La preocupación del Cardenal

Los sacerdotes Felipe Berríos, José Aldunate y Mariano Puga están, por estos días, ?bajo examen?. La Arquidiócesis de Santiago, que lidera monseñor Ricardo Ezzati, envió al Vaticano una serie de antecedentes, incluidas las últimas declaraciones de los tres sacerdotes, todas críticas a la línea que ha seguido la Iglesia. Las diferencias entre los religiosos pasaron de implícitas a públicas. Monseñor R. Ezzati Felipe Berríos Mariano Puga

por Marta Sánchez y Hernán López

FUE a principios de septiembre que monseñor Ricardo Ezzati sostuvo una reunión de trabajo junto a los representantes de la Vicaría Zona Norte, una de las siete vicarías territoriales que componen el Arzobispado de Santiago. No es raro que el cardenal, cada cierto tiempo, se reúna con las distintas reparticiones y con ellos analice la trayectoria de la Iglesia. Buena parte de esas sesiones son con agenda abierta, a tal punto que según quienes han participado de ellas, no existen temas vetados.

Quizá por eso, el también presidente de la Conferencia Episcopal eligió esa ocasión para sacar a la luz un debate que hasta entonces se llevaba de manera soterrada entre algunas autoridades religiosas: la preocupación que existiría en la cúpula de la Iglesia chilena frente a algunas posiciones adoptadas -y difundidas a través de los medios- por tres de sus pares: los sacerdotes Felipe Berríos, Mariano Puga y José Aldunate.

Los tres mantienen una alta figuración pública. Y lo saben.

En los últimos cinco meses, los mencionados sacerdotes han concedido entrevistas que han estado cruzadas por una profunda crítica a algunos aspectos de la Iglesia. Los cuestionamientos han ido desde el rol del clero frente a la reforma educacional del gobierno de Bachelet, la negativa a debatir sobre el aborto y la postura frente al matrimonio homosexual.

En junio, Puga -apodado el “cura obrero”- afirmó que “la Iglesia, en vez de ser la que destruía el concepto de clases, lo fortaleció: colegios para los pobres, otros para los indígenas, otros para la clase alta”.

Dos meses después, Aldunate -de 97 años, reconocido defensor de los derechos humanos durante el régimen militar- se declaró a favor del matrimonio homosexual, porque “el homosexual tiene derecho a amar y compartir su vida con otra persona”. “La Iglesia es anticuada”, dijo el sacerdote jesuita.

Ambos religiosos se unieron casi sin querer a las posturas adoptadas por Berríos, que desde su regreso a Chile en junio pasado -tras pasar cuatro años en Burundi y el Congo trabajando junto a refugiados- ha mantenido un discurso crítico sobre el clasismo, los privilegios de la “cota mil”, la reforma educacional y el conflicto mapuche. Eso, entre varios otros dardos lanzados por el ex capellán de Techo e Infocap a la Iglesia chilena, y que no pasaron inadvertidos. Más bien, se terminaron transformando en un detonante.

Las intervenciones públicas de los tres sacerdotes fueron recopiladas por el Arzobispado, que luego de la preocupación manifestada por Ezzati, y por medio de la Nunciatura Apostólica, tomó la decisión de enviar los antecedentes al Vaticano y pedir por esa vía una definición de la Santa Sede sobre las posiciones que han adoptado los religiosos.

Desde ese momento, la distancia doctrinaria entre el cardenal y sus cercanos, versus el cura obrero y los dos jesuitas, pasó de implícita a pública.

“No soy muy querido en ciertos sectores de la Iglesia Católica chilena. No hay que ser sabio para darse cuenta”, dijo Berríos hace unos días.

Intercambio epistolar

Días después del encuentro entre Ezzati y los representantes de la Vicaría Zona Norte, el padre Puga fue informado por medio de otro sacerdote, que estaba presente en la reunión, de las palabras del cardenal y de la serie de referencias a sus declaraciones.

