desconoce su interés por retratar la naturaleza y la arquitectura. El hombre que ha sido sindicado como el padre de la fotografía social en los años 60 por su proyecto El rostro de Chile, en la que retrató -junto a otros fotógrafos como Sergio Larraín, Roberto Montandón y Domingo Ulloa- al pueblo en sus oficios, fiestas y costumbres, y quien recorrió varios países desde Brasil, pasando por EEUU, Francia, Unión Soviética y Japón, es casi un desconocido en sus otras facetas.

En los últimos 40 años, su trabajo ha sido escasamente difundido, quizás por su muerte prematura en 1972, a los 68 años, de un infarto cerebro vascular; o quizás porque durante la dictadura se omitió su nombre debido a sus vínculos con el Partido Comunista. Un último gesto de su esposa posibilitará rescatar su obra: sólo cuatro meses después de morir, en octubre de 1972, su viuda Enriqueta Silva donó parte importante de su archivo para que fuese conservado en la Universidad Técnica del Estado ( ex UTE, hoy Usach), que ahora es recuperado en una exposición y un libro.

Bajo el título de Oficio y Arte, el archivo de Antonio Quintana, se reunirán más de 40 fotografías inéditas del artista, desde el miércoles en la Sala Isidora Aguirre de la U. de Santiago; una pequeña parte de las más de 3 mil imágenes del fotógrafo que resguarda el Archivo Patrimonial de la casa de estudios. La muestra viajará luego a La Serena, Valdivia, y en junio de 2017 volverá a Santiago, al GAM. Mientras que el libro, que contempla 100 fotos, se lanzará a fines de año, junto a un sitio web donde se podrá ver el material completo digitalizado.

“El Archivo Patrimonial de la Usach se crea en 2009 para hacerse cargo del hallazgo de 27 mil imágenes sobre la institución entre las que estaban estas 3 mil fotos de Quintana. De a poco hemos catalogado el material que estaba mezclado y arrumbado en cajas en el zócalo de la biblioteca central”, cuenta Andrés Zúñiga Mella, director del archivo que en 2015 ganó un fondo del Consejo de la Cultura a través de la Corporación Cultural de la universidad, para iniciar las labores de investigación, conservación y difusión del archivo de Quintana, a cargo de Fabián Rosales, Ignacio Chávez y Alejandra Pinto.

Claro que no se trata del único: la Universidad de Chile, donde el fotógrafo fue funcionario, la Biblioteca Nacional y la Fundación Neruda, resguardan también imágenes importantes del fotógrafo. El de la Usach no sería el mayor pero sí el más variado. “Aquí están todas las materialidades con las que trabajó: placas de vidrio, negativos, papel y soportes flexibles. Además hay trabajos que se desligan de su faceta más conocida como creador de El rostro de Chile. Tenemos sus registros de arquitectura moderna, los encargos para empresas del Estado como Lan o Iansa, fotos de naturaleza, urbanas e incluso imágenes personales, con amigos y sus parejas”, dice Zúñiga.

Profesor primario de Química y Física, el “chico” Quintana a los 15 años ya andaba con una cámara colgada al cuello. En los años 30 recibió sus primeros encargos de Corfo, al mismo tiempo que se hicieron conocidas en revistas especializadas sus reproducciones de obras de arte y tomó a cargo los Salones Oficiales del Museo de Bellas Artes. También se le adjudica la introducción de la fotografía en grandes formatos, de 1x1 metro por ejemplo, que exhibió en espacios públicos: sus conocimientos en Química le habrían servido para ampliarlas en grande.

Otra constante en su vida fue su militancia en el Partido Comunista, que eventualmente le traería problemas: en 1946, tal como su amigo Neruda, escapó a Argentina y luego a Uruguay, huyendo de la “Ley Maldita” promulgada por el gobierno de Gabriel González Videla que declaró ilegal al PC.

“El fue un personaje esencial para el círculo de intelectuales de izquierda; se codeaba con Neruda, Volodia Teitelboim lo trataba de maestro. Nunca hizo clases en la UTE, sino que sus vínculos eran de amistad con Víctor Jara, con el rector Enrique Kirberg. Gran parte de la responsabilidad de su olvido lo tiene la dictadura; por ejemplo en 1984 se remontó El rostro de Chile, pero ninguna de sus fotos tenía crédito y se censuraron varias.”, dice el director del Archivo Patrimonial.

En la última década la obra de Quintana ha vuelta a la luz: en 2005 la Universidad de Chile repuso la exposición El rostro de Chile en su casa central, y dos años después el Centro Cultural La Moneda le dedicó una retrospectiva con el mismo archivo Bello. Este año, el Consejo de la Cultura creó el Premio a la Trayectoria Fotográfica Antonio Quintana, que tendrá un dotación en dinero de $ 6.000.000; mientras que el material del Archivo Patrimonial de la Usach reabre nuevas líneas de investigación y revaloración de su obra.



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