GLOBAL DEBUG cmaEdition: copesa.core.dto.CmsEdition: editionId='1707', status='2', createDate='2013-12-20 12:42:09.918', modifiedDate='2013-12-20 12:42:09.918', launchDate='null', expirationDate='null', date='2013-12-21 00:00:00.0', version='1', description='', modifiedUserId='2204', userId='2204', keywords='' Las razones de una derrota | Opinión | La Tercera Edición Impresa

Las razones de una derrota

por Patricio Dussaillant, Abogado, Ph.D. en Comunicación

EL VOTO histórico de la Concertación concurrió a votar el domingo pasado, pero el votante que en la última década había respaldado a la derecha en los “sectores populares” optó por quedarse en casa. Hasta ahora no ha votado por la Concertación, pero tampoco se sintió atraído a votar como antes, por lo que, en la próxima elección, de ir a las urnas, puede escoger cualquier sector. 

Los comportamientos no cambiaron de un día para otro; antes bien, los electores fueron abandonando a los candidatos de derecha lentamente, y no de golpe. Tanto la motivación como la desmotivación se van produciendo en el tiempo. Igual ocurre con la confianza, que salvo un hecho grave e impactante, también se pierde por una sucesión de acciones u omisiones que la socavan.

De ahí que el resultado electoral del domingo no puede analizarse como un hecho aislado y sacar conclusiones. Por el contrario, es un signo que se agrega a señales anteriores, como la elección parlamentaria y municipal. A ello se deben añadir variados y diversos síntomas de los últimos años, todo lo cual permite hacer un diagnóstico que explique lo que está sucediendo.

Más allá de si políticamente conviene hacer diagnósticos públicos, tarde o temprano debe hacerse, ojalá internamente. Sólo a partir de un diagnóstico correcto y consensuado se pueden construir escenarios futuros y de acuerdo con ellos plantear estrategias y tácticas. Si no se entiende dónde estuvo -y está- el problema, difícilmente se pueden hacer los cambios que se requieren para recuperar el apoyo ciudadano.

Hace tiempo que estaba claro que esta elección sería sobre gobernabilidad y la posibilidad de cada sector de construir una percepción acerca de su mejor capacidad de garantizarla. Contra esa imagen de gobernabilidad han atentado, desde siempre, la visibilidad pública de cada una de la luchas internas de la Alianza, su acendrado caudillismo y la persistencia de algunos dirigentes de velar por sus intereses personales. Es una lástima, pero la impresión que dejan es que algunos privilegian sus intereses electorales por encima de los intereses de las nuevas y futuras generaciones, olvidándose que no es lo mismo hacer política para ganar elecciones que para mejorar la calidad de vida de la gente.

El caudillismo puede rentar electoralmente en casos particulares, pero va pasando la cuenta al sector que sigue perdiendo la confianza de los electores. El caudillo puede contar con algunos atributos que lo hacen elegible, pero no aporta a los atributos colectivos que garantizan gobernabilidad. Representa un modo de hacer política que, lentamente, las nuevas generaciones ni siquiera reconocen porque no se identifican ni con sus modos ni con sus personalismos.

A esto se suma un claro distanciamiento del discurso de la derecha con la ciudadanía, que no tiene que ver con principios ni ideas, sino simplemente con una falta de sintonía con aquellos a quienes se les tiene que hablar, convencer, irradiar mística y movilizar a votar. En definitiva, aquellos por los que se trabaja en política.

Finalmente, es de justicia reconocer que al frente había una candidata con atributos valorados por sus electores; que inició la carrera con anticipación; que contó con un muy buen diseño de campaña desplegado con unidad, pocos errores, suerte y muchos recursos.



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