Crece el temor al regreso de las fronteras entre la República de Irlanda y el Ulster

Tras el triunfo del Brexit, los norirlandeses quieren obtener pasaportes de la UE.

por Pedro Schwarze

Hasta ahora no es muy claro, cuando se viaja por carretera, dónde está la división entre la República de Irlanda e Irlanda del Norte, en qué momento se cruza la única frontera terrestre de Reino Unido. Como mucho hay algún letrero que dice “Welcome to Northern Ireland”, un cartel para compra-venta de euros (la moneda de la República de Irlanda, pero no la de la provincia británica, donde se mantiene la libra) o cuando la señal de carretera ya no indica millas sino kilómetros.

En el olvido quedó cuando esa frontera de 480 kilómetros estaba completamente militarizada, con torres de vigilancia, alambradas y soldados con armas largas. Eso fue durante los Troubles, el período de violencia que marcó la historia del Ulster desde 1968 y que se puso fin con el Acuerdo de Paz de Viernes Santo, de 1998.

Sin embargo, con el triunfo del Brexit en el referendo del pasado 23 de junio, cuando Reino Unido apoyó la opción de salirse de la Unión Europea, los gobiernos irlandés y norirlandés temen que la nueva realidad desemboque en el establecimiento de una “estricta frontera” entre ambas partes de esa isla. Algo que ni siquiera desean los políticos más unionistas norirlandeses.

No por nada Irlanda del Norte votó a favor de permanecer en la UE con un 56% de los votos, opción que también respaldó Escocia pero no Inglaterra ni Gales. Pocos días después de la victoria del Brexit, los unionistas protestantes hacían fila para sacar pasaportes irlandeses, y por lo tanto comunitarios, mientras que los nacionalistas católicos hacen abierta campaña por la reunificación de Irlanda.

La preocupación de los irlandeses, sean los del norte como los del sur, se vio reflejado en un encuentro a fines de julio convocado por el gobierno galés y donde estuvieron además el ejecutivo de Escocia y representantes del gobierno británico. “Creo que hay alternativas modernas para no imponer estrictas fronteras. Sé que la ciudadanía del sur y del norte (de Irlanda) no aceptará límites estrictos”, dijo el primer ministro irlandés Enda Kenny.

En tanto la ministra principal norirlandesa, la unionista Arlene Foster trató de infundir tranquilidad y afirmó que será posible mantener el Area de Circulación Común (CTA) entre ambas irlandas, incluso si Reino Unido está fuera de la UE. El CTA fue creado en la década de 1920, que ha garantizado la libre circulación de bienes y personas entre norte y sur.

Sin embargo, para el viceministro principal norirlandés, el nacionalista Martin McGuinness, el panorama no es tan claro. Así recordó que la actual primera ministra británica, Theresa May, se mostró partidaria de restablecer controles fronterizos con la República de Irlanda durante la campaña del referéndum sobre la salida de su país del bloque comunitario, cuando era ministra del Interior.

Sin embargo, May declaró poco después que “nos beneficiamos de una zona de libre circulación entre Reino Unido y la República de Irlanda durante años, incluso antes de que cualquiera de esos países entrara en la UE. Existe una fuerte voluntad por ambas partes de preservarla… por lo que ahora debemos centrarnos en un acuerdo que cumpla los intereses de ambos”.

Lazos comerciales

Lo cierto es que los lazos comerciales entre las dos partes de Irlanda son intensos. El 34% de las exportaciones norirlandesas van a la república vecina. Además el primer mercado de las exportaciones irlandesas es Reino Unido, y la economía británica exporta más a Irlanda que a China, India y Brasil juntos. No sólo eso. Según la revista The Economist, la ruta aérea de Dublín-Londres es la segunda ruta internacional más transitada después de Hong Kong-Taipei.

Aún hay una nebulosa sobre si el Brexit supondrá el regreso de las fronteras. Eso porque ni Irlanda ni Reino Unido son parte del acuerdo europeo de Schengen, tienen su propio tratado fronterizo, y ni Londres ni Dublín desean volver a los controles.

Pero es innegable que esta sería una frontera exterior de la Unión Europea y, al problema de contrabando que parecía solucionado, podría sumarse el tema de los inmigrantes ilegales.



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