Eugenio Tironi: "Soy un capitalista reformador"

El controvertido aumento de capital de Enersis puso al sociólogo concertacionista -que integra el directorio de la firma- en el ojo del huracán en la última semana. Aquí, efectúa sus descargos, junto con relatar los estigmas que, a su juicio, han acompañado su tránsito desde su militancia en el Mapu en los años setenta hasta su inserción cabal en el mundo privado, a mediados de los años noventa. “Me encanta que los empresarios participen en política y que los políticos se preocupen de la marcha de las empresas”, sentencia.

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I “Yo adherí al modelo (económico) bastante tempranamente, a fines de los años 70”.

“Desde el inicio me agradaron algunas ideas de los Chicago Boys, de (Friedrich) Hayek particularmente, al que leíamos mucho. Yo me planteaba lo siguiente: aquí hay ciertos principios del modelo, que son convergentes con los principios que yo siempre he sostenido, que son darle más poder al pueblo y quitarles poder a la elites y al Estado. Esa idea siempre me gustó y yo la sostuve y me significó muchos enfrentamientos en los años 80 con mucha gente, que decía que yo tenía el síndrome de Estocolmo, que me había comenzado a fascinar por el torturador, por la idea -no necesariamente económica, porque es más amplia- de la dictadura”.

“Yo milité en el Mapu-Garretón, que estaba dividido en varias fracciones. Había un grupo más bien trotskista, en Concepción, al que yo llamaría el Mapu-Montes, que era el regional sur. Además, estaba el Mapu-Gazmuri, que era más bien pro soviético, que llevó hasta el paroxismo el credo de las elites. Nosotros teníamos una postura radical. Ellos pasaban en La Moneda. Yo nunca pisé La Moneda, yo pasaba mi tiempo en las poblaciones, en el campo y en las fábricas. Yo nunca he pisado Cuba, alguna vez fui de vacaciones, pero nunca acepté ir a Cuba invitado por el régimen cubano”.

“La inserción de los militantes del Mapu en el mundo privado difiere según la facción de la cual vienen. Por ejemplo, Enrique Correa no tiene la misma inserción que yo. La suya es muy distinta de la mía. Enrique fue el líder intelectual del Mapu desde joven, y desde entonces ya tenía una idea extraordinaria para entender cómo funciona el poder, tenía una relación privilegiadísima con Clodomiro Almeyda, con (Salvador) Allende, con Fernando Flores, con las Fuerzas Armadas”

“Hay razones de clase en la inserción del Mapu a la elite. Aunque hay excepciones, como Enrique, que tiene que ver con lo brillante que es él. Viene de un liceo en Ovalle, pero tiene una gran habilidad e inteligencia para entender los meandros del poder”.

“Hay un segundo factor que incide: es una generación muy brillante. La decadencia de la DC se inicia cuando se desarma el Mapu, y desde ahí no ha habido ninguna victoria importante, salvo las del 90, detrás de la cuales hubo muchos Mapu”.

“A esta generación también le tocó jugar un papel de nexo entre mundos opuestos. Logra conectar a la DC con la izquierda y también articuló dentro de la izquierda. En su momento, era importante tender puentes con el almeydismo, que estaba con el PC. No nos olvidemos que Almeyda fue de los que respaldaron el atentado después de que se produjo. Este grupo Mapu jugó un papel muy importante, tal como antes fue un conector entre la Iglesia Católica y la izquierda, a través de la Vicaría de la Solidaridad”.

“Toda mi generación del Saint George’s funcionaba en torno a Correa. Una vez lo escuché en el teatro Normandie, en medio de una crisis de la UP. El estaba sentado en un escritorio, con las luces apagadas, y con una lámpara encendida arriba del escritorio. Era una escena completamente fascinante. El es una inteligencia instintiva, animal, en una materia específica: el poder en las instituciones”.

II “Yo soy símbolo de varios estigmas. Arrastro esta condición desde mi más tierna juventud, cuando fui estigmatizado por toda mi generación en el Mapu”.

