Fuguet vuelve a asomarse al escenario

Hacía más de 20 años, desde Cinco sur (1995), que el autor y cineasta chileno no llegaba al teatro, hasta que comenzó a adaptar su novela No ficción, el texto que en abril de 2017 debutará en el GAM, dirigida por Héctor Morales y producida por The Cow Company.

por Pedro Bahamondes Ch.

UNA de las habilidades de todo buen cinéfilo, más aún si es uno famoso y con años de circo, es recurrir a célebres citas de sus películas favoritas para esquivar preguntas incómodas o sin respuesta. Es lo que le ocurrió a Alberto Fuguet (1964) cuando en octubre del año pasado, a días del lanzamiento de No ficción, recibió un llamado de su amigo Daniel Olave, editor de literatura juvenil de Penguin Random House: “Te va a llamar un productor de teatro que además es cinéfilo. Dice que tiene una propuesta que hacerte”.

Para Fuguet fue inevitable rebobinar su propia cinta y recordar la última vez que estuvo tras el telón. Buscó y buscó en su memoria hasta dar con una escena capaz de resumir lo que sentía cuando colgó el teléfono ese día, y pensó en Al Pacino en la tercera parte de El Padrino, cuando Michael Corleone lanza la frase que inmortalizó el filme: “Just when I thought I was out, they pull me back in” (“Justo cuando pensé que estaba fuera, vuelven a involucrarme”).

Tres semanas después, para la Feria del Libro de Santiago, Fuguet cruzó la entrada de la Estación Mapocho escoltado por jovencitas y jovencitos con un ejemplar No ficción en sus manos. “Después de la firma de libros me junté con Marcos Alvo de The Cow Company (responsable de éxitos como Sunset Limited y Pulmones), a quien no conocía pero que ya había leído la novela”, cuenta. “Ese mismo día me propuso adaptarla al teatro, pero yo estaba aún muy encima con Sudor, con la elección de la tapa, las últimas correcciones y pensando en que iba a viajar a Guadalajara a presentarla, y preferí pasar”.

A los pocos días, su teléfono volvió a sonar. Era Alvo otra vez. “Me pidió que le diera una vuelta y lo hice. Provengo de una cultura de las adaptaciones, aun cuando es mal visto adaptarse a sí mismo. Pero cuando tomé el curso sobre Manuel Puig y me enteré de que El beso de la mujer araña fue adaptada por él y que poco menos se monta todos los días en Japón y al pie de la letra, cambié de opinión”, dice. “La fantasía que uno tiene siempre es liberarse si te adaptan, sacarse el libro de encima, pero yo acababa de publicar un combo con estos dos al mismo tiempo y aún no paraba. Además, ya había decidido no ir a México hasta que bajara un poco la temperatura por la novela sobre Carlos Fuentes, y había -y sigue habiendo- otro libro en el que aún no podía entrar, y dije: ‘¿sabís qué más?, ya, acepto’”, agrega.

Fin de año agitado. En noviembre relanzará Missing (2009) y también estará en Guadalajara, presentando Sudor y No ficción. “Espero salir ileso de esa cacería”, bromea Fuguet, quien hace meses trabaja en la adaptación de la novela que en abril del próximo año debutará en el GAM, dirigida por Héctor Morales. Según su propio conteo, será su tercer coqueteo con el teatro. El primero fue en 1993, cuando el entonces director del Teatro Nacional Chileno, Sergio Aguirre, maquinó el éxito de Mala onda, la versión de su novela de 1991 a cargo de Alejandro Sieveking, dirigida por Willy Semler, y protagonizada por Daniel Alcaíno y Francisco Melo, estuvo un año en cartelera. “Me sigue pareciendo cool que alguien como Sieveking la haya adaptado. Creo que fue la mejor primera experiencia que pude haber tenido. Yo no sabía nada de teatro, rara vez había ido a ver obras y con los años noté que había aprendido mucho para lo que hice después en cine. Además, lo que él hizo era lo mismo que yo habría hecho, una obra sobre jóvenes y para jóvenes”, dice.

Al año siguiente volvió a embarcarse en otro proyecto encabezado por Semler, Trasnochados, que debutó en el desaparecido Circus OK. El trabajo era fruto de la creación colectiva de varios actores, entre ellos Gloria Münchmeyer, Daniel Muñoz, Boris Quercia y Bélgica Castro. “Me retiré a las dos semanas porque no era lo mío. Sentía que no hacía ni lo uno ni lo otro, ni escribir ni dirigir. Yo solo tenía ganas de sentarme a escribir Tinta roja, mi siguiente novela”, recuerda. Estaba en eso, cuando el director de Se arrienda viajó becado a Iowa, EEUU, donde vio Suburbia, la obra de Eric Bogosian que hacía ruido en Broadway. “Quedé fascinado, así que me traje el guion, pero tuve que adaptarlo mucho, pues hablaba del VIH, de Vietnam y política yanqui, y eso no me interesaba”. A fines de 1995, en la Estación Mapocho, debutó su versión, ambientada en Temuco y bajo el título Cinco sur, codirigida por Gonzalo Muñoz-Lepe y protagonizada por Felipe Braun, Juan Pablo Sáez, Paula Zúñiga y Rodrigo Achondo. “Nadie quiso dirigirla ni producirla, así que tuve que hacerlo. Incluso gasté todo el adelanto de Tinta roja en la producción, con Matías Klotz como escenógrafo, auspicios carísimos y hasta compré un Fiat 600 que aún debe estar escondido en las catacumbas de ese lugar”, ríe.

Por eso, dice, aceptó que No ficción se hiciera. “Confío en la mirada que le dará Héctor (Morales), pero sobre todo porque hay un productor detrás”. La historia, aún sin elenco confirmado, ya es conocida: Alex, un escritor y cineasta, llega una noche al departamento de Renzo, a quien no veía hace tres años, después de ocho de íntima amistad. “Voy a escribir de ti, hueón”, le dice, lo mismo que Fuguet advierte ahora: “Revisando el texto, me quedó dando vueltas la frase ‘Tú usas todo’. Es lo que hago, lo uso todo. Es interesante pulir un texto mío, cambiarlo de tono, pensarlo en escenas. También he vuelto a ir al teatro (Sunset Limited estaba increíble), y puede que escriba sobre todo este proceso. Un ensayo, un artículo, un cuento, lo que sea. Otra vez me siento a bordo de un barco que no sé muy bien hacia dónde va, y del que puedo sacar algo más, aunque no sé qué será. Ya veré si tenía razón”.



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