LA TERCERA EDICION IMPRESA | sábado 11 de agosto de 2012
El abogado australiano, experto en derecho internacional, es considerado por Torre Tagle como uno de los puntales del equipo jurídico chileno ante La Haya.
CUANDO el 25 de abril pasado, James Richard Crawford tomó la palabra en el Salón de la Justicia, los jueces de la Corte Internacional de La Haya se enderezaron en sus asientos para prestar especial atención al alegato de este abogado australiano experto en derecho internacional. El mismo que integra el equipo jurídico de Chile ante la demanda de límites interpuesta por Perú.
Vestido con toga negra de acuerdo con la tradición judicial británica, Crawford se acercó en esa ocasión al estrado para alegar en defensa de Colombia en el juicio presentado por Nicaragua por la delimitación del archipiélago de San Andrés. Por unos segundos, mantuvo silencio para aumentar la tensión en el tribunal y demostrar su dominio de escena. Sólo entonces alzó la voz: “Nicaragua es como Winnie the Pooh, quiere el pan y la miel al mismo tiempo... Cualquier parecido entre el agente de Nicaragua y Winnie the Pooh es pura coincidencia”.
La ironía del profesor titular de la prestigiosa cátedra Whewell de Derecho Internacional de la Universidad de Cambridge provocó una sonrisa en los rostros de los jueces de la corte y desencajó a los abogados de la contraparte, entre los que coincidentemente figuraba el francés Alain Pellet, tal vez el asesor internacional más importante del grupo de juristas contratados por Perú para el juicio ante Chile, cuya fase oral se inicia en diciembre próximo.
La burla de Crawford también sorprendió a los agentes de Perú ante La Haya, Allan Wagner y José Antonio García Belaúnde, quienes presenciaban los alegatos entre el público. “Agresivo en su presentación”, pondrían los representantes limeños en sus notas sobre el estilo judicial de este abogado al que Torre Tagle califica como una de las piezas más importantes de la defensa chilena.
A juicio de los peruanos, Crawford también parecía por momentos cansado, desconociendo otra de las artimañas que -según revelan fuentes diplomáticas- suele usar en los juicios: entrecierra los ojos y se arrellana en la silla, dando la impresión a los jueces de que se queda dormido de aburrimiento durante los alegatos de la contraparte.
El estilo de Crawford no era novedad para los agentes chilenos Alberto van Klaveren y María Teresa Infante, quienes también estaban presentes ese día en el tribunal. Desde que fue contratado como asesor de Chile a fines de 2009, en reemplazo del británico Christopher Greenwood, quien dejó el caso para asumir como juez en La Haya, Van Klaveren e Infante se han reunido a lo menos cuatro veces al año con los abogados extranjeros y han presenciado varios de sus alegatos en otros juicios. “Me gusta poner sal y pimienta a mis escritos”, suele decirles Crawford a modo de explicación.
En las reuniones, que se efectúan en las oficinas en París del estudio jurídico Freshfields Bruckaus Deringer, Crawford ha dejado entrever un carácter franco y directo. No oculta lo que piensa. Por ejemplo, hace algunos meses en Estados Unidos, al recibir el galardón Manley O’Hudson, el más alto reconocimiento que otorga la Sociedad Americana de Derecho Internacional, Crawford criticó al gobierno norteamericano por haber enviado a prisioneros de la guerra contra Afganistán a países que utilizan la tortura como método de interrogatorio. Por esto y por sus opiniones jurídicas críticas del muro construido por Israel contra los palestinos, se le considera también como un hombre de ideas progresistas.
Es igualmente un tipo cordial y alejado del estereotipo del intelectual vanidoso que podría tener alguien con su “pedigrí” académico, que incluye un doctorado en Derecho Internacional en Oxford, como discípulo de sir Ian Brownlie, profesor y decano de la Facultad de Derecho la U. de Sydney y más recientemente, director del centro Lauterpacht de Derecho Internacional en Cambridge. Por el contrario, aseguran los chilenos que lo conocen, Crawford es afable, suele aportar una buena cuota de humor en las reuniones y no se pierde las cenas que organiza el equipo chileno en algún restaurante parisino.
Según fuentes diplomáticas, Crawford se ha involucrado activamente en todos los aspectos de la defensa de Chile y no sólo en los temas que tiene asignados, por lo que tendrá un papel clave en la fase oral que se iniciará en La Haya el 3 de diciembre próximo. De los 12 abogados internacionales que colaboran en la defensa de Chile, Crawford será uno de los cuatro o cinco juristas que alegarán ante la Corte. Aunque la Cancillería chilena mantiene en secreto el orden y los argumentos que esbozarán estos profesionales, por la expertise del australiano es dable pensar que parte medular de su alegato podría centrarse en la validez de los tratados de 1952 y 1954, los que son desconocidos por Perú. Por su estilo, los especialistas en el caso espetan que Crawford se concentre en el análisis de las inconsistencias de la posición peruana.
A sus 63 años, Crawford es considerado una eminencia en derecho internacional. Como catedrático de Cambridge goza del reconocimiento en el mundo académico y sobresale entre sus pares por el enfoque innovador y la profundidad con que desarrolla los temas, asegura un abogado chileno vinculado al litigio de La Haya. Es también uno de los litigantes más hábiles de la “barra oculta”, como llama el francés Alain Pellet al grupo de 15 juristas que habitualmente alega en La Haya.
Hasta la fecha ha intervenido en una veintena de litigios en La Haya, ya sea como abogado de una de las partes o como asesor de países que son consultados por la corte, y su handicap es favorable. En el Tribunal Internacional ha ganado juicios representando a Australia, Chad, Irán, Malasia, Rumania, entre otros, y ha perdido pocos juicios: el último de ellos fue el 2011, ocasión en la cual trabajó codo a codo con el francés Alain Pellet.
Con Pellet, quien representará al Perú ante La Haya, mantiene una muy buena relación. No sólo han trabajado juntos en varios casos, también escribieron un libro en 2010: La ley de responsabilidad internacional. Sin embargo, al francés suelen calificarlo de arrogante en círculos judiciales internacionales, lo que no disminuye su fama de “orador brillante” ante la corte de La Haya.
Hay también una razón práctica para que Chile le dé un rol más preponderante. Crawford alega en inglés y maneja a la perfección los códigos judiciales anglosajones, un punto importante en una corte en la que predominan actualmente jueces angloparlantes.
Según fuentes vinculadas a la demanda peruana, este podría ser el último caso de Crawford ante La Haya. El autraliano pretende postular el próximo año a un escaño como juez del mismo tribunal internacional en el que ahora brilla como abogado.
QUIÉN ES...
James Richard Crawford es un académico y experto en el ámbito del derecho internacional público. Nació en Adelaida, Australia, el 14 de noviembre de 1948. Estudió Derecho, Licenciatura en Inglés y Ciencia Política en la Universidad de Sydney, graduándose en 1971. Hizo un doctorado en Oxford, donde fue alumno del experto en derecho internacional sir Ian Brownlie.
R Desde 1992 es titular de la cátedra Whewell de Derecho Internacional en Cambridge y ha sido director en varias oportunidades del centro Lauterpacht de Derechos Internacional en Cambridge. Fue miembro de la comisión de Derecho Internacional de las Naciones Unidas uno de los creadores del estatuto de la Corte Penal Internacional.