“Me fui estigmatizado a Europa, como híper-mentor del Mapu-Garretón. Yo me opuse muy fuertemente en los 80’ a la opción comunista de la insurrección armada, y ahí fui un ‘vendido’, un ‘amarillo’. Cuando decíamos ‘hay que ir al plebiscito’, otra vez decían ‘se están vendiendo al pinochetismo’. En el gobierno de Aylwin mi estigma viene por el enfrentamiento que tuvimos con sectores de izquierda, en que a mí me tocó jugar un papel importante con el Mapu Lautaro y con el Frente Patriótico, ante la amenaza que se cumpliera la profecía de la franja del Sí. Y, claro, tengo este otro estigma que parte en 1994, cuando yo en vez de seguir la carrera política, como todo el mundo presumía que tenía que ser, prefiero volver a la sociedad civil, pero no a una ONG, sino a este artefacto que lo encuentro fascinante por la capacidad de transformación que tiene, que es la empresa”.

“Yo no estoy en la empresa ‘desde’ la política, o por mientras, o acumulando plata para una candidatura parlamentaria. O sea, esto no es un estacionamiento. Cuando me metí en esto, me metí bajo sus reglas, con el ánimo de reformarlas; soy un capitalista reformador, que acepto, por tanto, estar en los días buenos y malos, en las vacas flacas y vacas gordas. Yo doy la cara. Por eso, también soy estigmatizado desde el mundo empresarial. ‘¿Qué se cree este recién llegado? ¿Qué se cree este gallo hablando sobre nosotros, cuando viene de la política?’, dicen. Soy estigmatizado desde los dos lados”.

“(La destitución de Garretón del Mapu sucede porque) los que estábamos acá, dirigidos por Montes, queríamos tomar la dirección del exilio y evitar que fuera conducido por agendas que tenían que ver con los países donde estaban radicados los dirigentes, en un caso por Cuba, en otros por los trotskistas que los habían acogido, por maoístas que los habían amparados en Suecia. Nos encontramos en París, no fue una conversación. El fue bien aliado mío; mis principales adversarios estuvieron por el lado del grupo de Eduardo Aquevedo. Pero, claro, tuve tensiones con Oscar Guillermo Garretón, porque él quería una cuestión mucho más pro-UP y pro-soviética de lo que yo quería”.

“¿Qué hace un Carlos Alberto Délano o un Bernardo Matte (cuando actúan en política siendo empresarios)? No quiero dar más nombres, porque me tienen sin cuidado, pero están en su libertad y derecho de hacerlo y me encanta que los empresarios participen en política y que los políticos se preocupen de la marcha de las empresas”.

“Sigo teniendo la contradicción que me genera el estigma de haberme pasado al bando enemigo. Decir que me resbala es soberbio. Es un mecanismo de defensa. No me resbala; por supuesto que me afecta. Pero lo asumo, porque uno tiene una cuestión que es quizás del Saint George’s y de la Católica, eso de que uno tiene una misión en la vida y tiene que jugarse por ella. Estoy interesado en probar -y no voy a transigir en eso- de que personas como yo tienen un lugar en la empresa y no en el patio de atrás, no haciendo aquello que los empresarios o ejecutivos vips no se atreven a hacer; no estoy para hacer el trabajo sucio, no estoy para los encargos. Estoy para plantear la manera como yo veo las cosas, como yo veo la empresa, como yo creo que tiene que relacionarse con el entorno, y hacerlo ver donde tenga que hacerlo ver. Si es en un directorio, es en un directorio, y si me equivoqué en un directorio y hay que dar la cara, doy la cara. Y no me voy a refugiar en subterfugios”.

III “Quienes cuestionan la operación de Enersis no están fuera del club de los empresarios, son los miembros más conspicuos del club de los empresarios, que hablan principalmente de expropiación, usan el lenguaje que está más en el ADN del viejo empresariado chileno, y hablan de los colonizadores españoles, y con cierto desprecio a todo lo español, que está en el ADN chileno, digámoslo así, que todo lo que viene del mundo anglosajón es bendito y el mundo latino es maldito. ¿Que esto es colonial?, ¿que esto es un asalto?”.

“Es primera vez que se produce una suerte de reacción popular cuyo embanderado no es una Camila Vallejo, sino que nada menos que el cenáculo, que desde las AFP manejan los fondos de pensiones obligatorios de los chilenos y las chilenas y que en el pasado han sido severamente cuestionados por su conducta. Pero ahora han actuado con una severidad extrema, y ojalá que a partir de ahora se mantenga hasta el futuro y no haya como flashback con casos tan tristes como La Polar y otros. Pero cuando me dicen ‘aquí la sociedad reaccionó porque Chile cambió’, discrepo: no fue la sociedad, fue una parte del propio club de los empresarios, al cual yo no pertenezco”.

