Escritor y analista venezolano: "El chavismo se radicalizará y la oposición jugará a la moderación de cara a comicios"

A juicio de Muñoz, Nicolás Maduro “llega bien posicionado”. En cambio, considera que el opositor Henrique Capriles “tiene muy pocas chances”.

por Fernando Fuentes
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Pocas horas antes de que se presentara ante las cámaras de TV para informar de la muerte de Hugo Chávez, Nicolás Maduro acusó a los “enemigos históricos” del país de la enfermedad del mandatario. Esta declaración del vicepresidente le llamó la atención al escritor y analista venezolano Boris Muñoz. “El gobierno ha empezado el ensayo general para anunciar la muerte o ausencia definitiva de Chávez”, pensó. Muñoz es un destacado investigador asociado del Centro Carr de Políticas de Derechos Humanos de la Escuela Kennedy de Harvard y escribe sobre Venezuela en la prestigiosa revista The New Yorker. En esta entrevista con La Tercera, Muñoz proyecta lo que será la próxima contienda electoral entre el chavismo y la oposición.

Ambos bandos han formulado llamados a la unidad. ¿Hay una estrategia electoral orientada a reducir la polarización?

No lo creo. En este momento viene una radicalización del chavismo. La oposición va a jugar a la moderación, pero no sé si eso tenga algún efecto electoral. Lo hará, porque dentro del contexto no se vería bien ser radicales, no sería aceptado y recibirían muchas críticas del chavismo, de cuyos sectores más moderados necesita votos para construir una mayoría. Entonces, por parte del chavismo, se asoma una radicalización, por lo menos, hasta que se decida la coyuntura electoral.

Entonces, cuando el chavismo habla de “unidad”, ¿a quién se dirige?

Creo que apunta a sus bases. Hay un mensaje general al país, pero pienso que el objetivo principal es el pueblo chavista. Tienen que aprovechar al máximo la coyuntura de la pérdida de Chávez, el duelo, para cerrar filas y, en torno a esa simpatía interior, proyectarse electoralmente.

En ese sentido, ¿cree que las elecciones se realizarán efectivamente en 30 días?

Puede haber una demora o una leve postergación por razones logísticas. No creo que sea mucho tiempo, no sólo por estrategia electoral propiamente tal, sino porque al gobierno le interesa que las elecciones sean pronto, antes de que los factores de la inflación, el desabastecimiento y el desempleo tengan efectos irremediables. También, porque el duelo pasará y la gente volverá a sus propias realidades, no dejándose llevar emocionalmente tanto como si el duelo está más fresco.

¿Cómo llega Maduro a estas elecciones, después de haber sido “ungido” en vida por Chávez como su sucesor?

Efectivamente, llega como el sucesor. El fue el hombre que manejó esta coyuntura. Hizo el trabajo necesario para mantener la unidad del chavismo, no hubo defecciones en este período. Se puso, de alguna manera, por encima de las pugnas internas y logró los acuerdos que eran necesarios para que pudiera ser presidente encargado durante el difícil momento de la ausencia de Chávez. Todo esto lo coloca como sucesor y ya no sólo nominalmente. Entonces, creo que llega bien posicionado a la contienda electoral como candidato.

¿Y Henrique Capriles tendría opciones como candidato de la oposición?

Le veo muy pocas chances. Capriles debería entender esta coyuntura como una posibilidad de posicionar a una oposición post-Chávez. El fallecido mandatario ya no debería ser el centro de gravedad de la política venezolana como tal, sino que debería existir la posibilidad de una competencia -de posiciones, de proyectos- y a Capriles le debería tocar la tarea de posicionar o llevar a la palestra pública un proyecto opositor para los próximos años.

¿O sea, no le ve opción de triunfo a Capriles?

Capriles puede hacer un papel importante ahora, pero que vaya a ganar lo veo bastante difícil. El sacó el 44% de los votos frente a Chávez (en las presidenciales de octubre pasado) y eso es muy bueno. Sin embargo, a partir de ese momento la oposición se ha dividido, tiene muy poco tiempo para reconstituirse y carece de los recursos financieros para llevar adelante la campaña, mientras que Maduro contará con todos los recursos de un petroestado que, pese a una profunda crisis económica, goza de un barril a 100 dólares. Entonces, es una coyuntura muy difícil, sobre todo si a eso le añadimos que ya no va a estar luchando contra un candidato de carne y hueso, sino contra Maduro y el mito emergente de Chávez.

Con Maduro como eventual presidente, ¿qué pasará con la supuesta lucha interna que tiene con Diosdado Cabello, el presidente de la Asamblea Nacional?

Las disputas van a ser postergadas hasta nuevo aviso. Eso no quiere decir que vayan a desaparecer ni que se vaya a producir una reconciliación por arte de magia. Creo que hay profundas diferencias y conflictos de interés y agendas que van por vías muy distintas. A la larga, esas diferencias florecerán de nuevo y el futuro va a depender de cómo Maduro consolide su poder. Pero yo veo en el corto plazo una radicalización y eso puede traer un conflicto social si no es bien manejado.

En el plano externo ¿cómo será la eventual relación de Maduro con EE.UU.?

Eso es prematuro adelantarlo. En el fondo hay una búsqueda de una nueva relación con Estados Unidos. Yo creo que el factor central allí es ver primero cómo reacciona EE.UU. hacia fuera y segundo cuál es el rol de otros países moderando el tono del gobierno venezolano. El factor principal es la acción de Brasil frente a la transición.

La muerte de Chávez parece haber dejado un “vacío” en el liderazgo regional de la izquierda. ¿Maduro tomará ese rol?

Va a tratar de tomar algo de eso, por supuesto. Maduro intentará, en los primeros momentos, si llega a presidente, parecerse lo más posible a Chávez. Después buscará su propia personalidad. Va a tratar de reclamar parte del espacio que tenía Chávez, quizás no de manera tan rimbombante o carismática.

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