LA TERCERA EDICION IMPRESA | viernes 24 de agosto de 2012
Informe muestra que la felicidad individual creció: en 1995 un 58% de los chilenos se declaraba feliz, hoy es el 77%.
Satisfechos con nuestras vidas, pero disconformes con la sociedad en que vivimos. Felices con lo que hemos logrado con nuestras familias, pero molestos con una sociedad que -en opinión del 59% de los chilenos- no respeta la dignidad de las personas.
Por primera vez un estudio, a cargo del Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo (Pnud), dimensiona el grado de satisfacción de los chilenos y, al mismo tiempo, la visión de la sociedad en la que viven. Y sus resultados mostraron un contraste tan marcado que llamó la atención de los investigadores: “Esta dicotomía no es esperable. Lo habitual es que ambos aspectos se correlacionen: si las personas están satisfechas con sus vidas, entonces debieran estar satisfechas con la sociedad”, dice el informe que fue presentado ayer, en una ceremonia en La Moneda.
Los datos son claros: en una escala de 1 a 10, la felicidad personal entre los chilenos logra 7,3 puntos, con el 66% que califica su vida con nota superior a 7. En términos porcentuales, el 77% se declara feliz. Una cifra que viene en ascenso sostenido desde 1995. En el informe del Pnud de ese año, los chilenos que se declararon felices representaron el 58%. Un salto que se debe, según los expertos, a una serie de condiciones objetivas que han ido mejorando, como la salud, la vivienda, las necesidades básicas, todas las cuales tienen un fuerte impacto en la satisfacción vital.
El alto índice de felicidad de los chilenos va acompañado con el optimismo respecto de los avances: el 60% cree que es posible que Chile sea un país desarrollado en 10 años.
Sin embargo, cuando se les pregunta por las oportunidades que les entrega el país para que las personas sean felices, en una escala de 1 a 7 y con 11 ítems evaluados, el promedio es apenas de 4,1. Cuatro ítems tienen rojo y ninguno sobrepasa la nota 5. Otro dato: sólo el 20% confía en las instituciones. En 1995 era el 30%. De hecho, si se ubica a Chile en el contexto internacional, aparece dentro de los 13 países con menor confianza en sus instituciones, de un total de 97 naciones. Ese descontento social se plasma también en otro sentimiento: seis de cada 10 chilenos sienten que en esta sociedad no se respetan su dignidad y derechos, lo que es transversal en las distintas clases sociales.
La dicotomía entre bienestar personal y malestar social ya se venía esbozando en estudios anteriores. Por ejemplo, el último Informe Mundial de Felicidad de la ONU ubicó a Chile en el lugar 43 entre 156 países. Un muy buen indicador. En el desglose de los resultados surgió un dato que parecía revelar ya la doble cara: al evaluar los sentimientos positivos que existen en cada país, Chile aparece 41 en el ranking global, pero al hacer lo mismo con los sentimientos negativos, cae al puesto 134. En 2009, el Indice de Prosperidad Legatum ubicó a Chile 36 entre 104 países; a la hora de hablar del capital social (confianza en los demás), caía al lugar 85.
Yo y mi felicidad
Pablo González, coordinador del informe del Pnud, explica a La Tercera que esta separación entre lo personal y social no sólo es novedosa, sino que ayuda a entender qué está pasando en Chile. Además, muestran un fenómeno no menor: los chilenos sienten que pueden -y así lo hacen- armar su felicidad desde la individualidad. De hecho, el 74% cree que alcanzar la felicidad depende de uno mismo, el 15% lo atribuye a las oportunidades que da la sociedad y el 11% a la suerte.
Cuando se les pregunta qué constituye una vida feliz, el 36% dice tener una vida tranquila y un 27% que los seres queridos se encuentren bien. Una concepción hogareña e intimista de la felicidad, que se reduce sólo a la familia.
En esa imagen del bienestar personal que tienen los chilenos, dice González, influye el mandato social de la llamada “industria de la felicidad”, que desde los libros de autoayuda a la más variada gama de publicidad plantea que el bienestar puede alcanzarse al margen de la sociedad e, incluso, como una defensa frente a ella. “Te dicen ‘depende de ti’, te hablan del guerrero, etc. Eso impulsa una idea de sujeto sin sociedad y de que la felicidad sólo depende de cada uno. Pero este informe trata de demostrar que la felicidad depende fuertemente de la sociedad”, dice el experto. Un ejemplo es la desigual distribución de la felicidad: mientras el 90% del segmento ABC1 se declara feliz, en el grupo E es el 56%. “Si la felicidad es sólo individual, entonces no podría ser parte del desarrollo humano ni de las políticas públicas. Pero lo es”, sostiene.
Todo este escenario hace que las personas, de alguna forma, renuncien a “moldear lo social” y se aboquen a formar sus propias vidas.
Wenceslao Unanue, experto en felicidad de la U. Adolfo Ibáñez, valora los resultados del Pnud: “Este informe es un gran aporte, porque no sólo entrega cifras, sino que ahonda en las causas de la felicidad, en sus determinantes”. El experto dice que tanto la sensación de injusticia como la desconfianza que revelan los datos están minando la satisfacción de los chilenos, y que si no se hace algo, tarde o temprano esto incidirá en la felicidad personal.
PIB de la felicidad
El tema no es menor cuando en diversos países del mundo -incluido Chile- se habla del PIB de la felicidad como una forma de medir el bienestar, más allá del mero desarrollo económico. Una mirada que comparte el Presidente Piñera, que, según el Pnud, fue quien les pidió analizar más a fondo el bienestar subjetivo. “Escuchar y conocer qué hace más felices a las personas desde su subjetividad, incluyendo su malestar social, es importante para las políticas públicas. Cuando ese malestar que hemos visto en Chile y el mundo en el último año se canaliza en las instituciones democráticas, puede convertirse en una expresión positiva de la sociedad en busca de un desarrollo humano más legítimo”, dice González.