Mi mejor DESCUBRIMIENTO

Como dedican buen parte de su vida profesional a pensar e investigar distintos hechos y fenómenos naturales o sociales, les preguntamos a académicos de distintas edades, trayectorias, áreas, universidades y centros cuál es el descubrimiento más interesante sobre Chile con que se han encontrado. Sus respuestas hablan de nuestras flaquezas, fortalezas, logros y deudas.

por Por: Angélica Bulnes, Marcelo Córdova y José Miguel Jaque

"Nuestra identidad genética tiene características únicas"

Miguel Allende:

Es uno de los académicos más reconocidos de la Facultad de Ciencias de la Universidad de Chile. En ese lugar, este biólogo molecular realiza investigaciones que le permiten decir que el “patrimonio genético de la población ha demostrado ser bastante especial”, lo que se refleja incluso en la salud actual de los chilenos.

“Hay marcadores exclusivos asociados a genes que se relacionan con enfermedades que son prevalentes en Chile y que son raras en otras partes del mundo, como, por ejemplo, el cáncer de vesícula. Si no hubiéramos secuenciado la población nacional, no conoceríamos esos marcadores ni los genes que nos pueden ayudar a identificar las causas de la susceptibilidad”, explica el científico. De hecho, según datos del Ministerio de Salud, en Chile el cáncer vesicular es la segunda causa de muerte oncológica entre las mujeres. Allende agrega que “la historia que conocemos está muy enfocada en la conquista y la vida independiente. Se nos olvida que hemos sido un país con identidad y patrimonio desde muchos siglos antes de la llegada de los españoles. Al examinar nuestra identidad genética, se ve que tenemos características únicas, que provienen esencialmente de los pueblos originarios.”.

"Somos muy adeptos a la tecnología y a la vez muy conservadores"

José Miguel Piquer:

“Hay algo que no he logrado nunca explicarme de los chilenos: por una parte, integramos temprana y masivamente todo lo que tiene que ver con conectividad en la vida cotidiana, pero por otra somos tremendamente reacios a probar tecnología en los sectores productivos, a invertir en desarrollos de este tipo e incluso a estudiar carreras tecnológicas. Somos exagerados: figuramos en los tops de los rankings mundiales de redes sociales y nuestra industria es de las más conservadoras del mundo”, afirma este ingeniero, que en 1985 ayudó a enviar el primer e-mail en el país y hoy es director de Tecnologías de Información en la Universidad de Chile.

La visión del investigador, que en 2015 ganó el Premio Nacional de Telecomunicaciones, se refleja, por ejemplo, en las cifras oficiales de Facebook. Estas muestran que nueve de cada 10 personas con acceso a internet en el país usa esa red social. Esto contrasta con un reporte divulgado en 2015 por el Ministerio de Economía y que indica que la inversión en investigación y desarrollo llega al 0,39% del PIB, la más baja de la Ocde.

Por eso, recalca Piquer, es necesario replantear la forma en que se aprovecha la tecnología: “Nuestras empresas tienden a bloquear el acceso a redes sociales y a YouTube para evitar que sus empleados se distraigan. Los colegios tratan de impedir que los estudiantes tengan sus celulares en clases. Pienso que hay que verlo al revés, y tratar de usar los dispositivos para producir y para aprender. Si nuestros empleados no tienen acceso a las redes sociales, ¿cómo van a interactuar con los clientes? Si nuestros alumnos están durmiendo en clases, ¿cómo van a aprender?”.

"La narrativa chilena tiene momentos brillantes"

Lorena Amaro:

“Por lo general, la prensa y los críticos chilenos valoran nuestra poesía, la cual, efectivamente, destaca en el ámbito continental. Sin embargo, me molesta que al mismo tiempo juzguen menores las obras narrativas, planteando que no se comparan con las tradiciones de otros países. Hoy esas fronteras no parecen demasiado importantes, pero de todos modos quisiera decir que nuestra narrativa tiene momentos brillantes, como lo demuestran, por nombrar a los más reconocidos, Donoso y Bolaño”, dice la profesora del Instituto de Estética de la UC, Lorena Amaro.

La crítica literaria y doctora en filosofía ha investigado principalmente en torno a escritura autobiográfica y las construcciones de género en textos latinoamericanos, gracias a lo que tiene una visión amplia de la producción y publicaciones nacionales. “En estos años pude sopesar la obra narrativa completa de Marta Brunet, una escritora inteligentísima, incisiva, que debiera ser más apreciada, como está ocurriendo en los últimos años con Manuel Rojas y los autores de la novela social. Están desde los narradores entretenidos, como Pérez Rosales, hasta los que te impactan por su laconismo, por sus excesos o por los riesgos que enfrentan: González Vera, Carlos Droguett, Cristián Huneeus, Mauricio Wacquez, la importante Diamela Eltit, el inolvidable Pedro Lemebel y el rabioso Germán Marín. Eso, sin contar las propuestas que emergen a partir de 2000, entre las cuales no voy a repetir nombres ya merecidamente conocidos, sino destacar dos que no han sonado tanto: Matías Celedón y Gonzalo Maier”, explica.

"La calidad de los cielos chilenos no es un mito"

María Teresa Ruiz:

“Mi investigación tiene que ver con el universo y he encontrado muchas cosas interesantes, pero que no tienen que ver específicamente con Chile”, dice la astrónoma. Lo que sí ha constatado la premio nacional de ciencias exactas es que Chile tiene los mejores cielos para la observación astronómica del planeta. “Escuché esto desde que comencé a estudiar esta carrera, hace más de 40 años, pero al comienzo no me quedaba claro si era una exageración un poco patriotera, como los concursos en que la bandera chilena o nuestro himno nacional ganaron el primer lugar o segundo tras La Marsellesa. El tiempo ha demostrado que no es un mito: son los mejores para la observación astronómica. Muestra de ello son las inversiones de varios miles de millones de dólares que países de todo el mundo hacen en observatorios que operan en el norte de Chile”, dice la presidenta de la Academia Chilena de Ciencias.

"Chile congrega la mayoría de las condiciones ambientales que existen en el mundo"

Cristina Dorador:

La bióloga de la Universidad de Chile y académica de la Universidad de Antofagasta estudia en los salares del altiplano y el Desierto de Atacama los microorganismos extremófilos y trata de entender cómo sobreviven a condiciones que hacen difícil la vida para otros seres vivos. En su trabajo ha descubierto que el nuestro “es un país heterogéneo, donde los fenómenos naturales pueden ser estudiados a distintas escalas. Chile congrega la mayoría de las condiciones ambientales que existen en el mundo: desiertos, bosques, altas cumbres, cielos estrellados y una enorme diversidad de agua en todas sus formas y sabores: mar, salares, glaciares, neblina, humedales, lagos y ríos”.

Lo que más le llama la atención a la investigadora del CeBiB es que asociado a estos ambientes hay organismos, “y la vida florece en cada centímetro de Chile. La mayoría de ella es microbiana y no la vemos, pero está ahí, esperando que caiga agua en el Desierto de Atacama para regalarnos especies endémicas de flora; o que el hielo de un glaciar se derrita en verano para que la fotosíntesis comience. Por eso, pensar Chile como una unidad homogénea radicada en el centro, ignorando sus diferencias, es lo opuesto a su sentido natural. Los sueños por un mejor país se proyectan desde su diversidad humana, histórica y natural”.

"La depresión se concentra en los niveles de menores ingresos"

Mariane Krause:

La sicóloga dirige el Instituto Milenio para la Investigación en Depresión y Personalidad y, según ella, los chilenos vivimos en una tensión entre “ciertos valores propios de nuestro pasado más colectivista” y un individualismo que ha resultado del desarrollo económico y que ha debilitado los lazos sociales y comunitarios. Esa tensión, dice la académica de la UC, va de la mano “con síntomas de estrés, experiencias de soledad y depresión”.

Otro aspecto relevante para ella es que esta enfermedad, que afecta a un 17,2% de la población local, se distribuye desigualmente y se concentra en las personas de los niveles de menores ingresos, porque su vida cotidiana tiene más agentes estresores que se relacionan con la depresión y otros problemas de salud mental. “Por lo tanto, disminuir las desigualdades económicas y sociales en Chile es la mejor forma de prevenirlos”.

