"El envejecimiento será el problema médico más importante dentro de los próximos 10 o 15 años"

Brian Kennedy, presidente del Instituto Buck, analiza uno de los fenómenos más preocupantes: la esperanza de vida crece en casi todos los países, incluyendo los latinoamericanos, pero también aumentan los años en que las enfermedades crónicas disminuyen el bienestar de los adultos mayores y generan costos demasiado altos a los sistemas de salud.

por Jennifer Abate
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Un niño que nace hoy en Latinoamérica puede llegar a los 74 años. Muy lejos de los 29 que le esperaban a una persona que nacía en 1900. En Chile, esta cifra es mejor: 78,5 años de esperanza de vida y, según Celade, llegaremos a los 82 promedio en 2050, dos años más que nuestros vecinos. Sin embargo, tras este panorama alentador se esconde una cifra negra.

Porque junto con el alza en la esperanza de vida, también aumenta el número de “años malos”. Esos, donde las enfermedades crónicas, como la diabetes, o las patologías neurodegenerativas, como el Alzheimer, impiden que los adultos mayores disfruten de su cotidianidad. Según el índice de Esperanza de Vida Saludable de la OPS, la vida libre de enfermedades crónicas de los adultos mayores en Chile sólo llega a los 70 años. Lo mismo ocurre en Estados Unidos o Canadá, donde las personas suelen pasar los últimos ocho años de su vida en precarias condiciones de salud.

“El envejecimiento será el problema médico más importante dentro de los próximos 10 o 15 años en el mundo”, dice Brian Kennedy, presidente del Instituto Buck, quien visitó el país la semana pasada para participar en Talleres Internacionales sobre Envejecimiento Poblacional. Este centro de investigación estadounidense lleva más de una década trabajando en cómo incrementar el número de años saludables en los adultos mayores. “Debido al aumento en la esperanza de vida -dice Kennedy- hoy tenemos entre 12% y 15% de personas de más de 65 años en Estados Unidos, las que muy pronto representarán al 25% de la población. En Europa se espera que sea parecido y en países como Corea o Japón tendremos a cerca de 40% de población con más de esa edad”. Y los costos para los sistemas de salud en este escenario son demasiado altos.

Un dato: actualmente hay 180 mil personas con Alzheimer en el país, algo así como toda la población de Valparaíso. No está cuantificado el gasto que representa para el Estado o las familias chilenas, pero se trata de una enfermedad de alto costo, tanto que en Estados Unidos, por ejemplo, implica 180 mil millones de dólares sólo en cuidados para estos pacientes y 800 mil millones de dólares en el mundo.

En diciembre de 2007, el Insituto Buck recibió la aprobación de los Institutos Nacionales de Salud de Estados Unidos para fundar una nueva línea de investigación: la “gerociencia”. ¿Qué hace? Converger los esfuerzos de disciplinas como la genética molecular, la nutrición y la epidemiología molecular para fomentar la investigación en las dos líneas: la promoción de estilos de vida saludables y el tratamiento de enfermedades ligadas con el envejecimiento.

En esta segunda línea, actualmente se encuentran desarrollando un programa único de Medicina Regenerativa y Envejecimiento, que busca responder por qué con los años los tejidos pierden su capacidad de regenerarse. No es todo. Conducen un ensayo clínico que implica un nuevo enfoque para el Alzheimer, que se realizará en Australia y donde los pacientes recibirán un “cóctel” de compuestos farmacológicos que buscan tratar un desequilibrio en la comunicación entre neuronas, responsable de la pérdida de memoria.

Eso sí, es la prevención donde el Instituto Buck hace más énfasis. “A mis pacientes les digo que la mejor forma de tratar el Alzheimer es no contraerlo. Porque una vez que lo contraes, no hay mucho que hacer, al menos por ahora. El problema es que la gente está yendo en la dirección equivocada”, dice Kennedy.

¿Por qué no se ha puesto el foco en la prevención? “Todo esto está conducido por intereses económicos”, asegura Kennedy: “Las farmacéuticas ganan enormes cantidades de dinero y una de las formas en las que lo consiguen es tratando estas enfermedades, que son caras, no previniéndolas. Además, es más fácil hacer ensayos clínicos en personas que tengan una enfermedad que intentar nuevas formas de prevención. El costo de lo último es mucho, mucho más alto”.

Sin embargo, hay países que lo consiguen. Es, por ejemplo, el caso cubano. “No es el país donde yo quisiera estar si tuviera Alzheimer -dice Kennedy-, pero ellos sí previenen efectivamente que la gente se enferme”. En la isla, los cubanos no eligen a un médico, éstos son asignados por zona y responsables de examinar a cada uno de sus pacientes por lo menos una vez al año. “No esperan a que vayan a la consulta, van a buscarlos a sus casas. Los persiguen, les preguntan sobre su estilo de vida. Esa es una forma sencilla y barata de prevenir”, comenta.

Japón es otro caso exitoso. De hecho, la promoción de estilos de vida sanos en ese país los ha llevado a que su esperanza de vida saludable sea la mejor del mundo.

PREVENIR ES LA CLAVE

El caso de Chile, dice Kennedy, es particular debido a su doble condición: un país aún en vías de desarrollo, pero que ya está alcanzando las expectativas de vida de los países desarrollados. Otras naciones, como Estados Unidos, comenzaron a enfrentar este aumento cuando habían llegado a una cierta estabilidad económica. En Chile, en cambio, tenemos que enfrentar lo que Kennedy llama una “doble carga”: tener que gastar recursos del Estado en sacar a una buena parte de la población de la pobreza y hacernos cargo del costo que implica el acelerado envejecimiento.

“Las personas tienen que darse cuenta de que pueden controlar la forma en que envejecen. No tienen todo el control, pero sí una buena parte. No se trata de ponerte a correr maratones a los 60, son los pequeños cambios los que hacen la diferencia”, comenta.

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