Marcelo Leonart: "Escribo lo que se me filtra de la realidad"

El escritor chileno publica Pascua, su cuarta novela.

por Javier García

Es Nochebuena de 1982 y un grupo de niños espera abrir los regalos de Navidad. Pero para Lilia, la bisabuela de uno de ellos, es la última celebración. Su abuelo ha muerto hace tres navidades. Es dictadura. Las luces artificiales de los árboles se confunden con los focos de los camiones militares.

Es el inicio de Pascua, la nueva novela de Marcelo Leonart (1970). Un libro torrencial que cruza múltiples historias guiada por tres temas: la religión, la fe y la homosexualidad. Los capítulos están divididos en siete círculos, donde están presentes el Purgatorio, el Infierno y el Paraíso.

“Cada blasfemia es una palabra sagrada”, reza uno de los epígrafes, del escritor Pier Paolo Pasolini. En la obra comparecen Daniel Zamudio, gay y blasfemo; el mismo Pasolini; Cristián Precht y Fernando Karadima, representantes de la fe perdida. Y el narrador, poco a poco, va exhibiendo a los protagonistas. Uno de ellos es Venancio Pérez Machuca, quien vive en el barrio Franklin, se disfraza de Viejo Pascuero y se vuelve acosador de La Canalla, una menor prostituida.

“La religión siempre es una promesa y una esperanza. Mientras el creyente tenga la esperanza de que en otra vida será premiado, entonces dejará que las cosas estén como están”, señala Leonart, autor de cuatro novelas, dos libros de cuentos, guionista de TV y director de teatro.

Por estos días ensaya la obra Liceo de niñas, con dramaturgia de su mujer, la narradora Nona Fernández. La obra será estrenada en octubre próximo en el Teatro de la UC. “Es la historia de un profesor que se queda encerrado en un colegio un día de toma, y del subterráneo emergen unas alumnas que tienen 45 años. No se han dado cuenta que están encerradas desde la última toma, ocurrida en 1985”, adelanta Leonart sobre la historia del montaje.

Mirada propia

En su anterior novela, Lacra (2013), el dinero era el centro de la narración. En Pascua, Marcelo Leonart no tenía en principio mucha claridad sobre la temática definitiva. “Por las historias que me rondaron y los acontecimientos que fueron pasando, me di cuenta de que quería escribir sobre la religión y la homosexualidad. Además, escribo sobre lo que se me filtra de la realidad. Acá hay actualidad: escribí como si tuviera la televisión prendida y con eso armo el collage. Una escritura viva mientras las historias van sucediendo. Por ejemplo, creo que las procesiones actuales son las marchas”, dice el autor de La educación.

Sobre la presencia de Pasolini en el libro, señala Leonart: “Es un personaje que tiene sentido en la novela. Muchos lo reconocen como un mártir, pero otros como un abusador. El Partido Comunista lo sacó de sus filas por meterse con una alumna. En su obra el nivel de discurso y de violencia es tremendo. Hizo teatro, poesía, cine. Es una mezcla que me gusta mucho. Su obra es hibrida y bastarda. Además, me interesan los temas que trabaja, como el deseo y la lucha de clases”.

Los excesos narrativos están presentes en Pascua como lo estuvieron en Lacra. “La contención no me interesa. Obras como 2666, de Roberto Bolaño, sí me importan, así como las de Fogwill y Thomas Pynchon. Más que pensar una estructura narrativa, me doy libertad y esto tiene que ver con disponer de una mirada personal”, comenta Leonart, en cuyo último libro, hacia el final, la voz de Dios se funde con la del Viejo Pascuero.

“Soy el resucitado, se dice con los labios pintados como un maricón. Soy el tatita todopoderoso y omnipotente. Soy el pulento que crea y destruye cuando quiere el orden del universo. Soy Alá, soy Jehová, soy Yavhé. Mírenme todos los culiaos around the world”, se lee en Pascua.



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