Cercanos a Puga que conocen su situación aseguran que, de inmediato, el religioso intuyó que la “preocupación” esbozada por monseñor Ezzati significaba algo más. Por ello, visitó sin aviso previo la casa donde actualmente viven los otros dos sacerdotes involucrados -la residencia San Ignacio, en el centro de la capital-, con la idea de analizar en conjunto las palabras de Ezzati y recabar más antecedentes sobre la investigación de la cual habían sido alertados.

Quienes conocen de las conversaciones cuentan que en ese momento los religosos tomaron la decisión de escribir un correo al nuncio apostólico, Ivo Scapolo, para solicitar una audiencia y aclarar allí su situación. Juntos.

“En el espíritu de nuestro querido Papa Francisco y para ser fieles al Evangelio de Jesús (del domingo pasado): si tu hermano peca contra ti, llámalo a solas. Si te escucha, habrás recuperado a tu hermano… Le solicitamos una audiencia”, señala uno de los párrafos del texto que redactó Puga, a nombre de los tres sacerdotes, y que abriría un intercambio al cual tuvo acceso Reportajes.

La respuesta llegó al día siguiente. En un correo de cuatro párrafos, Scapolo confirmó las sospechas de los tres religiosos: las referencias de Puga, Berríos y Aldunate en la prensa efectivamente eran parte de una serie de antecedentes enviados al Vaticano para su revisión. La preocupación de Ezzati se había convertido, ahora, en una preocupación para la Santa Sede.

“(Ezzati) en calidad de pastor de la Arquidiócesis de Santiago de Chile tiene el deber y el derecho de intervenir oportunamente cuando surgen problemas de carácter doctrinal con sacerdotes o fieles que residen en el territorio de la misma arquidiócesis (…). Tengo que informarle que la cuestión surgida con las declaraciones de usted y de otros religiosos residentes en la Arquidiócesis de Santiago de Chile está actualmente bajo el examen de la Congregación para la Doctrina de la Fe, la cual por diferentes personas y canales ha sido informada al respecto”, explicó el nuncio en su correo de respuesta.

Scapolo aprovechó el intercambio para responder a la petición de audiencia, argumentando que sólo una vez que llegue la resolución desde el Vaticano -cuestión que debería suceder en las próximas semanas- y de forma singular y no en grupo, el nuncio estaba disponible para conversar, personalmente, la situación.

Reportajes se contactó con la Nunciatura Apostólica y solicitó una declaración de Scapolo. El religioso, sin embargo, optó por no referirse a la situación de los sacerdotes.

Sin domicilio fijo

La Congregación para la Doctrina de la Fe es la encargada de asegurar la correcta aplicación de la doctrina. En el fondo, es el organismo que sale en defensa de la fe contra errores y herejías. En julio pasado, por ejemplo, le aplicó una “amonestación canónica” al padre Fernando Karadima, luego de que intentara contactar a los miembros de la ex Unión Sacerdotal.

Los miembros de esa entidad son protagonistas del Sínodo de Obispos que partió el 5 de octubre en el Vaticano y que se prolongará por 14 días. Allí se analizarán temas de corte valórico, como la familia, la diversidad sexual o la anticoncepción. El representante de la Iglesia chilena en la cita es Ezzati.

A su regreso, los tres religiosos esperan reunirse -ojalá como grupo- con el líder de la Conferencia Episcopal para conversar de este tema. De hecho, Berríos en el pasado fue protagonista de un procedimiento similar a causa de sus declaraciones, que después de un tiempo terminó en nada.

Esta vez, con un cúmulo mayor de expresiones suyas entre los antecedentes en manos de la Congregación para la Doctrina de la Fe, la conclusión podría ser diferente.

El ex capellán de Techo está a la espera que el arzobispado le designe alguna destinación para retomar funciones tras su regreso desde Africa. Berríos aún no tiene un lugar fijo. En la misma situación está Puga, que espera instrucciones de la Iglesia. Chiloé fue su último destino.

Una virtual demora en la resolución de la Congregación para la Doctrina de la Fe podría aplazar más esa decisión.



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