"La Constitución de 1828 tenía la clave para descentralizar"

Lucas Sierra:

“No estoy seguro si es lo más interesante que he aprendido en mi ya larga vida profesional, pero es algo que me ha llamado la atención en los últimos años, estudiando las constituciones de Chile”, dice el subdirector del Centro de Estudios Públicos, el abogado Lucas Sierra.

El dato que menciona el integrante del consejo de observadores para el proceso constituyente es de 1828 “y tiene que ver con un problema crónico: el centralismo”. Para él, “descentralizar es una de las tareas más grandes y delicadas que tenemos por delante. Y como toda tarea de esa envergadura necesita ser pensada sistémicamente. Reacciones parciales, como la elección directa de los intendentes que se discute en el Congreso, son la antítesis de esa mirada sistémica. ¿Qué pasará, por ejemplo, si el electo es de oposición al Presidente de la República? No resuelve la tensión entre regiones y gobierno central. Al contrario, puede agravarla”, dice. ¿Cómo la resolvía la Constitución de 1828? Esa Carta Fundamental, “la más liberal, la más descentralizada”, ocupaba una fórmula mixta: “Los intendentes eran designados por el Presidente de la República, como hoy, pero a partir de una terna que le proponían las asambleas provinciales (hoy serían los consejos regionales). Interesante combinación, pues mantiene la prerrogativa del Presidente, lo que es coherente con el Estado unitario, pero dota de representación y legitimidad democrática a la autoridad regional”, dice Sierra.

"Es poco efectivo dejar la educación en manos del mercado para conseguir calidad"

Andrea Repetto:

La economista y académica de la UAI ha seguido una agenda de investigación que ella describe como “desordenada” e incluye temas como el ahorro y endeudamiento de los hogares, la banca, productividad, educación o impuestos, lo que, explica, tiene que ver con el momento que vive el país: “Hoy, Chile te permite trabajar en áreas que están en la frontera del conocimiento y que, a la vez, son relevantes para las políticas públicas”, dice.

Pero es en educación donde están los aspectos que más están llamando su atención: “Más de la mitad de los escolares en Chile asiste a establecimientos privados, mientras que en la Ocde un 85% es atendido por escuelas del Estado”. Pero para que el mercado imprima competencia y, por lo tanto, lleve a un uso eficiente de recursos y a una mejor calidad se necesita información transparente, calidad verificable y costos pequeños de cambio.

“Ninguno de estos elementos se da naturalmente en la educación. Para las familias es muy difícil evaluar la calidad de la enseñanza que reciben sus hijos, pues notas y Simce son medidas parciales del verdadero aprendizaje. Además, cambiar a un hijo de establecimiento es costoso financieramente y también en términos de adaptación”, explica Repetto.

Como resultado, añade, Chile tiene un sistema de baja calidad para su nivel de desarrollo, “y los colegios particulares subvencionados no lo hacen mejor que los municipales si se toma en cuenta las diferencias que hay entre los niños que educan. La experiencia chilena, avalada por los estudios académicos, sugiere lo poco efectivo que es dejar la educación en manos del mercado para conseguir calidad, al menos no sin regulación y supervisión suficientes.

Me sorprende que nos hayamos demorado tanto en reformar”, concluye.

"Tenemos tanto para ser más e insistimos frecuentemente en ser menos"

Luis Larrondo:

“Asistí a mediados de los 90 a una charla de Pablo Valenzuela, quien explicó que un país debe invertir en ciencia y tecnología para avanzar hacia el desarrollo. Han pasado casi 20 años y nada ha cambiado, el discurso de la comunidad científica sigue siendo el mismo y la sordera de la clase política (cuantificable en el 0,35% del PIB destinado a ciencia) está intacta”, dice el biólogo Luis Larrondo.

El profesor de la UC investiga los ciclos circadianos, es decir, el reloj biológico que regula las funciones de un organismo para que sigan un ciclo regular que se repite. Al igual como, según él, se repite la historia en Chile. “Es increíble ver cómo día tras día el precio del cobre baja, el fantasma del desastre salitrero se siente más cerca y el país se resiste a dar el salto cuántico que necesita. Quizás los científicos debemos cambiar la forma de entregar el mensaje o quizás las autoridades necesiten limpiarse los oídos. Tenemos tanto para ser más, sin embargo, insistimos frecuentemente en ser menos. Tanta belleza, tanto potencial, pero que, sin embargo, se ahoga y entrampa en desconfianzas, odios inventados y brechas reales”. Larrondo compara al país con la selección de fútbol. “Aquí hay capital humano avanzado de calidad, pero que parece comportarse como por años lo hizo La Roja: individuos capaces de brillar en el extranjero, pero que en equipo no entregan el mismo resultado. Necesitamos un plan de juego que lleve a nuestro país hacia el futuro”, asevera.

