LA TERCERA EDICION IMPRESA | jueves 23 de agosto de 2012
Considerada una de las grandes de la ópera moderna, la mezzosoprano estadounidense interpretará a Rossini, Haendel y Mozart.
Las mezzosopranos, a diferencia de las sopranos, interpretan con frecuencia a las villanas en la ópera. De voz más grave, son también las que tienen buenos roles cómicos, las que hacen de hombres y las que destilan ambigüedad por todos lados. Carmen, por ejemplo, es para mezzosoprano. También lo es Cherubino en Las bodas de Fígaro y Rosina en El barbero de Sevilla.
La mezzosoprano estadounidense Joyce DiDonato ha hecho de Cherubino y de Rosina en los escenarios más importantes del mundo y ya está acostumbrada a ponerse trajes de hombre en la ópera. Para ella, ser mezzo significa la posibilidad de echar mano a roles que no son heroicos, pero sí cómicos y con variedad expresiva. Su último disco, por ejemplo, se llama Divo/Diva y se ganó el Grammy 2012 a Mejor Cantante Clásico. Como el título lo dice, interpreta roles femeninos y masculinos, algo que repetirá en el recital de hoy en el Teatro Municipal.
La cantante, de 43 años, canta con regularidad en el Metropolitan de Nueva York, la Scala de Milán y el Covent Garden de Londres. Destaca en óperas de Rossini -para muchos es la mejor mezzosoprano de Rossini del momento-, Haendel y Mozart, pero también aborda con facilidad los conciertos solistas, que es lo que viene a hacer a Chile. A propósito de un recital en el Carnegie Hall en el 2011, The New York Times dijo: “Es la diva perfecta del siglo XXI, capaz de unir glamour, carisma, inteligencia, elegancia y un talento fuera de serie”.
“Lo que me gusta de los recitales en comparación a la ópera es la inmediata conexión con el público”, explica la cantante nacida en Kansas bajo el nombre de Joyce Flaherty en 1969. “En un concierto hay un diálogo con el público y toda la responsabilidad cae en mis hombros y en los del pianista. Juntos debemos ser capaces de contar una historia que traslade al público a otro mundo. No hay, como en la ópera, drama, ni vestuarios ni escenografía que ayuden”, agrega.
Ud. quería cantar en Broadway. ¿Qué le atrajo de la ópera?
Me involucré en la ópera porque es el tipo de disciplina que requiere todo el esfuerzo posible: físico, mental, espiritual, emocional. Para mí es simplemente la más grande forma de arte, la que toca de más cerca al ser humano. Sólo eso es un motivo suficiente para levantarme por las mañanas.
Hace un tiempo, las mezzos no eran tan fáciles de hallar como las sopranos...
Es una cuestión de modas. Ahora hay un resurgimiento del bel canto y hay muchas. Y están los que se quejan de que no hay suficientes sopranos verdianas, pero de seguro luego va a haber otra temporada para ellas. Todo es cíclico.
Usted se lesionó cantando El barbero de Sevilla en el Covent Garden de Londres en el 2009 y siguió cantanto
Para mí el lema es “el show debe continuar”. Me pregunté: ¿Por qué no es posible que mi personaje, Rosina, pueda seguir cantando en una silla de ruedas? Es totalmente posible. Es más, el personaje está prisionero en casa del doctor Bartolo y estar en una silla de ruedas hizo que la lucha por la libertad resultara aún más angustiante y realista.