Las otras misiones del agente de la CIA que inspiró la película Argo

Durante 25 años, Antonio Méndez trabajó falsificando documentos y y cambiando apariencias.

por Pedro Schwarze
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Puede ser que la Operación Argo haya sido la más cinematográfica en las que participó, en todos los sentidos. Pero el trabajo de Antonio Méndez como agente encubierto de la CIA perfectamente podría inspirar más de un guión de Hollywood. Méndez, quien trabajó 25 años para la inteligencia norteamericana, ha logrado la autorización de la Agencia Central de Inteligencia (CIA) para publicar tres libros sobre sus labores de espionaje, uno de los cuales, Argo, inspiró la recién estrenada película dirigida y protagonizada por Ben Affleck.

El filme narra la operación para sacar de Irán a seis norteamericanos que lograron escapar de la embajada estadounidense en Teherán, en 1979, cuando fue invadida por decenas de iraníes y que dio inicio a la crisis de los rehenes, que duró 444 días. Méndez ideó y encabezó en el terreno el alocado plan de incluirlos a esos seis estadounidenses como miembros de un equipo cinematográfico que filmaría escenas para una película de ciencia ficción llamada Argo.

Pero Méndez ha reconocido con especial orgullo que, más allá del caso en Irán, fueron “cientos de familias las que logramos sacar desde el otro lado de la Cortina de Hierro” en los años de la Guerra Fría. “En The Master of Disguise (El maestro del disfraz, su primera obra) sólo me refiero a algunos casos, pero hubo muchos otros que seguirán en el anonimato”, sostuvo a La Tercera hace algunos años. Y para esas operaciones, Méndez, hoy dedicado a pintar cuadros en una granja en Maryland, tenía que poner todo su oficio, falsificando documentos y pasaportes, y cambiando apariencias de agentes y protegidos.

De hecho, Antonio Joseph Méndez (nacido en Eureka, Nevada, en 1940) se convirtió en espía por casualidad, cuando en 1965 respondió a un aviso que buscaba “artistas para el Ejército”, tras lo cual se sumó a la División de Asuntos Técnicos de la CIA. Veinte meses después fue enviado, junto a su familia, a Asia, donde permaneció siete años cumpliendo funciones y misiones técnicas en Medio Oriente y el Sudeste asiático, gracias a lo cual fue escalando posiciones. Recorrió todo el mundo con su maletín y sus manos de artesano, inventando personajes para él mismo y para otros.

El ex agente cuenta en su primer libro que elaboraron una máscara especial, diseñada para ponerse y sacarse en pocos segundos, que le permitía a un importante funcionario de seguridad de otro país no identificado, reclutado por la CIA, reunirse periódicamente con su contacto de la agencia sin ser reconocido.

Además, relata cómo muchas técnicas tomadas de los estudios de Los Angeles, de maquillajes y pelucas usadas en cine, fueron fundamentales en el éxito de arriesgadas misiones. Un agente del KGB, al que Méndez menciona como “Néstor”, quería desertar. La CIA sabía que Néstor tenía buena información. Pero necesitaban sacarlo del punto de mira de sus antiguos compañeros. La historia de la “misteriosa desaparición de un funcionario de la embajada rusa” en un país del sudeste asiático estaba en los diarios, y el KGB había movilizado recursos para impedir su escape. Méndez confeccionó el plan para su huida: Néstor logró salir disfrazado y luciendo una de esas pelucas “made in Hollywood”.

Antonio Méndez, que recibió varias condecoraciones y cuyos servicios fueron hechos públicos recién en la década de 1990, en la presidencia de Bill Clinton, escribió un tercer libro junto a su actual esposa, Jonna. En Spy Dust (Polvo de espía) abordan sus hazañas como agentes de la CIA en el Moscú de los últimos años de la Guerra Fría, pero también el comienzo de su romance, que terminó en matrimonio ya cuando ambos se retiraron, en 1990.

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