Pablo Halpern: "La sociedad civil organizada tiene más poder que la empresa y que el Estado"

El consultor y ex director de la Secom Pablo Halpern advierte que -sin quererlo- las empresas se han transformado en aliadas de las fuerzas antimercado y que con ello contribuyen a la orientación que ha tomado la agenda pública.

por Gloria Faúndez

unque mantuvo un rol privilegiado tras las bambalinas en el gobierno de Eduardo Frei y -en mayor o menor medida- colaboró en las campañas presidenciales de Michelle Bachelet y Andrés Velasco, el experto en comunicaciones Pablo Halpern ha movido su preocupación desde lo público a la crisis “reputacional” -como la define- de las empresas y el efecto que ésta tiene en la agenda pública.

Esta semana, la presión ciudadana puso una nueva reforma sobre la mesa: obligó al gobierno a anunciar cambios al sistema de AFP que no estaban contemplados en su programa. La impresión que queda es que el poder de la calle, lejos de debilitarse, se va fortaleciendo.

Ha habido un cambio en las correlaciones de fuerzas en los últimos 10 o 15 años a propósito del cual los estados y el mundo empresarial han perdido poder y, por otra parte, la sociedad civil organizada, a través de las redes sociales y la calle, ha generado un paisaje distinto. Los gobiernos se han vuelto mucho más vulnerables a la presión social y las empresas también.

¿Qué responsabilidad le cabe al mundo empresarial, a los privados, en esta presión por cambios?

Las empresas por defecto y no por diseño, sin quererlo, se han transformado en aliadas de las fuerzas antimercado. Y han dado flancos que han facilitado la tarea de quienes están construyendo sus carreras políticas, sobre la base de debilitar la economía de mercado. La crisis reputacional de la empresa es de tal magnitud, que se puede hacer una carrera política exitosa a expensas de una sola industria. Y hay mucho donde elegir. Los incentivos para emprenderlas contra el mercado son infinitos y los costos cero. Los presidentes tienen y seguirán teniendo una gran dificultad para resistir la presión antiempresa. Buena parte de las reformas que ha impulsado este gobierno y el ritmo precipitado con que se han llevado adelante sólo es posible en un escenario de extremo desprestigio de la actividad privada.

¿Cuáles son los flancos que han abierto las empresas en relación a su propio funcionamiento e imagen?

Las empresas no son víctimas de una corriente antimercado que irrumpió de la nada. Han funcionado adhiriendo al famoso precepto de Milton Friedman, que dice que el negocio de los negocios es hacer negocios. El problema es que Friedman acuñó esta frase el año 62. Han pasado más de 50 años y vivimos en un planeta distinto al que habitó Friedman. Las empresas, no digo todas, siguen exclusivamente preocupadas por sus utilidades y se han negado a aceptar que hoy la sociedad les pide más. Los casos de colusión, las modificaciones unilaterales de los contratos, el financiamiento irregular de la política, el tráfico de influencias, entre otros, han revelado que las empresas han operado sobre el supuesto de la impunidad total. Las malas prácticas que señalo han sido bombas de tiempo que las empresas no supieron detectar oportunamente y hoy les explotaron en la cara con costos para sus negocios. Vivíamos en un país en que la impunidad campeaba. Eso se terminó. La presión por más transparencia que se origina desde la sociedad civil se volvió imparable. Me atrevo a decir que la sociedad civil organizada tiene más poder que la empresa y que el Estado. Y esto sólo va a ir en aumento.

Planteaba que los beneficiarios de esto son aquellos liderazgos que levantan su voz en contra del modelo...

No es raro que Gabriel Boric y Giorgio Jackson sean, según las encuestas, los políticos mejor evaluados. Esto no es un accidente de la historia. Si uno revisa la narrativa, tanto de Boric como de Jackson, es predominantemente antiempresa y antimercado. Y no van a desaparecer. Al revés, habrá más Boric y más Jackson, que acumularán más y más capital político a expensas de las empresas si éstas no entienden que tienen que hacer cambios profundos en el modo como operan. También se beneficiará la izquierda antisistema. Y por cierto se abre un espacio enorme para liderazgos populistas que representen a los descontentos.

Pero junto a ellos aparece en las encuestas en un lugar privilegiado Sebastián Piñera, ubicado al otro lado del espectro político...

