Gangnam Style: el negocio tras el nuevo estilo de baile global

El coreano Psy y su hit mundial es el último eslabón en una cadena que une pasos para recordar y canciones pegajosas. Productores musicales descifran qué hay tras de esos éxitos y el hit del coreano que cabalga sobre el mundo.

por Marcos Moraga
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Más de 80 mil personas se reunieron el jueves en la Plaza de Seúl para vitorear el regreso triunfal de el rapero Psy (34) a su tierra. En julio, el coreano estrenó el video de Gangnam style: cuatro minutos de coreografía extravagante, rap, música house y delirio cómico. Tras empinarse por sobre los 100 millones de visualizaciones, viajó por Europa y Estados Unidos y por cuánto estelar lo recibiera -Jay Leno, Ellen Degeneres, Jimmy Kimmel, entre otros-. Fichó por el sello Universal y desde Britney Spears a Tom Cruise han declarado su simpatía por el baile. En Chile, escaló hasta el número uno en las listas de iTunes y de la radio 40 Principales. Y hoy lleva más de 350 millones de reproducciones en YouTube.

Psy tenía una promesa pendiente: cuando su canción conquistara el primer lugar del ranking Billboard 100, bailaría en topless, gratis, en la plaza central de su capital. Llegó al segundo lugar, pero era un detalle para un tipo que hizo bandera de lo absurdo. El torso rollizo del coreano celebró igual, rebotando con su célebre “paso del caballo”.

Gangnam style es el último eslabón en un dudoso linaje musical, donde coreografía y música conspiran para provocar un hit global (ver recuadro). Es la canción de esta temporada en Chile y el mundo y todo gracias a un coreano con seis discos en su catálogo, una detención por fumar marihuana y que cuenta en su idioma desventuras amorosas de un arribista en el distrito de Gangnam, el barrio de los nuevos ricos de Seoul. “No soy bonito, ni alto, ni musculoso. Pero estoy sentado acá”, dijo durante una entrevista en un matinal estadounidense.

Ninguna de esas características, sin embargo, explicaría el fenómeno que encendió. “Hay razones que te pueden ayudar a conseguir un hit. Pero un fenómeno no tiene patas ni cabeza”, comenta el músico nacional Koko Stambuk, productor con experiencia en la fabricación de sucesos pop como Supernova y Stereo 3. “Siempre tienen un nivel de personalidad atroz. De desinhibición, al borde del ridículo. Por eso es tan fácil fallar y tan difícil de predecir su éxito. Está lleno de tipos haciendo el ridículo en internet. No todos son como este coreano”, apunta Stambuk.

Desde Macarena de Los del Río, pasando por el besito de Tarkan, el baile indie de salón de Sophie Ellis-Bextor, Waka-waka de Shakira, o el reciente Ai seu te pego del brasileño Michel Teló, la hermandad entre música y pasos memorizables sabe de éxitos.

Es el caso de Aserejé, del grupo sevillano Las Ketchup, compuesto por un paso exótico y un coro trabalenguas, sobre la reproducción fonética del tema Rapper’s delight de Sugarhill Gang, de 1979. Su compositor, el músico flamenco Manuel Ruiz “Queco”, dio con una canción que vendió más de siete millones de copias.

Hoy, “Queco” está dedicado a producir músicas andaluzas y flamencas. Eso, mientras sigue recibiendo regalías por su invento. “Una canción es para toda la vida”, dice a La Tercera. “Pero es difícil explicar un éxito de tal magnitud. Quizás sale al mercado mañana y no lo sería. Como dice el maestro Sabina: una canción tiene éxito por un buen ritmo, una letra pegadiza y un no sé qué, que es lo verdaderamente importante”, comenta.

El español defiende que tanto Aserejé como Gangnam style son “un todo”. Los pasos, el video, la música, el contexto. Suerte, además: “Ellas montaron el baile en mi estudio en Córdoba y creánme: sucedió todo en tres minutos”.

La letra de Aserejé decía nada. Precisamente ahí, el productor musical de TVN y cerebro tras programas como Rojo, Jaime Román, estima que puede haber una pista: “En estos fenómenos, el contenido no tiene nada que ver”. YouTube, además, no sería obligatorio para avalanchas como Gangnam style, “sólo influye en lo rápido que se expanden”.

“Lo hemos visto muchas veces”, afirma Román. “Un ejemplo: esta era una canción rara, que se demoraba en partir. Con un gallo extraño que cantaba en un idioma que nadie entendía y se movía de forma curiosa. Y generó un impacto en Chile y todos lados”. Según Román, lo más cercano que hubo en Chile de exportar algo similar fue René de la Vega y su Chica rica.

Pero hay una diferencia entre un nuevo estilo de baile y una coreografía, hecha y derecha. La precisión la hace Maitén Montenegro, actriz y coreógrafa. “El reggaetón ha introducido algo muy visual asociado a la música. Pero es una cosa más gimnástica, como de baile entretenido”, dice. El axé, El meneito -fenómenos regionales, más bien-, van por ese lado. “Con Michael Jackson, los que nos dedicamos a esto, tuvimos suficiente”, dice. Porque claro: no son fenómenos para expertos, son “reproducibles”.

Un último rasgo, según Koko Stambuk: “Hay una idea cosmopolita que une todo, de sacar una cultura hacia el resto de los países e impactar, como Macarena y Aserejé”. Con la panza al aire y sobre su caballo imaginario, Psy, el surcoreano, disfruta del último accidente coreográfico musical.

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