“Hasta 1963, la sociedad chilena se movía tras el ideal europeo; era lo noble versus lo norteamericano, que era lo ordinario. Eso se expresaba en su política, en su cultura, en su sistema universitario, en su arte, en su literatura, en sus medios de comunicación y en sus empresas. Y el tipo de empresa, en su cultura interna, en su relación con el Estado, en su tradicionalismo, en su familismo, tenían mucho del tono europeo. La revolución de Pinochet lo que hace es cambiar, esencialmente, el paradigma. Pasamos de una elite de ingenieros, vale decir, que estábamos centrados en la producción de cosas, a una generación de economistas formados en Estados Unidos, los Chicago Boys, que están orientados a la transacción de cosas, donde el valor -y eso es lo que están viendo las AFP también hoy día- está en el peso de transacción, y ahí es donde hay que poner imaginación, audacia, inteligencia, no en esa cuestión tan europeizante de la artesanía, de la producción de las cosas. Y para hacer un cambio tan dramático como el de Chile, hay que satanizar el pasado; cuanto más satanizo de donde vengo, es más fácil adorar lo que ahora quiero. Esto se hizo en todo ámbito -partidos políticos, sistema electoral, institucionalidad-, todo este tema de los contrapesos. O sea, la noción en base a lo que está construido todo nuestro sistema es Chicago Boys y Pinochet. Y por eso venía (Milton) Friedman y se tomaba esto como un laboratorio, esto de que los fondos de previsión lo manejen privados”.

“Fue un cambio radical. Esto busca ser resistido inicialmente por el empresario tradicional, pero les dicen, ‘oigan, si ustedes no se adaptan a esto y no se resignan, vuelve el socialismo, compadre; así que aguante’, y todos más o menos se adaptaron a esto”.

“Esta nueva elite se forma básicamente en el gobierno de Pinochet. Cuando se habla de directores políticos, se está hablando siempre de los que vienen del mundo de la Concertación. ¿Y no eran todos directores y ejecutivos políticos los que entran el año 90? Eran todos ex ministros, ex intendentes, ex fiscales”.

“¿De cuándo acá las empresas deben manejarse con puros economistas? El directorio de Apple, ¿quién lo forma? ¿O cualquier empresa hoy día? ¿Qué es lo que está recomendando McKinsey, por ejemplo, respecto de los directorios? Que se aumente lo más posible la diversidad”.

“¿En qué consiste la política? En construir un artefacto, que puede llamarse clase, proletariado, tecnocracia, teoría económica, leyes naturales, lo que sea, en base al cual yo apelo, del cual yo soy el representante en la Tierra, que me da autoridad para instalar disciplina y adhesión, que no es a mí, sino a mí en tanto representante de este bien general. ¿Qué hacen los economistas de Chicago? Convierten la teoría económica en intocable, la reedifican, la fetichizan, y en base a eso, cambian todo. ¿Por qué Pinochet tiene que seguir, idealmente para ellos, hasta el 97? Porque se necesitaba para consolidar el modelo. ¿En qué consiste la propaganda del “Sí”, que hoy día produce tanto horror? En el libro de Joaquín Lavín sobre las maravillas de las obras económicas. La propaganda del Sí no fue sólo la franja, fue un año entero diciendo Sí, un país ganador”.

“Si la opción era entre sí o no a Pinochet, estamos perdidos. Pongamos que la opción es sí o no al modelo económico, o más bien al progreso económico. La propaganda, si yo la analizo hoy día, está esencialmente orientada a plantear el sí o no a la obra económica. Lo dice Andrés Allamand en la franja del Sí”.

“Perdieron por la misma razón que se dice que en general la derecha pierde: por creer que la gente se mueve por simples incentivos económicos, individuales. La gente es un poquito más compleja que eso”.

“La franja del No expresamente dice que no va a cambiar el modelo; expresamente, porque a nosotros nos interesaba poner el dilema de sí o no a Pinochet, y no caer en la trampa que nos proponían los Chicago, porque si hubiésemos caído en esa trampa, hubiésemos perdido”.

“Yo creo que con un candidato civil, el Sí hubiese ganado”.