Sebastián Piñera no tiene problemas de reputación, de lo contrario no estaría en la posición expectante en que está en las encuestas. A estas alturas es percibido como un político y no como un empresario. En esta coyuntura se beneficia de un gobierno muy impopular. Pero yo no sé qué pasaría con Piñera si Boric y Jackson tuvieran la edad para ser candidatos. Al parecer, ellos representan mejor el clima imperante que Piñera.

Personeros como el ex presidente PPD Jaime Quintana también han elevado un discurso antimodelo. ¿Por qué no capitaliza?

Ni todo político antisistema será exitoso, como tampoco todo político pro sistema será un fracaso. Hay una multiplicidad de factores que intervienen en la popularidad de un político.

¿El gobierno -que pasa por una crisis de adhesión- opta por un buen camino cuando escucha las demandas de la calle y las hace propias? ¿Ello podría revertir sus niveles de popularidad?

Las cosas no son tan lineales. Escuchar a la calle, cuestión que el gobierno ha hecho, no ha revertido la baja adhesión que tiene. A la larga, y a veces a la corta, las malas políticas públicas erosionan la popularidad de los gobiernos, como las malas prácticas afectan la reputación de las empresas. Un caso paradigmático es la reforma educacional con la promesa de gratuidad universal en educación superior. Esta es una reforma que, sorprendentemente, la opinión pública ha rechazado.

Para enfrentar la crisis reputacional a la que usted alude, en el caso del sector privado, ¿por qué rasgo debería apostar una empresa?

Hoy día, si yo tuviera que elegir un rasgo pro reputación, sería por lejos la transparencia. Una empresa que está dispuesta a mostrar la mugre debajo de la alfombra y a limpiarla a ojos de quien lo quiera ver, tiene menos posibilidades de perder su reputación y una mayor probabilidad de recuperarla cuando la pierde.

¿Se dan cuenta las empresas que son responsables del deterioro de su imagen?

Creo que sí. Pero quizás no saben cómo hacer las cosas de otra manera. Pero en los próximos 10 años, muchos de los empresarios que hoy son cabeza de grupos económicos van a dejar paso a una nueva generación que de a poco va a ir tomando el control de las empresas. Esa generación viene con una mentalidad distinta y más abierta.

¿Qué caminos pueden adoptar para revertir este cuadro?

Desde el lado de la empresa hay mucho por hacer. Los altos ejecutivos tienen que entender que la reputación no mejora con el lobby, las donaciones filantrópicas y las comunicaciones. Hoy, las empresas viven en una casa de vidrio. La comunicación por sí sola no tapa las malas prácticas. Si se quiere mejorar la reputación, es un error centrarse en la imagen. Ese es el último eslabón de la cadena. Hay que cambiar la cultura al interior de la empresa. Reducir los problemas de reputación a un asunto comunicacional y de imagen es como tener un conflicto matrimonial e intentar resolverlo invitando a la señora a un viaje. Se podrán distender las cosas por un rato, pero el problema estructural seguirá donde mismo. Si uno mira a los grandes emprendedores contemporáneos y las misiones de sus empresas, uno se encuentra con mandatos que habrían hecho que a Milton Friedman le dieran arcadas. ¿Cual es la misión de Google? “Organizar la información del mundo y hacerla universalmente accesible”. Cuando Sergéi Brin y Larry Page estaban creando Google, no pensaban en la plata que iban a ganar. Lo que querían era cambiar el mundo. Y lo cambiaron. De paso, generaron mucha riqueza. La misión que se trazaron tiene un correlato en la empresa. La misión de Google permea todo lo que hace: sus productos, la relación con sus empleados, el tipo de personas que reclutan, el tipo de filantropía que hacen, etc. Lo que quiero decir es que esto no es poesía.

¿Qué pasa en casos como SQM y Caval, en que las malas prácticas vienen tanto del mundo político como del privado?

Casos como esos y otros, donde las malas prácticas se entrecruzan con las del sector privado, generan un fuerte sentimiento antisistema. Los empresarios quedan expuestos a presiones que pueden descomprimirse con medidas populistas y antimercado, que al mundo político le puede ser tentador adoptar. Este es el peor escenario. Pero no es el caso chileno hasta ahora. El camino del gobierno ha sido promover medidas anticorrupción. No todas las que se requieren, pero muchas de las que propuso la Comisión Engel.



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