GLOBAL DEBUG cmaEdition: copesa.core.dto.CmsEdition: editionId='1847', status='2', createDate='2014-05-11 23:22:26.067', modifiedDate='2014-05-11 23:22:26.067', launchDate='null', expirationDate='null', date='2014-05-12 00:00:00.0', version='1', description='', modifiedUserId='232', userId='232', keywords='' Emprendimiento que le cambia la cara a Chile | Negocios | La Tercera Edición Impresa

Emprendimiento que le cambia la cara a Chile

[impacto] Chile es líder en emprendimiento social, que busca resolver problemas sociales y ambientales con herramientas de negocios.

Las empresas son probablemente una de las mayores fuerzas creadas por el hombre. Usar sus métodos y prácticas para generar impacto social y/o ambiental, resolviendo problemas con soluciones innovadoras, es algo que le está cambiando la cara a Chile.

Los ejemplos son muchos. Puntaje Nacional es un preuniversitario online gratuito, sostenido con servicios prestados por sus creadores. Lumni financia los estudios profesionales o técnicos de jóvenes a cambio de un porcentaje fijo de sus ingresos futuros. Late es una empresa comercial sin fines de lucro que entrega a fundaciones todas sus utilidades por venta de agua embotellada. La Fundación Mi Parque busca mejorar el entorno de comunidades vulnerables con la construcción de áreas verdes.

Todas tienen en común el deseo de generar un impacto, ya sea mediante un nuevo producto o servicios, un nuevo método de producción o distribución, reformular un producto para una población subabastecida o nuevas estructuras organizacionales o modelos de financiamiento. Y sus creadores quieren que el impacto sea creciente y sostenido. La solución a la que llegaron muchos fue la de comenzar un emprendimiento social: una empresa rentable, pero en la que el objetivo sea provocar un cambio y la utilidad se subordine al cumplimiento de ese objetivo.

Fabián Martínez y Sebastián Arancibia crearon en 2009 OGR, la empresa detrás de Puntaje Nacional. ¿Por qué eligieron organizarse como empresa? “Porque para hacer las cosas bien, debía ser sustentable. No podía depender de donaciones, que van y vienen”, dice Martínez. Los estudiantes acceden gratuitamente a la página y sus colegios pagan por servicios estadísticos que les permiten saber dónde necesitan refuerzos. Ya suman medio millón de usuarios y 7,5 millones de reproducciones de videos, y sus resultados son medibles: en un trabajo hecho con el Ministerio de Educación en 22 colegios municipales y subvencionados de Aysén lograron subir 27 puntos en la PSU.

Guillermo Scallan, director de Innovación Social de Fundación Avina, cree que uno de los grandes motores tras los emprendedores sociales es la búsqueda de coherencia: saber que lo que están haciendo marca una diferencia, cambia la vida de otras personas y, además, les permite ganarse la vida a ellos mismos. Scallan también es emprendedor social, con una compañía que trabaja en proyectos para mitigar el impacto ambiental en las construcciones. Desde Avina trabaja en toda América Latina, lo que le permite afirmar que Chile está a la vanguardia y que “la curva de crecimiento en los próximos años sería explosiva. Hay un nivel de conciencia hoy en las sociedades del daño de ciertas cosas, de la desigualdad - que hoy es un tema de agenda, hace 10 años no lo era”.

Tanto así, que las empresas tradicionales también están cambiando el foco y apostando no por “la última línea”, sino por tres de ellas: financiera, social y ambiental.

Y no se trata de renunciar a ganancias o eficiencias por seguir un objetivo social. Cuando el modelo de negocios que sustenta uno de estos proyectos está bien concebido, la rentabilidad es alta -lo que redunda en que el proyecto puede crecer y tener aún más impacto.

Para partir, igual que cualquier otro emprendimiento, necesitan capital. De nuevo, si el proyecto está bien pensado, pueden acceder a cualquiera de los recursos disponibles para startups tradicionales. Pero también hay fondos específicos en lo que se conoce como inversión de alto impacto. Aquí los inversionistas también tienen un doble objetivo: ganar dinero, pero en una inversión que tenga un impacto positivo.

Un ejemplo es el Fondo de Inversión Social (FIS), creado hace cuatro años. María José Montero, gerenta del FIS, ha visto un alza en el número de instituciones sociales que “buscan financiamiento, no donaciones, para escalar sus resultados”. Cuenta que han considerado más de 150 instituciones y evaluado unas 25 en profundidad. El FIS levantó US$ 4,5 millones entre 20 aportantes, interesados en invertir en proyectos de alto impacto social, y ya invirtió el 65% del capital comprometido. La inversión más reciente, de US$ 660 mil, fue en el centro de nivelación de estudios para adultos Quimahue. Montero dice que es una coincidencia que la mayoría de los proyectos sean en el área de educación, pues el FIS busca proyectos en áreas tan diversas como microfinanzas, salud, vivienda social y medioambiente, entre otras. “El objetivo es financiar propuestas cuyo objetivo principal es resolver un problema en la base de la pirámide”, dice.



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