Ante la duda, no se abstenga

Todos hemos escuchado eso de ?más vale prevenir que curar?. Y le hicimos caso. El problema es que ahora la sicología ha descubierto que tanta cautela no es buena y que es mejor arriesgarse a experimentar, independiente de los resultados. Porque el impacto del arrepentimiento por algo que no se hizo, es el peor.

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HAY pocas cosas más humanas que arrepentirse. Hay muchas cosas que dejamos pasar por el miedo al “yo sabía que esto iba a pasar” que viene después. El problema es que, por contradictorio que suene, ahora la ciencia ha demostrado que tantas precauciones, más que un rotundo acierto, es el caldo de cultivo para un largo período del “por qué no lo hice”.

Un estudio de las universidades de Northwestern y de Illinois, en Urbana-Champaign, pidió a 370 adultos mayores de 19 años describir cuáles fueron sus mayores arrepentimientos, en qué consistían, cómo ocurrieron y, lo que nos convoca, si correspondía a algo que habían hecho o dejado de hacer. Para eso los investigadores dividieron los resultados en dos: cuando se tomó el riesgo y cuando no se hizo nada, descubriendo que la mayoría de los encuestados (52,5%) se arrepintió de no arriesgarse, contra los que lamentaron un error en la decisión (47,5%). Y eso no es todo, quienes se arrepintieron de cosas que dejaron de hacer arrastraron el lamento por más años en su vida.

“La gente tiende a pensar que si hace algo, se va a lamentar después. Esto pasa todo el tiempo y cuando son decisiones importantes creen que van a recriminarse por tomar una u otra alternativa. Hay pruebas de investigación de que las personas sobreestiman el arrepentimiento que sentirán si la decisión resulta mala más adelante”, dice a Tendencias el investigador líder del estudio, Neal Roese, de la Northwestern University, en Estados Unidos.

Alharacos

Según los especialistas, la sobrevaloración que se le da a la posibilidad de arrepentirse ocurre a pesar de que cuando las personas sienten remordimiento por algo, en general, encuentran formas de sentirse mejor y superarlo. Un mecanismo que la sicología ha llamado racionalización o reducción de la disonancia cognitiva; es decir, cuando alguien que se encuentra en conflicto entre dos percepciones contradictorias (por ejemplo, “siempre me ha gustado esta marca de ropa, pero esta polera es ridícula”) busca algún argumento intermedio para “reducir” o mitigar su decepción (“no importa, igual estaba con descuento”). “Una de las razones de por qué la gente sobreestima el arrepentimiento que sentirá es porque no es consciente de lo bien que sus cerebros hacen la racionalización”, dice Roese. Así que, relájese y juéguesela. Total, estamos cognitivamente diseñados para buscar el lado bueno de la vida, como cantaba Monty Python.

Aunque no es sencillo. A nadie le gusta ir tomando decisiones por la vida. Y menos si tienen que ser rápidas. Estudios en conjunto de investigadores de la Universidad de Tilburg (Holanda) y la Escuela de Negocios de Londres (Inglaterra) muestran que cuando a las personas se les hace sentir que están obligadas a decidir rápidamente o sienten que se apresuraron al elegir una opción, el resultado es que lamentan de antemano la decisión, incluso cuando los resultados muestran que esta fue correcta. Es decir, no esperamos saber cómo resultó todo, mientras más rápida la elección, tendemos a pensar que fue peor hecha.

Difícil de olvidar

“No hay nostalgia peor que añorar lo que nunca jamás sucedió”, dice una canción de Joaquín Sabina, sintetizando una historia repetida: el eterno arrepentimiento por algo que no hemos hecho por temor o miedo al error. Por eso los investigadores del tema recomiendan ante la duda, ejecutar. “Si tienes una opción, lo mejor es tomarla. Esto porque el arrepentimiento por algo que se hace es fácilmente racionalizado, y por eso no se sufren tantos remordimientos. Por el contrario, algo que no hicimos nos invita a imaginar las riquezas y recompensas del ‘podría haber sido’ , que permanece por mucho más tiempo”, dice Roese.

Además, esa molesta sensación de arrepentimiento tiene mucho que ver con la salud mental. Una investigación de la University Medical Center Hamburg-Eppendorf, en Alemania, publicada en la revista Science, usó imágenes de resonancia magnética funcional del cerebro para ver cómo las oportunidades perdidas influían en el buen envejecimiento. ¿La conclusión? Aparentemente, la clave para envejecer bien es dejar de pensar en las oportunidades perdidas. O sea, dejar de arrepentirse.

Los investigadores compararon el cerebro de voluntarios jóvenes (con una edad media de 25,4 años) y ancianos (65,8 años) sanos con el de personas de la tercera edad con cuadros de depresión (65,6 años), para averiguar cómo respondían neurológicamente al arrepentimiento. Así observaron que después de enfrentar oportunidades perdidas -en un juego de elección de casillas con los que se ganaba y perdía dinero-, los jóvenes sanos y adultos con depresión mostraban una mayor actividad en la zona del cerebro vinculada al esfuerzo, la motivación y el arrepentimiento, que los ancianos sanos. Además, notaron que el córtex del cíngulo anterior, que opera como centro de control de emociones en el cerebro, se mostró mucho más activo en los participantes sanos de mayor edad que en los otros dos grupos. De hecho, cuanto más grande fue la oportunidad perdida, mayor fue la actividad en esta área para participantes mayores sanos, lo que sugiere que sus cerebros están adaptados para mitigar su experiencia de arrepentimiento.

Y, al igual que en las teleseries, en esto de vivir arrepentido, los temas del corazón pesan harto. En ese sentido, otro estudio de Roese, esta vez junto a Kai Epstude, de la Universidad de Groningen, en Holanda, pidió a voluntarios calificar la intensidad de sus arrepentimientos a lo largo de los años, averiguando que los más intensos son los relacionados con situaciones románticas. “Los lamentos sociales, sugerimos, son un componente fundamental de arrepentimiento en la vida. Matrimonios fallidos, romances turbulentos y el tiempo perdido con la familia puede provocar lamentos que duran toda la vida”, dice el informe del estudio publicado en la revista Social Psychological and Personality Science.

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