"El sur de Chile es un laboratorio espectacular"

Alejandro Buschmann:

“Los canales, fiordos y bahías del sur de Chile tienen una biodiversidad excepcional para hacer investigaciones ecológicas, oceanográficas y estudiar organismos que son únicos en el mundo”, afirma el biólogo marino e integrante del Centro i-mar de la Universidad de Los Lagos y el CeBiB. El investigador dice que, “por ejemplo, hay invertebrados como anémonas y corales de aguas frías que habitan en nuestros fiordos y que son endémicos”. Según Oceana, se calcula que de las 63 especies de ellas que hay en Chile, y que viven sobre todo en el sur, 11 son únicas del país. Por eso, señala Buschmann, el sur es “un laboratorio espectacular, con características que no se repiten en ningún otro lugar y en el que, además de aspectos biológicos y ecológicos, convergen actividades humanas que son clave para la economía de la zona, como la pesca y la acuicultura”.

"Necesitamos fortalecer la institucionalidad científica"

Alexis Kalergis:

Es director del Instituto Milenio de Inmunología e Inmunoterapia que busca desarrollar nuevas terapias para hacer frente al cáncer o a las enfermedades autoinmunes, y lo más interesante que ha descubierto desde esa posición “es que necesitamos que el gobierno haga un esfuerzo importante en fortalecer la institucionalidad científica, para que la ciencia crezca no sólo en recursos, sino también en su posicionamiento al interior de la sociedad y del Estado”.

Lo que dice no está desconectado de su trabajo en el laboratorio, porque aunque de acuerdo a él Chile ha dado grandes pasos en aspectos como la mortalidad infantil, sigue siendo “muy vulnerable en enfermedades infecciosas respiratorias, inflamatorias y problemas de síndrome metabólico”. Además, según él, “hay que hacer una inversión importante en cáncer, porque estamos teniendo dificultades para controlar algunos y finalmente tenemos un modelo de acceso a vacunas obligatorias que nos hace dependientes de la industria internacional. Habría que invertir en un centro de vacunas, ojalá con una asociación pública y privada, a fin de asegurar el acceso y el abastecimiento a la población”.

"La improvisación frente a los terremotos"

Alfredo Palacios Roa:

El historiador Alfredo Palacios Roa ha seguido la trayectoria de los terremotos en Chile y cree que lo más llamativo que ha encontrado en su trabajo es algo que en realidad no ha encontrado: “Una educación cívica adecuada que prepare a nuestros compatriotas para enfrentar y sobreponerse a este tipo de flagelos y sus nefastas consecuencias”, sostiene este académico de la Universidad Adolfo Ibáñez. El autor de Entre ruinas y escombros: los terremotos en Chile durante los siglos XVI al XIX, afirma que tras analizar la historia sísmica queda la sensación de que cada terremoto y tsunami es una experiencia única, algo que pareciera que “nunca” hemos enfrentado ni vivido como sociedad. “Este desconocimiento, que quizás es voluntario, para así evitar evocar los recuerdos traumáticos de este tipo de catástrofes, nos ha llevado a desatender las causas de estos fenómenos”, dice, y agrega que por lo mismo, “las grandes respuestas que tenemos para sobreponernos a este tipo de catástrofes resultan de manera espontánea (como, por ejemplo, la campaña solidaria Chile ayuda a Chile) y no planificada, como se esperaría en el país más sísmico del mundo”.

"Me llama la atención la gran calidad de los estudiantes de doctorado"

Juan Asenjo:

“Siempre me ha llamado la atención la gran calidad y motivación de los estudiantes de doctorado que están al nivel de los países líderes en producción científica y tecnológica”, explica el ingeniero civil químico y premio nacional de Ciencias, y agrega que eso “ha permitido mantener la calidad internacional de las investigaciones y publicaciones que realizamos”.

