Habla el brazo derecho del rostro de TVN

Rosa Elena Aravena trabajó por 18 años como mánager y asistente del animador. A 12 meses del accidente, cuenta por qué decidió tomar sus cosas e irse a vivir a la Patagonia, según ella, concretando el sueño del conductor de Buenos días a todos, y da detalles inéditos de su relación.

por Cecilia Gutiérrez
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La noche del 1 de septiembre de 2011, Rosa Elena Aravena preparó la mochila con las cosas que Felipe Camiroaga llevaría en su visita a Juan Fernández al día siguiente. Era poca ropa, porque el viaje era sólo por un fin de semana. Era un ritual común, porque hasta ese momento, Aravena era la más cercana colaboradora del animador de Buenos días a todos, que falleció al día siguiente, en el accidente del Casa 212.

Aravena trabajó con Camiroaga por casi 20 años. Ella lo acompañaba constantemente, se encargaba de ordenar su agenda y, en los días posteriores a la tragedia, asumió la labor de ordenar los bienes del animador y tomó un rol clave en la complicada negociación que la familia de la desaparecida figura de TVN comenzó con la señal pública, para el pago de los seguros y sueldos pendientes hasta la fecha en que finalizaba el contrato que el conductor mantenía hasta 2013 con la señal.

“Entregué todos los bienes de Felipe a su familia y me desconecté”, cuenta ahora, emocionada, Aravena al otro lado del teléfono. “No sé nada de lo que ha pasado después”, dice sobre lo que siguió tras el acuerdo al que la señal llegó con los Camiroaga.

Es que, según sus propias palabras, con la muerte del animador, se murió una parte de ella también. “Si él no está, no me queda nada”, dice Aravena, quien además ofició de mánager, lo acompañó en viajes y fue la confidente del conductor de Buenos días a todos. “Si hasta le compraba ropa”, cuentan cercanos, que vieron cómo ella estuvo presente en los momentos más importantes de su vida personal y profesional.

De esa sensación de vacío, tras su muerte, cuenta, nació su necesidad de “continuar el legado de Felipe y cumplir su sueño”, dice Aravena. Así, en marzo de este año decidió radicarse en la Patagonia y se fue a vivir a la Estancia Sofía, cerca de Puerto Natales, donde realiza labores administrativas en el Hotel Las Torres. “Soy una de las pocas personas que puede decir que vive en el paraíso”, lanza, y asegura que poder estar en este lugar tiene un significado especial para ella. Allí está acompañada por una familia amiga del animador formada por José Antonio Kusanovic y Tamara Mac-Leo. “Estoy bien ahí, porque estoy entre amigos y tengo el cariño de mucha gente”, cuenta y reconoce que este año no ha sido fácil anímicamente para ella: “ha sido muy triste, un período muy doloroso”.

“No tengo fuerzas ni ganas de ver a nadie”, resume sobre sus días Rosa Elena Aravena. Hoy, cuando se cumple un año de la muerte del animador, Aravena está en Santiago, porque coincidentemente, el 2 de septiembre es el cumpleaños de su hija. Sólo vino a eso, ya que no participará en ninguna de las conmemoraciones que preparó TVN por la fecha ni a la reunión privada del círculo más íntimo del animador. “Ahora estoy de paso en Santiago. Vine por mi hija. Yo me descarté de todo, vivir mi duelo y conectarme con él (Camiroaga)”. Y defiende su decisión; si decidió trasladares a vivir al sur fue para cumplir el sueño de Camiroaga. “El amaba ese lugar, quería retirarse de la televisión y vivir allá. Yo lo estoy cumpliendo por él”, señala junto con contar que uno de los proyectos del fallecido animador era comprarse un terreno en esa localidad, para dedicarse entre otras cosas a la cría de halcones, labor que ella pretende concretar. Además, tiene la intención de instalarse con una hospedería. “Aún no tengo novedades con eso, estoy feliz con mi trabajo en la estancia”, comenta.

El vínculo entre Aravena y el conductor nació cuando ella se desempeñaba como secretaria de TVN. Ahí se conocieron y él la invito a trabajar como su asistente. A pesar de tener una relación más bien profesional al principio, el tiempo que pasaron juntos hizo que él confiara cada vez más aspectos de su vida en ella, que le manejaba su dinero, contratos y hasta asuntos domésticos. Era tanta la cercanía, que el animador siempre estaba pendiente de regalonearla, según cuentan cercanos. “Muchas veces se compraba algo y le compraba algo idéntico a la Rosa Elena, por ejemplo, ambos usaban un pañuelo con el cuello que tenía caballos estampados”. Por eso mismo, le cedió el 1% de su sociedad que lo representaba en términos profesionales, y la ayudó a costear la educación de su hija.

Hasta ahora, la única aparición pública que hizo Aravena desde el accidente, aparte del funeral televisado por TVN, fue cuando ella fue a recibir el Premio Copihue de Oro en nombre del animador que fue elegido por votación popular. En ese período, ella se encargó de desocupar el departamento que el conductor tenía en el Hotel W. “Me tocó una misión bien ingrata, pero dejé todas sus cosas en orden”, señala.

Si bien, a fines del año pasado viajó un mes a España y estuvo en tratativas para trabajar como representante de Paola Bontempi, la hermana actriz de Camiroaga, afirma que “todo quedó en nada, por ahora prefiero estar acá”. Así, por el momento, prefiere vivir rodeada de animales y el cariño de la gente, que, admite, ha sido su contención en este período. “Es que son tantos años trabajando todos los días juntos, son tantos recuerdos y momentos que vivimos, que es tan difícil olvidar”. Es por eso mismo que, reconoce, prefiere no ver televisión, menos el Buenos días a todos, ni enterarse de las conmemoraciones a un año de la tragedia que le arrebató al hombre que consideraba como su hijo.

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