A los 97 años muere Lily Garafulic, la mujer fuerte de la escultura chilena

La premio Nacional de Arte 1995 murió ayer en su casa, víctima de un ataque al corazón.

por Estefanía Etcheverría
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Lily Garafulic siempre pedía visitar su taller. Aunque llevaba dos años sin crear, la escultora iba a mirar sus obras, piezas de mármol blanco cubiertas de telas blancas que guardaba en su estudio de calle Buenos Aires. Allí la condujo su chofer hace un mes. Sería la última. Garafulic murió ayer a las 12.45 en su residencia del Parque Forestal, rodeada de personal de servicio. Tenía 97 años y hace uno que su estado se había deteriorado rápidamente, lo que derivó en el ataque cardiaco que acabó con su vida, según informó Ernesto Muñoz, curador y amigo de la artista.

La trascendencia de su trabajo fue la preocupación de los últimos años de la escultora. Por eso, centró su labor en material definitivo, como mármol, bronce y piedra. Por eso también pensó qué hacer con sus creaciones. "Todo queda en el vacío, se va borrando. Ante eso reacciono. Me gustaría que en el futuro mi taller se convierta en un lugar donde las personas puedan conocer y comparar mi obra; es decir, seguir imaginando al artista", dijo el 2006 a La Tercera. Mientras, su amigo Ernesto Muñoz cuenta que la voluntad de Garafulic habría sido que su obra quedara en el parque de las esculturas de la U. de Talca. Coordenadas claras para el trabajo de una mujer que geográficamente no las tuvo.

El viaje juega un papel clave en la vida y obra de Garafulic. Partió antes incluso que ella, cuando sus padres se trasladaron desde Croacia hacia Chile huyendo de una plaga que acabó con las cosechas. Ya en Antofagasta, el 14 de mayo de 1914, nació Lily, la menor de nueve hermanos. Cinco años después, la familia se trasladó a Santiago. A los 20 años aprovechó que la educación superior era gratuita, y que por lo tanto no tendría que pedirle nada a sus padres, para matricularse secretamente en la Escuela de Bellas Artes. Ahí fue alumna del pintor Hernán Gazmuri y del escultor Lorenzo Domínguez, quien, según Ernesto Muñoz, no sólo fue su maestro, sino además el gran amor de su vida y, en ese papel, responsable de parte de los viajes que terminaron esculpidos en algunas de sus series.

La historia oficial dice que Garafulic viajó en 1938 a Europa para estudiar, pero la versión de Muñoz es que había acordado juntarse con Domínguez en España, pero la Guerra Civil hizo que finalmente se vieran en París. Ahí conoció la obra del escultor Constantin Brâncusi, que influenciaría su trabajo.

En 1941 deja atrás Europa y el pedestal, porque regresa a Chile y crea una obra que parte del suelo, toda una ruptura. Ruptura también fue la de su maestro, Domínguez, quien dejó la tendencia local de trabajar el molde para esculpir directamente el material, técnica que su discípula siguió toda la vida. Y ruptura también la de su exposición de 1944, porque en medio de los movimientos femeninos y antes de que las chilenas pudieran votar por un presidente, el nombre de Garafulic se inscribió como el de la primera escultora en tener una exposición individual en el país. Ese mismo año ganó una beca Guggenheim para estudiar escultura en EE.UU.

La cúpula de la Basílica de Lourdes de Santiago se rodeó en 1946 de 16 profetas esculpidos por ella. En 1960 viajó a Isla de Pascua junto a Domínguez. De esa experiencia nacería su serie Aku-Aku y el interés por las culturas precolombinas. En 1967, Indira Gandhi, en una visita oficial al país, compra una de sus esculturas. Seis años se hizo cargo de la dirección del Museo de Bellas Artes hasta 1977. En ese cargo creó el laboratorio de restauración, compró obras de artistas como Hernán Gazmuri y realizó el catálogo de la colección. En 1995 recibió el Premio Nacional de Arte, el más importante de la casi veintena que obtuvo en vida.

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