La historia del hombre tras El Chacal de la Trompeta

Es el personaje más longevo de Sábado Gigante y el dueño de una de las historias más increíbles de la TV. Nunca ha revelado su nombre y aquí, en su primera entrevista en 25 años, aceptó hablar de una vida cubierta por un disfraz.

por Claudio Vergara
Ampliar

Ni una humorada ni un arrebato creativo fraguado por un genio del vestuario. La representación más histórica del Chacal de la Trompeta, ese disfraz oscuro que garantizaba anonimato total y que se asemejaba a un Ku Klux Klan en formato pop, nació de lo que pudo ser la primera fricción entre Canal 13 y la Iglesia en los 70.

Luego que Juan Bulnes, el primer músico que encarnó el rol, usara sólo una precaria capucha sobre su vestimenta habitual, su sucesor, y quien continúa hasta hoy, propuso esconderse bajo un ropaje completo. Para la misión, le pidió a un actor amigo de la teleserie El Padre Gallo (1970), de TVN, la sotana utilizada por el sacerdote que encarnó Arturo Moya Grau. Le aderezó elementos decorativos, se calzó unas botas negras, desenfundó su trompeta y ya: estaba listo para estrenarse como el “más despreciable de todos”, tal como lo introduce ese siniestro jingle sabatino. Craso error: su performance salió al aire, pero la directora de producción de esos años, Ruby Anne Gumpertz, fue la única que advirtió que se trataba de un hábito eclesiástico. Mandó a llamar al debutante, lo reprendió y le recalcó que no era lo más santo para una señal católica, aunque le garantizó que el verdugo podía continuar bajo otra indumentaria.

Ahí la estación encargó la capucha y el traje con que se ha inmortalizado el personaje nacido en 1974, posicionado como el más longevo en las cinco décadas que Sábado Gigante celebra este mes, y graduado como símbolo del castigador que define el destino musical de los aprendices bajo la crueldad de su instrumento. Pero el turbulento origen de su facha más reconocible simboliza cómo su protagonista ha enfrentado una de las historias más sorprendentes de la TV local. Nunca ha querido revelar su identidad ni mostrar su cara, y les ha solicitado a los emblemas del espacio que preserven el secreto. Esta es la primera entrevista que da en 25 años y la aceptó sólo bajo la condición de que su nombre no se revelara, sugiriendo ser bautizado como José Donaggio. Para las fotos, insistió en que fueran capturadas en una sala oscura de Canal 13: sus reglas son más estrictas que la de cualquier rostro. Pese a que, como un tributo al absurdo, nadie conoce su rostro. “He vivido cultivando un mito”, asegura.

Don Francisco sabe quién está tras el tirano, pero jamás lo ha desenmascarado. Por años, Daniel Lencina fue apuntado como el satán de la trompeta, sospechas que se encargaba de desvanecer en las entrevistas. De manera paralela, el verdadero Chacal se obsesionó tanto con su rol que hasta intentó camuflar su identidad con el propio equipo del programa, ensayando con una cotona de sonidista para simular ser parte del staff técnico. Hoy su camarín es el más pequeño del estudio donde se graba el espacio en Miami, hasta donde llega bajo un operativo digno de la inteligencia militar: se baja de su auto cuando el programa ya ha empezado, corre hasta su pieza, se cambia de ropa, actúa y deja el recinto cuando las grabaciones aún no han culminado, esquivando las miradas de los anónimos.

Por años, sólo su familia conocía su identidad y ni siquiera algunos de sus colegas sabía de su existencia encubierta. Ahí el problema fue otro: muchos cantantes novatos con los que compartía en la escena capitalina empezaron a participar del segmento y hasta fueron eliminados por su juicio implacable. Con las semanas, gran parte de ellos se enteraba de su verdadero nombre y escogían dos rutas: entender su trabajo o eliminarlo de sus vidas para siempre. Perdió amigos y debía recurrir a las más delirantes justificaciones para mantener lo que ya era una doble vida.

Por eso, cuando Donaggio, hoy de 71 años, mira de cuerpo entero su alter ego, regala una declaración que hasta hace un rato parecía imposible: “No me gusta hacer el Chacal de la Trompeta. Durante años ha matado las ilusiones de gente que cree que esto es un concurso serio, pero no lo es: es humorístico. Cuando hay que hacer sonar la trompeta, a mí me duele”, confiesa. Entonces, ¿cómo ha podido perpetuar a un verdugo? “Lo hice para mantener a mis hijos. Durante esos años necesitaba la plata”.

Donaggio nació en San Felipe y creció como trompetista en la era de oro de las orquestas locales. En los 60 integró la Sonora Palacios, en los 70 se unió a Los Galos y una década después fue uno de los mentores de la Sonora de Tommy Rey. Hacia 1974, Don Francisco ideó el personaje luego de ver en un estelar inglés a un villano que expulsaba a los concursantes a través de un toque de gong. Para darle un estilo menos protocolar, lo imaginó como un castigador armado de una trompeta y bajo ese toque de diana que incitaba al ataque a los soldados estadounidenses, melodía que se transformó en su marca.

Juan Bulnes -trompetista que murió en 2009- fue el primero y protagonizó esa legendaria escena donde un poco afinado imitador de Camilo Sesto destruye ese inicio que reza: “Decir te quiero/ decir amor/ ¡no significaaan nada!”. A los dos años, se aburrió y dejó el puesto. Arturo Giolito, uno de los directores musicales del espacio, recomendó a Donaggio por su fama de obsesivo: en 1976, el músico se convirtió en el segundo y último hombre que calzó la perversa túnica.

La sincronía con el animador fue inmediata. Incluso, Donaggio hoy se enorgullece cuando recuerda el día de los 80 en que le dijeron que no se iría a EE.UU. con el programa. “Allá probaron con 10 músicos cubanos. Ninguno resultó. A los meses me mandaron a llamar de vuelta”, se jacta. Ahí, inauguró un itinerario que mantiene hasta hoy: viaja cada 15 días a Miami. Para contrarrestar cualquier infortunio, adiestró a un trompetista cubano que lo reemplaza en algunas temporadas y que imita sus bailes y gestos. “Fue mucho video. Todos lo días. Mirar y aprender”, describe, en una rutina que lo ha establecido como un maestro de chacales. Si Bielsa se alzó como un maníaco futbolero, Donaggio ha crecido como un obseso catedrático en el arte de las trompetas sádicas.

Con los años, hasta ha perfeccionado el traje, por lo que hoy casi se asemeja a un atuendo galáctico extraído del viejo armario de David Bowie. También le han llegado ofertas: una empresa de autos le ofreció aparecer en una publicidad donde el Chacal eliminaba a los vehículos de otras marcas. Se negó. Hace años se prometió que su personaje no saldría jamás de Sábado Gigante. Confía en que muy pronto podrá editar un libro con su historia en penumbras y bajo el título que ilustra su enigmático protagonismo en la cultura pop chilena: “Yo soy el gran anónimo”.

  • Sé el primero en comentar comentarios
     
SUPLEMENTOS Y REVISTAS

Cultura&Entretención

Página 53
lt
    LaTercera.com
    SIGUENOS TAMBIEN EN:
    ACTUALIZA TU EXPLORADOR: