¿Qué es lo que busca Girardi?

El conflicto que se generó en la Concertación por el diálogo con el gobierno es el primer gran enfrentamiento de dos líneas al interior del bloque: la de Girardi y su frente de izquierda y la del eje PS-DC, que defiende Escalona. En esta batalla, el senador del PPD quedó aislado.

por Texto: Rocío Montes - Ilustraciones: Luis Grañena

El miércoles a las dos de la tarde, los senadores de la Concertación llegaron hasta el cuarto piso del Congreso en Valparaíso. El objetivo era retomar la reunión que habían dejado inconclusa el día anterior, donde hubo recriminaciones cruzadas luego de que el titular de la Cámara Alta, Camilo Escalona (PS), decidiera poner fin a las gestiones que había emprendido para iniciar un diálogo entre La Moneda y la oposición, argumentando que no contaba con el respaldo del PPD. “Acuerdos con el gobierno, por ningún motivo”, había dicho el presidente de la colectividad, el senador Jaime Quintana.

El almuerzo contempló la intervención de varios parlamentarios hasta el momento en que la senadora socialista Isabel Allende tomó la palabra. “No quiero que nunca más la política chilena se divida en tres tercios”, señaló la parlamentaria por la III Región, aludiendo a la crispación que terminó en el quiebre democrático de 1973. Posteriormente, fue el turno del senador Eduardo Frei Ruiz-Tagle (DC): “Tenemos que ser responsables y evitar el clima de polarización que se vivió en Chile desde el año 60”, indicó el ex presidente.

La escena, protagonizada por los hijos de dos de los principales actores de la historia reciente, los ex presidentes Salvador Allende y Eduardo Frei Montalva, fue comentada luego por varios de los parlamentarios presentes en el encuentro. Y, según senadores de la DC y PS consultados, graficó el respaldo de ambos partidos a las conversaciones iniciadas con el gobierno.

El senador Guido Girardi, el hombre más poderoso del PPD, se incorporó al almuerzo a eso de las 14.50 horas. Estaba en una cita con el físico y escritor norteamericano Paul Davies, especialista en cosmología, teoría cuántica y astrobiología. A los pocos minutos de ingresar al comedor, el parlamentario por Santiago Poniente pidió la palabra para realizar una enérgica defensa del presidente del PPD, uno de sus principales aliados políticos: “No comparto la criminalización contra Jaime Quintana. Es lo que ocurre en la Concertación cada vez que alguien se aparte un centímetro de la norma”.

La totalidad de los dirigentes de la oposición consultados piensan que Girardi es quien digitó la arremetida del presidente del PPD para trabar el diálogo iniciado por Escalona con el Ejecutivo. Y que su blanco no pasaba por dificultarle el camino al gobierno, sino por bloquear la posibilidad de que el Presidente del Senado se convirtiera en un engranaje clave para el entendimiento.

Desde que la Concertación perdió las elecciones presidenciales, en enero de 2010, existen dos miradas sobre el futuro del bloque: la de Girardi, que apunta a la creación de una plataforma que aglutine a la izquierda y que tenga hegemonía por sobre el centro político, y la de Escalona, que defiende el eje PS-DC como factor de sobrevivencia de la Concertación y su regreso al poder.

“Miro el futuro gobierno como un gobierno nacional, es decir, que cubra una mayoría merecedora de ese nombre y que, en consecuencia, debe ir desde la izquierda al centro y desde el centro a la izquierda. Pero no puede, no hay ninguna posibilidad de que un futuro gobierno tenga éxito si es de minorías. La diferencia con Girardi es que tira la cuerda pensando en ampliar la Concertación, pero en el hecho la está achicando”, planteó Escalona en una entrevista a La Tercera el sábado 2 de junio, una semana después de que hiciera un llamado a La Moneda para posibilitar una reforma tributaria, educacional y del sistema político.

Los acercamientos con el gobierno terminaron marcando el primer enfrentamiento entre estas dos líneas de la izquierda, con dos rostros visibles y que tiene como telón de fondo el tironeo por peso y protagonismo en un eventual segundo gobierno de Michelle Bachelet.

La primera señal explícita de las diferencias había asomado en abril pasado, cuando Girardi articuló las negociaciones para que el PPD, el PRSD y el PC levantaran una lista paralela de concejales para las elecciones municipales de octubre. Este escenario abría la posibilidad de imponerse electoralmente a la alianza de democratacristianos y socialistas y dar un golpe de efecto en el cuadro opositor: la elección de concejales es la única que mide el peso territorial de los bloques a través de todo el país y en los comicios de 2008 la proporción era de 27% versus un 17% en contra de los partidos que conforman la nueva alianza.

