Parque Puquén: riqueza biológica y ecoturismo vivencial

El primer bioparque de Chile, en Los Molles, no sólo cobija uno de los cinco ecosistemas mediterráneos del mundo, también invita al visitante a asumir el cuidado de su fauna, ser responsable con su endémica flora y tomar conciencia de estos singulares paisajes costeros insertos a 187 km al norte de Santiago.

por José Ignacio López
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“MECHITA” es un pescador de Los Molles que toda su vida se ha dedicado a la extracción de huiro por estas costas donde limitan la IV y V regiones.

Ahora acopia huiros en una de las playas del Parque Puquén, cuando un grupo de visitantes se le acerca. El les habla de su oficio y de las cosas extrañas que, dice, se ven por estas costas, “como piratas escondidos entre sus acantilados”. La gente se ríe.

Minutos después, arriba de un farellón, el público admira el Pacífico, cuando se divisa abajo la figura de un hombre vestido a la usanza del siglo XVIII, observando por un monóculo el horizonte.

La actividad es parte de las dinámicas con que el público se hace parte de la misión del Bioparque Puquén. Reserva privada ubicada a un costado del balneario de Los Molles, que desde hace seis años protege una naturaleza de características únicas en Sudamérica, que combina el clima semidesértico del Norte Chico y el templado del Valle Central.

Acantilados, formaciones geológicas, conchales de antiguas culturas, playas con piscinas naturales, zonas de fósiles y coloridos jardines es lo que da vida al Puquén, sobre todo en estos meses de primavera, cuando se produce el boom de la floración de muchas plantas y flores típicas del norte y centro del país.

El proyecto pionero en Chile está a cargo de Bioma (email: contacto@biomachile.cl, Tel. 09-0326105), empresa administradora de Puquén y cuyo fin es desarrollar centros ecoturísticos sustentables a lo largo de Chile que contribuyan a mejorar la comprensión y protección de los ecosistemas nativos, haciendo para ello partícipes a las comunidades locales, capacitándolos como guías.

Conchales y puquenes

Tras pasar por el domo de informaciones (la entrada cuesta $1.200 adultos; $600 niños y tercera edad) y tener una visión general de lo que se puede encontrar en el parque, tres son los principales senderos que se internan por el Puquén, los que pueden recorrer en trekking o pedaleando. Todos están bien señalizados y cubren prácticamente sus 200 ha.

Dos de estos senderos son interiores. Uno de ellos de 3 km, casi saliendo a la Ruta 5 Norte, alberga bosques introducidos de pino y eucaliptos, junto a algunas lomas. Ideal para amantes del mountain bike, aquí se pueden divisar zorros chillas, quiques, águilas, culebras inofensivas y un pequeño y muy poco conocido roedor, el cururo, que vive bajo tierra.

Pero es en el camino que bordea la costa donde se concentran los grandes atractivos. Bajando hacia una pequeña playa se accede a un importante sitio arqueológico: los conchales, vestigios que hablan de la presencia 300 años a.C. de los Vatos, indígenas pescadores que dejaron su huella mediante millones de conchas, las que quemaban para hacer cal con la que pintaban cerámicas y sus rostros.

Además, llegaban a este lugar para adorar al puquén (en lengua molle significa ballena), que es una curiosa formación geológica, tipo cueva volcánica, ubicada entre los roqueríos junto al mar. De los tres que existen, hay dos activos. Al entrar las marejadas en estas cuevas, la presión del agua sube por la abertura, expulsando un fuerte chorro de agua y aire a presión, tal como una ballena.

Botánica y paleontología

El parque Puquén alberga una interesante flora endémica, mucha de la cual está en peligro latente de extinción. Es el caso del lúcumo y el papayo silvestre.

Si se realiza la visita guiada ($ 5.000 la hora) o mejor aún el Programa de Gestión ($ 125.000 todo el día), podrá escuchar a un biólogo experto hablando de los ciclos de cada especie, sus propiedades y las causas de su peligro.

Lo mismo pasa con animales y aves. El parque es un verdadero santuario faunístico que alberga aves migratorias, arribadas entre noviembre y marzo, dando la posibilidad de realizar safaris fotográficos, siempre y cuando se sepa dónde encontrarlas. Es el caso de los pingüinos que llegan a una escondida playa y patos llecos que se reproducen en nidos construidos en abruptos acantilados. Caso similar es el que se da con el tucúquere o búho magallánico. Por esto, la asistencia de un experto del parque será muy importante para aprovechar la excursión.

Tras caminar dos kilómetros junto al Pacífico, bordeando acantilados y cerradas playas, se llega a una gigantesca roca donde se encuentran fósiles de plantas del período triásico. A esta zona paleontológica se accede únicamente con guías, porque la idea es evitar la destrucción y el saqueo de fósiles antiquísimos.

Aquí se realizan actividades de estudio y conocimiento, lo que luego se complementa en el Centro de Investigación Ecoturística que el parque Puquén tiene en Los Molles donde, mediante lupas microscópicas, se observan en detalle estos fósiles anteriores a los dinosaurios y que explican las condiciones botánicas de muchas especies actuales.

Es otra actividad que refleja el fomento ecológico que pretende lograr este parque. Misión que hace mella en las futuras generaciones locales, manifestándose en el mural del Parque Puquén pintado en la escuela del pueblo, donde una elocuente cita asevera con orgullo que “Los niños de Los Molles cuidamos la naturaleza”.

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