Usain Bolt: el Rey Midas de los negocios

El corredor más veloz del mundo sube el rating de la televisión y aumenta el valor de cada empresa con la que genera acuerdos. La alemana Puma fue la primera compañía que apostó por el jamaiquino y hoy es su mayor ícono.

Usain Bolt ha demostrado ser el velocista olímpico más rápido de la historia, no sólo rompiendo sus propios récords, sino también porque tras cada victoria deleita a fanáticos -y otros que no lo son tanto- con un espectáculo inolvidable que mezcla bailes y diversas poses para las miles de cámaras que lo siguen en cada competencia. Pero no sólo su carrera avanza a la velocidad del rayo. El “relámpago”, como lo bautizó la prensa mundial, es también una “máquina” para hacer dinero con su imagen.

Puma fue la primera compañía que apostó por el jamaiquino, cuando éste apenas tenía 16 años. Fue el CEO de la firma alemana de indumentaria deportiva, Jochen Zeitz, quien en 2002 recibió la llamada de un cazatalentos diciéndole: “Acaba de ganar el World Junior de 200 metros en Kingston. Es un joven muy carismático; ven a conocerlo”. El ejecutivo lo hizo y así surgió el primer acuerdo millonario de la entonces promesa del atletismo. Al año siguiente, Bolt ganaba ya US$ 3 millones anuales con Puma. Desde 2014, percibe US$ 10 millones al año por ese contrato.

La confianza de Puma en el atleta es tanta, que prevén una mejora importante de sus ventas una vez que culmine su nuevamente histórica actuación olímpica, esta vez, en los actuales juegos de Río.

Pero no sólo la firma alemana apostó bien. Otra veintena de marcas ha invertido en el Relámpago Bolt: Nissan, Hublot y Gatorade, esta última dedicándole incluso una animación que en sólo unos minutos relata su historia desde que jugaba críquet hasta hoy.

Varios analistas deportivos destacan la capacidad del jamaiquino de masificar el atletismo por el mundo y generar expectación más allá del deporte: es un espectáculo viviente, tal como lo hizo Tiger Woods con el golf o Michael Jordan con el básquetbol.

Carisma y una calidad atlética extraordinarias han sido una combinación perfecta para generar idolatría, admiración y apego a la figura de Bolt. Esto explica que sus logros tengan literalmente su peso en oro. Ejemplo de esto fue cuando rompió el récord olímpico de los 100 metros en Gran Bretaña, obteniendo US$ 2,5 millones adicionales a lo ya ganado.

Por eso, cuando se especuló que la de Río 2016 podría ser su última Olimpíada, el deporte mundial se estremeció y hasta la misma Puma anunció un bono adicional de US$ 10 millones en el caso de que acceda a correr hasta 2017.

Nada, en todo caso, es gratis: sus apariciones en una carrera cuestan entre US$ 200.000 y US$ 350.000, dado que sólo el que participe garantiza la venta total de entradas y una alta sintonía que, por cierto, también se expresa en la venta de los derechos televisivos por transmitir en directo sus competencias.

Para los auspiciadores actuales de Bolt y también para los que negocian sumarlo a sus filas, la apuesta es un riesgo, pero mucho más acotado. La historia ha demostrado con otras leyendas del deporte que la reputación que genera una estrella mientras esté en el juego determinará casi inevitablemente su atractivo comercial tras el retiro. Y en este caso, es bastante probable que la simpatía y velocidad de Bolt trasciendan a generaciones.

Desde pequeño el jamaiquino destacó en el críquet y fue su entrenador de entonces quien notó el talento innato que tenía como velocista, motivándolo a participar en competencias atléticas locales.

En 2001 logra su primera medalla en el campeonato escolar en la categoría 200 metros, seguida de una de plata en la competencia nacional de 400 metros llanos. Pero no fue hasta 2002, en el Campeonato Mundial Junior, que demostró su talento excepcional, fijando récord personal y llevándose el oro en los 200 metros.

En 2003, en el Campeonato Mundial Juvenil, superó su marca y se llevó el primer lugar. Su carrera profesional comenzó al año siguiente, siendo ya conocido como uno de los talentos más impresionantes de la historia. En cada carrera buscaba superar su tiempo, ubicándose en el top 5 del Ranking Mundial entre 2005 y 2006. Siguió sumando medallas con una baja continua de sus propios récords y en los Campeonatos Mundiales de 2007 sumó la de plata, clasificando tras el americano Tyson Gay.

El 3 de mayo de 2008 vino el hito en los 100 metros llanos, con un tiempo de 9”76, a sólo dos centésimas del récord mundial de su compatriota Asafa Powell. A los pocos días, en el Reebok Grand Prix de Nueva York fue récord mundial en la categoría, corriendo en 9”72. Hoy registra 20 medallas de oro y cinco de plata.



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