Por su lado, Escalona no cejó en la línea de reforzar su acuerdo con la DC. Y ahora se da casi por descontado que este lunes los partidos de la Concertación terminarán respaldando sus conversaciones con el gobierno, que apunta a dos frentes: apaciguar las críticas a Bachelet por su rol en el 27/F y congelar por ahora la carrera presidencial, en momentos en que la ex presidenta cuenta con una amplia ventaja en las encuestas.

Conseguida la ratificación de su rol de mediador con el gobierno, el senador planea acudir a La Moneda a reunirse con su interlocutor, el ministro Rodrigo Hinzpeter, y armar grupos de trabajo para llevar adelante las reformas. Una de ellas es la electoral, pero no pasa necesariamente por cambiar el sistema binominal, tema respecto del cual no existe acuerdo en la Alianza y que también favorece a parlamentarios de la oposición.

Hasta ayer todo indicaba que Escalona tenía un triunfo en sus manos. El PPD no estaba totalmente cuadrado con Girardi -el laguismo apoyó los acuerdos con La Moneda- y algunos parlamentarios tomaron distancia de su postura, como María Antonieta Saa, Felipe Harboe y Lagos Weber. No se trataba de la única derrota de Girardi, al menos por ahora. Sus dos aliados naturales en el frente de izquierda, el PRSD y el PC, tampoco verían con buenos ojos la línea de bloquear los esfuerzos de diálogo con el gobierno que lleva adelante Escalona.

Bachelet continúa depositando su confianza en Escalona, el girardismo sigue sin penetrar su círculo y las señales de la ex presidenta apuntan a dar continuidad a las bases políticas que le dieron gobernabilidad a su gobierno: el eje DC-PS. Por el contrario, el bloque de izquierda que planea Girardi -al estilo del Frente Amplio uruguayo- aún no se dibuja e incluso Marco Enríquez desconfía de la agenda del senador.

El lunes por la noche, en el departamento del alcalde del PPD Gonzalo Navarrete en Bellavista, se produjo una reunión de una docena de miembros de la colectividad. Era la primera vez que se reunía el sector de la directiva aliada de Girardi, sus socios de la corriente tercerista e invitados.

Además del dueño de casa, entre los asistentes estaba el presidente de la colectividad, Jaime Quintana, el vicepresidente René Jofré, el dirigente Jorge Insunza, el diputado Pepe Auth, el ex ministro Francisco Vidal y el senador Girardi. Durante la cita, que se prolongó desde las 20.30 horas hasta casi la medianoche, se habló de diversos temas y, entre ellos, del diálogo entre la oposición y el gobierno.

La mesa directiva que acababa de asumir ya había acordado ese mediodía por unanimidad condicionar las conversaciones con La Moneda a una agenda concreta de contenidos que incluyera las reformas política y tributaria. Esa noche los convocados respaldaron la estrategia, incluido Girardi: “El diálogo tiene que hacerse con el movimiento social”.

El parlamentario había estado hablando frecuentemente con el presidente de su partido. En días normales, de hecho, habla al menos cinco veces con Quintana.

El timonel ha negado que Girardi haya diseñado el rechazo a los acuerdos con el gobierno. Y el senador también niega que esté involucrado en una jugada para bloquear a Escalona.

Pero, ¿a qué apuesta Girardi al rechazar un acuerdo con La Moneda? Un ex presidente de la DC describe al senador como un político complejo y que, por lo tanto, tiene en marcha varios objetivos paralelos. Sus detractores, entre ellos un senador falangista, coinciden en que en el corto plazo está tratando de asegurar su reelección por Santiago Poniente y de buscar un protagonismo que, a juicio de sus rivales, hoy está lejos de estar amenazado por la posible postulación del DC Alberto Undurraga.

Un ex secretario general del PPD habla de otra meta: conservar su poder interno dentro del partido, lo que, a su juicio, lo sigue logrando en términos generales. El senador Quintana, uno de sus hombres de confianza, tiene una mayoría incontrarrestable dentro de la colectividad.

A Girardi le suelen preguntar por sus ambiciones presidenciales. “No está en la prioridad de mi vida ser presidente, aunque hay gente que cree que debo ser candidato”, responde frecuentemente. Un ex secretario general del partido señala que no tiene plazos, pero que todo indica que piensa en 2017, después de un eventual gobierno de Bachelet. Tanto senadores y ex timoneles de la DC y el PS explican que esa apuesta, de desarrollarse, no contaría con el respaldo de ninguno de los dos partidos.

La interpretación más general es que su objetivo es perfilarse como el líder del sector más izquierdista de la coalición. Es una meta que hasta cierto punto está logrando al instalarse como el antagonista de Camilo Escalona, quien busca un posicionamiento más republicano, sin por ello dejar de levantar las banderas de la izquierda. “Lo de Girardi no tiene nada de ideológico. Es muy pragmático a la hora de administrar sus cuotas de poder. El ve un nicho atractivo a la izquierda y quiere ocuparlo”, opina un parlamentario del PPD que se opone a su liderazgo.