Para Asenjo, quien además dirige el Centro de Biotecnología y Bioingeniería (CeBiB), la ubicación de Chile no es un obstáculo, ya que “manteniendo siempre una perfecta conexión, estar algo alejado de los principales centros y focos de la ciencia mundial, como Estados Unidos y Europa, da tiempo, perspectiva y tranquilidad para pensar y atacar ideas realmente importantes. En centros de primer nivel internacional he visto que muchos de los investigadores están más preocupados de adquirir los últimos equipamientos que se ofrecen en el mercado que de escoger con cuidado el tema específico en qué trabajar”.

"El país desaprovecha a las mujeres y a los niños de bajo nivel socioeconómico"

Alejandra Mizala:

“Una de las cosas que he aprendido”, explica la economista y directora del Centro de Investigación Avanzada en Educación (Ciae), “es que nuestro país desaprovecha una parte importante de su talento. Esto se da al menos en dos ámbitos: las mujeres y los niños de familias de bajo nivel socioeconómico”.

La profesora de la Universidad de Chile explica que la participación laboral femenina local es baja si se compara con países cultural y económicamente similares. “Además, las mujeres que trabajan lo hacen mayoritariamente en actividades que tienden a ser feminizadas y de bajas remuneraciones. Hay pocas mujeres en las ingenierías y las ciencias, en directorios y cargos gerenciales en las empresas, en la política, etc. En muchos trabajos las mujeres sufren de piso pegajoso y techo de cristal”.

En el caso de los niños, hay que lograr que las aulas logren interrumpir la reproducción cultural de la pobreza. “El país pierde talento, porque la inteligencia, las aptitudes para el estudio y el esfuerzo están uniformemente repartidos en la sociedad, pero el conocimiento no está igualmente distribuido”. La buena noticia, dice Mizala, es que esto no es irremontable, “las políticas públicas pueden revertir este panorama de forma que todos los talentos florezcan”, lo que, además, genera elites más heterogéneas y plurales.

"El carácter repetitivo de muchos de nuestros problemas"

Daniel Mansuy:

“Se dice que Chile es país de historiadores, pero la verdad es que consideramos poco nuestro pasado a la hora de enfrentar los desafíos del presente”, dice el director del Instituto de Filosofía de la U. de los Andes. “La lista puede ser larga, pero en materias tan diversas como la cuestión social y todos los problemas de inclusión que van aparejados, el carácter público de la educación, discusiones constitucionales o problemas relativos a la familia, nuestro debate podría ganar mirando un poco hacia atrás: nuestro pasado esconde tesoros bien impresionantes”. Y aunque el columnista, que también forma parte del Instituto de Estudios de la Sociedad, asegura que no vamos a encontrar ahí “soluciones prefabricadas, pues la historia no constituye nunca un simple atajo, sí podríamos descubrir perspectivas capaces de enriquecer nuestro presente. El filósofo Péguy decía que las sociedades con memoria corta revelan una economía deficiente de las cosas humanas, y en Chile hay bastante de aquello”.

"Necesitamos fortalecer la institucionalidad científica"

Alexis Kalergis:

Es director del Instituto Milenio de Inmunología e Inmunoterapia que busca desarrollar nuevas terapias para hacer frente al cáncer o a las enfermedades autoinmunes, y lo más interesante que ha descubierto desde esa posición “es que necesitamos que el gobierno haga un esfuerzo importante en fortalecer la institucionalidad científica, para que la ciencia crezca no sólo en recursos, sino también en su posicionamiento al interior de la sociedad y del Estado”.

Lo que dice no está desconectado de su trabajo en el laboratorio, porque aunque de acuerdo a él Chile ha dado grandes pasos en aspectos como la mortalidad infantil, sigue siendo “muy vulnerable en enfermedades infecciosas respiratorias, inflamatorias y problemas de síndrome metabólico”. Además, según él, “hay que hacer una inversión importante en cáncer, porque estamos teniendo dificultades para controlar algunos y finalmente tenemos un modelo de acceso a vacunas obligatorias que nos hace dependientes de la industria internacional. Habría que invertir en un centro de vacunas, ojalá con una asociación pública y privada, a fin de asegurar el acceso y el abastecimiento a la población”.



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