Historiador, ensayista y editor mexicano

Enrique Krauze: “El impulso a la restauración del antiguo régimen en México está en el ADN del PRI”

Según el intelectual mexicano, “es muy difícil” que los rivales de Peña Nieto remonten la ventaja del candidato priísta.

por Fernando Fuentes
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Previo al inicio oficial de la campaña presidencial en México, Enrique Peña Nieto sufrió un incidente que, según las encuestas, afectó su intención de voto. Durante la Feria Internacional del Libro de Guadalajara, no pudo decir tres libros que marcaron su vida, al atribuir erróneamente al historiador Enrique Krauze la autoría de La silla del águila, la novela escrita en 2003 por Carlos Fuentes, fallecido esta semana. “No creo que sea necesario o imprescindible que un candidato a la presidencia sea un gran lector de literatura o de historia”, comentó a La Tercera el propio Krauze, quien si bien reconoció que ese gafe del candidato del PRI tuvo un impacto “muy fuerte en las redes sociales”, finalmente no afectó la tendencia electoral de Peña Nieto, quien hoy lidera con ventaja las encuestas. En esta entrevista, el ensayista y editor mexicano analiza el escenario político de cara a los comicios del 1 de julio, evalúa la gestión del Presidente Felipe Calderón y detalla los desafíos que enfrenta un país afectado por la violencia en ascenso de los carteles del narcotráfico.

¿Cree que esta ventaja en las encuestas finalmente se traducirá en el triunfo de Peña Nieto?

En política, todo puede pasar hasta el último minuto, como en un partido de fútbol. Lo que pasa es que la diferencia de los goles, del marcador, es muy grande. Es muy difícil que sus adversarios puedan remontar esa diferencia. Ya ocurrió el primer debate y no hubo un impacto en las encuestas.

La prensa local ha destacado el estilo “seductor” de Peña Nieto.

No es un seductor. Tiene buena presencia, es un hombre serio, que tiene atractivo. Transmite la idea de ser un hombre que toma decisiones, que es eficaz, pero hasta ahí. No estamos hablando de una figura carismática ni mucho menos. Creo que, simplemente, es un candidato telegénico, que ha transmitido la idea de que tuvo un gobierno eficaz (como gobernador del estado de México, de 2005 a 2011). Parte de su atractivo está en que la gente joven, que no vivió la época del PRI, piensa que en ese tiempo hubo paz y orden, y creen que su retorno al poder significará traer a México la paz y orden, y creo que va a ser más difícil que eso.

Usted ha advertido que el PRI ha seguido con las mismas prácticas que tuvo durante los 71 años que estuvo en el poder, pero a niveles estatales. ¿Cree que se renovó en estos 12 años fuera de la presidencia?

La renovación es muy parcial. En muchos niveles estatales y municipales el PRI ha seguido teniendo prácticas de autoritarismo, clientelismo y corrupción, que hacen pensar que no ha cambiado. Ahora, una restauración del sistema político como lo tuvimos por siete décadas parece improbable. No obstante, en el ADN del PRI está el impulso de restauración. La sociedad mexicana es suficientemente madura para admitir que eso se vuelva realidad.

En un sistema como el de México, que no tiene segunda vuelta presidencial, al mandatario que no logra mayoría parlamentaria le es difícil gobernar.

Indudablemente, México necesita urgentemente una reforma política. El sistema no se ha modificado porque sencillamente los partidos no se han puesto de acuerdo. Curiosamente, quien más se ha opuesto a esta reforma política es el PRI, porque en su viejo sistema la política era un sistema de prebendas, que dependía del poder y no del ciudadano.

¿Qué puntos débiles ve en Josefina Vázquez Mota (PAN) y Andrés Manuel López Obrador (PRD)?

Vázquez Mota no ha podido o no ha sabido articular un discurso convincente que acorte la distancia que la separa de Peña Nieto. El ciudadano muy probablemente va a castigar a los dos gobiernos sucesivos del PAN, que no han logrado un crecimiento económico adecuado. En cuanto a López Obrador, es el candidato del populismo en México. Los votantes no han olvidado su comportamiento poselectoral de 2006, cuando ordenó la ocupación de la principal avenida de la Ciudad de México por tantos meses.

¿Parece extraño que, pese a su alta popularidad, Calderón no haya transferido ese apoyo a Vázquez Mota?

Creo que se trenzaron en una dialéctica mala. El presidente no le pudo o no le quiso transferir el capital político, pero ella tampoco supo cómo adquirirlo. Vázquez Mota quiso diferenciarse al grado de que puso en su logotipo la palabra “Josefina diferente”. Ese mensaje es demasiado neutro o indefinido. En suma, ha habido mucha descoordinación, por decir lo menos.

Pese a haber tomado la decisión de enfrentar a los narcos, a Calderón se le critica el alto saldo de muertes que ha dejado su lucha contra los carteles. ¿Qué mérito le concede al mandatario?

Creo que era inevitable enfrentar la violencia. Muchos gobiernos anteriores postergaron ver de frente el problema, encararlo, admitir que las fuerzas del crimen organizado habían crecido a una dimensión intolerable. Ahora pienso que, visto a la distancia, las medidas que tomó Calderón fueron francamente precipitadas. Creo que el problema era gravísimo, pero eso no suponía atacarlo con el Ejército, irrumpir en las calles desde el primer minuto. Si usted tiene un problema serio, tiene la obligación de coordinar bien su estrategia, su táctica y su operación como cualquier guerra. Y digamos que la guerra estuvo mal planteada, porque los resultados están allí: decenas de miles de muertos.

En ese sentido, Peña Nieto ha dicho que su prioridad será reducir la violencia. ¿Ve al PRI negociando con los narcos?

No sé si sea posible negociar con los narcos. Ya no estamos en las épocas de El padrino. Pero es verdad que hay que distinguir entre esas dos cosas. Una es el negocio y el tráfico de las drogas, donde EE.UU. es el principal interesado en que se controle, y otra muy distinta es la seguridad, la vida y la libertad. No sé cómo lo va a hacer.

Este aumento de la violencia ha redundado en la caída de la imagen internacional de México y la pérdida de su liderazgo regional, el cual ha tomado Brasil. ¿Cómo ve usted esta situación?

Es muy triste, muy cierta. Nos va a costar muchos años regresar al nivel de respetabilidad que teníamos. Creo que una parte de este problema lo ha provocado el mercado de drogas en EE.UU. y la ilegal exportación de armas hacia nuestro país, pero los principales responsables somos nosotros. Y somos nosotros los que tenemos que poner la casa en orden y puede ser que nos lleve una generación.

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