Como sea, Girardi es crítico del rumbo que ha tomado la Concertación y está convencido de que la agenda ciudadana está fuertemente inclinada a la izquierda, lo que, a su juicio, entre otras cosas, se tradujo en las protestas estudiantiles del 2011. Por eso su apuesta es fortalecer los lazos con los movimientos sociales, con un discurso de “superación” de la Concertación, más radical. Asegura estar convencido de que la izquierda se fue desdibujando por la política de los consensos con la DC y la llamada tecnocracia liberal.

En privado, el senador ha señalado que su idea no es terminar con la DC, sino cambiar la relación de los partidos con el centro político e impedir el “derecho a veto” de la colectividad. Considera que la tienda está sobrerrepresentada en virtud de la disminución de apoyo electoral.

En este ambiente, el senador Andrés Zaldívar (DC), en un encuentro informal el miércoles de la semana pasada en el comedor del cuarto piso del Congreso, notificó al presidente del PPD, Jaime Quintana, que “nadie puede pretender imponer un programa de gobierno”. “Además, ¿qué es exactamente el progresismo?, ¿usted me podría decir concretamente de qué se trata”, preguntó el senador Zaldívar.

La mayoría de los parlamentarios y dirigentes de la Concertación consultados coinciden en que los planes de Girardi tienen menos que ver con asuntos ideológicos que con pragmatismo político. Y que, pese a que no cuenta con el apoyo interno para desechar el diálogo con el gobierno, sí lo tiene para hacer valer el peso electoral del PPD en la oposición e influir en Bachelet.

El senador acostumbra visitar ferias de su circunscripción los fines de semana. A veces lleva panfletos, calendarios, tablas calóricas. Casi como un juego, imprime algunos folletos con el nombre Michelle Bachelet y otros sin nada. Entusiasmado, el parlamentario relata a sus cercanos que la gente le quita de las manos los papeles donde aparece la figura de la ex Presidenta. “Esa propaganda se extingue rápidamente”, ha señalado Girardi.

Hace algunos meses se mostró dispuesto a apoyar a Bachelet, si la ex mandataria tomaba la decisión de repostularse a La Moneda. Posteriormente, condicionó su apoyo a cambio de un programa “progresista”. Lo que varios parlamentarios del PPD consultados tenían claro a esas alturas es que el hombre fuerte del PPD buscaba entonces desdibujar una candidatura presidencial de Ricardo Lagos Weber, uno de sus detractores en el partido.

En sus cálculos, Girardi es de la idea de no malgastar esfuerzos innecesarios en una candidatura que, según señala el senador, no tiene competitividad frente a la de la ex presidenta.

Pese a las diferencias entre los objetivos políticos de Girardi y el PS, el senador del PPD mantiene diálogos frecuentes de coordinación con dirigentes cercanos a Escalona, con quienes coincide en la idea de que Bachelet es la mejor carta para llegar a La Moneda otra vez.

A fines del año pasado, en la sede del ex Congreso de Santiago, Girardi se reunió con un grupo de socialistas. Por el PPD llegaron Alejandro Bahamondes, Jorge Insunza, René Jofré y Girardi, que en ese momento era titular de la Cámara Alta. Por el PS, Osvaldo Andrade, Marcelo Schilling y Francisco Aleuy.

Según tres de los presentes, en ese encuentro se acordó que se iban a respetar los diferentes diseños de los partidos -el PS en su alianza con la DC y el PPD haciendo gestos hacia el mundo social y la izquierda- pero que ambos sectores iban a mantener una coordinación “inteligente”. Cercanos a Girardi indican que existe un pacto implícito de dejar que cada cual ejerza su papel, pero que existe claridad y convergencia en torno a la candidatura de la ex presidenta. De nuevo, entonces, según señalan en la oposición transversalmente, Girardi habría actuado en forma pragmática.

Al margen de estas tratativas en torno a la carrera presidencial, Escalona y Girardi tienen visiones totalmente encontradas sobre el futuro del bloque. Si el presidente del Senado tiene interés en mantener un panorama político estable para un eventual aterrizaje de Bachelet en Chile, con el eje PS-DC como protagonista, el senador por Santiago Poniente está en la batalla por remover los pilares de la Concertación. No sólo eso: también está por ampliar la gravitación suya y de su partido en un eventual quinto gobierno de la coalición. Para Girardi, el respaldo del PPD es básico para garantizarle gobernabilidad a Bachelet y asegurar su popularidad en el tiempo. En definitiva, su diagnóstico se hace cargo de un extendido temor que ronda en la oposición: que el estallido social que enfrentó Piñera el año pasado también podría golpear a quien lo suceda en La Moneda.

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