“A la gente le gustaba el modelo. En ese entonces les gustaba más que ahora, porque era novedoso, tenían acceso a cosas que nunca habían tenido, se habían encargado de hacer crecer la economía con levadura, había créditos que nunca había habido, un crédito hipotecario que nadie había visto jamás en su vida. Si hubiesen tenido la valentía de haberse enfrentado a Pinochet, de haberlo sacado y no haber aceptado sus chantajes, y la Junta hubiese tenido los cojones de no haberlo colocado como candidato, habría ganado el Sí. El No gana al momento en que Pinochet es nominado como candidato”.

IV “La diferencia entre enfrentar una crisis empresarial y una crisis política es que en el mundo privado estás sometido a normas mucho más estrictas que en el mundo de la política. La ley de sociedades anónimas es mucho más sofisticada que la ley que regula, por ejemplo, el Parlamento, la que regula conflictos de intereses entre los políticos, o la ley que regula el funcionamiento del gobierno, o que la ley, que no existe, que regula el lobby”.

“¿En qué me ha ayudado mi experiencia política? En tener una mirada más holística, más sistémica, en entender que aquí nunca es una guerra entre el bien y el mal, sino que siempre termina habiendo puntos intermedios y transacciones. Y también, en tener cierta sensibilidad al impacto que tienen las decisiones sobre el entorno y a su vez el impacto que tiene el entorno sobre las decisiones de cualquier empresa”.

“Uno presuponía, por lo menos nosotros, de que en este mercado tan sofisticado, tan racional, tan frío, lo del perito era un avalúo que había hecho de cara al controlador, para que el controlador siguiera con el proceso, no de cara al mercado, porque el mercado y los accionarios son libres de poner el precio que quieran. Si las cosas valen de acuerdo a lo que se paga, no de acuerdo a lo que se fija”.

“El mercado es una entelequia. Los mercados se construyen y se destruyen. Hoy en día hablamos del mercado de la salud o del mercado de la educación superior, eso se construyó en tiempos de Pinochet. Las AFP hoy son como los grandes actores del mercado, se construyeron, no existían. Los señores que hablan desde las AFP son lo que son a partir de una institucionalidad que encarga a agentes privados el manejo de nuestros fondos previsionales. No mitifiquemos lo que es el mercado; el mercado es un animal mucho más sociológico que económico”.

“¿Hay un fracaso, en términos de prever cómo va a reaccionar este animal así concebido? Claro que lo hay, y acá hay muchas responsabilidades. ¿Las mías? Haber pensado en los beneficios macroeconómicos de largo plazo de la operación, que sí los tenía, para un país bastante líquido que necesita nuevas oportunidades de inversión, que tiene que buscar cada vez más fuera de sus fronteras, y que mira con mucha atención lo que está pasando en Colombia, Brasil y Perú. Lo que yo pensé es que el mercado iba a ser razonable, que la oportunidad de crecer en el sector eléctrico, en esos tres países, iba a ser mirado, en principio, como una buena idea. Me equivoqué, porque he descubierto que el mercado sigue aún razonando en una perspectiva de súper corto plazo, o sea, ¿qué irá a pasar con fondos A, B, C, D? Y un poco elaborando este juicio que dice “a mí no me importa dónde operen, que hagan lo que quieran; lo que me importa es cuánto me renta ahora la empresa”.

“Mi segundo error es que yo confié que el controlador, que propone esta idea, había hecho bien sus evaluaciones, de cara a los minoritarios. Lo que pasa es que yo suponía que al hacer una operación de este tipo, Endesa España o había hecho o haría en ese mismo minuto y en los días siguientes una buena explicación y seduciría a los minoritarios”.

“No creo que sea una buena comparación con el caso Chispas; esa comparación me irrita un poco. Yo encuentro que la idea de Yuraszeck era buena, lo digo en todas sus letras. El problema no es de la forma; de lo que estamos hablando acá, si era aumento de capital o no. Lo objetable fue que un grupo de accionistas, que había adquirido derechos políticos especiales frente al resto de los accionistas, lograba obtener un precio varias veces superior al resto de los accionistas, o sea, que los beneficios de la operación estaban repartidos de forma total y absolutamente asimétrica y que no había manera de evitarlo, y, por tanto, los mismos que estaban tomando las decisiones, y sentados en el directorio, estaban teniendo beneficios personales, en tanto accionistas, completamente extraordinarios. Aquí en este directorio, donde yo estoy, no hay eso. Ni yo ni nadie está obteniendo beneficio alguno de ello; entonces, por favor, no se compare con el caso Chispas”.

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