Murió Harry Barnes, el embajador de EEUU que enfrentó a Pinochet

Representó al país norteamericano entre julio de 1985 y noviembre de 1988.

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“Los males de la democracia sólo pueden ser curados con más democracia”. Esta es una de las frases que destacó ayer el diario The New York Times (NYT) al informar la muerte de Harry Barnes, ex embajador de Estados Unidos en Chile durante el régimen militar.

La publicación recuerda que el diplomático se presentó con esta declaración ante Augusto Pinochet, cuando el 12 de julio de 1985 entregó oficialmente sus cartas credenciales en Santiago.

Barnes (86) murió el 9 de agosto recién pasado en Lebanon, New Hampshire, producto de una infección, según explicó su hija Pauline al medio norteamericano.

Representante de Estados Unidos en Santiago hasta noviembre de 1988, Harry Barnes cristalizó el descontento de la administración de Ronald Reagan con el régimen de Pinochet.

Y para ello no dudó incluso en ignorar el protocolo diplomático, toda vez que antes de presentarse frente al entonces gobernante se reunió con líderes de la oposición y participó en una “velatón” organizada por defensores de derechos humanos.

“¿Desde cuándo los embajadores son árbitros de nuestros problemas internos? No somos colonia ni esclavos de nadie”, fue la respuesta que recibió de Pinochet.

Lejos de disimular su rechazo al régimen, Barnes apoyó públicamente a la oposición. Una de sus acciones más recordadas contra el gobierno de la época se registró en julio de 1986, cuando el entonces embajador estadounidense asistió a los funerales de Rodrigo Rojas Denegri, fotógrafo que murió a causa de quemaduras provocadas por una patrulla militar durante una protesta contra Pinochet en el llamado “Caso quemados”.

El y su esposa, Elizabeth, fueron alcanzados por los carros lanzaguas y su presencia en la marcha -autorizada por el Departamento de Estado- no sólo irritó a Pinochet, sino que también generó críticas de los sectores más duros del Partido Republicano en su país.

En una entrevista a La Tercera publicada en agosto de 2003, Barnes recordaría que con Pinochet su relación fue “distante”. “Yo no le gustaba a Pinochet” y agregaría que en ese escenario muchos de sus ministros no lo recibían.

En la misma entrevista, el diplomático señaló que la embajada tenía antecedentes sobre la intención de Pinochet de desconocer el plebiscito de 1988 ante eventuales resultados desfavorables. “Pinochet estaba dispuesto a proclamar un estado de emergencia”, dijo.

“Creo que Pinochet tenía tanta confianza de que ganaría el plebiscito, que no había elaborado un plan antes de reunirse con los comandantes en jefe excepto de tener el acta preparada -en la que le cedían todo el poder- para que fuera firmada”, agregó.

Barnes también recordó que aunque pudo manifestar su preocupación por los derechos humanos con mucha gente del gobierno, jamás lo pudo hacer directamente con Pinochet.

Asimismo, señaló que con Fernando Matthei tenía una “muy buena relación” y que de todos los comandantes en jefe de las Fuerzas Armadas era con el de la Fach con quien lo hacía con mayor frecuencia.

El NYT también recuerda que en 1987 Barnes debió enfrentar una controversia cuando se supo de una relación que su esposa tuvo en los 70 con un funcionario de la embajada en Rumania, lo que pudo afectar información relevante.

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