Colegio San Ignacio será mixto a partir de 2014

Niñas y niños compartirán la sala en prekínder. La primera admisión de este tipo en 155 años partirá en 2013.

por Elizabeth Simonsen
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El último día del año, los cuartos medios gritan el himno del colegio, en una ruma humana, unos sobre otros. No es inusual ver a los más chicos jugar al caballito de bronce en los recreos -aquel juego donde un niño se dobla, como en una mesa, y el resto se encarama arriba-. Los alumnos se llaman por los apellidos y el vocabulario, a veces, incluye palabras de índole sexual.

Es el panorama habitual de un colegio de varones. Una cultura que, a partir de este año, quiere comenzar a cambiar el Colegio San Ignacio, cuando eche a andar sus planes para convertirse en coeducacional, es decir, permita el ingreso de niñas por primera vez en sus 155 años de historia.

La decisión está tomada en el edificio de calle Alonso Ovalle, por cuyas aulas pasaron el santo Alberto Hurtado; el senador Gabriel Valdés y el escritor Jorge Edwards, entre otros. A partir de 2014, las niñas compartirán con los varones en las aulas de prekínder, para lo cual la primera admisión mixta comenzará en 2013.

No habrá cupos adicionales a los 30 que se abren habitualmente en ese curso, por lo que todos competirán en una admisión que continúa siendo reñida: por cada vacante hay tres postulantes. De esta forma, la primera generación mixta saldrá de cuarto medio en 2027.

"El colegio reemplazó a la familia como espacio de sociabilización. Tenemos que cumplir ese rol y educar a los niños en la conciencia de equidad de género", sostiene el director del establecimiento, el jesuita Alejandro Longueira. Es otro de los factores que lo impulsaron en la decisión: la nueva familia es más pequeña y tiene menos espacios donde ensayar relaciones sociales. Interactuar, entonces, desde chicos con niñas se torna una necesidad, explica el director, quien agrega que "es una opción de la Compañía de Jesús educar en la ignacianidad a los varones y mujeres". Aunque la decisión es tomada por cada colegio, la solicitud se presenta a la compañía donde finalmente se zanja.

De los cinco colegios de la congregación y de los siete asociados a la Red de Educación Ignaciana, 10 son mixtos. El San Luis de Antofagasta, partió este año. "La idea es que los dos colegios de varones que quedan avancen simultáneamente hacia convertirse en coeducacionales", sostiene Longueira. Se refiere a los colegios San Ignacio Alonso Ovalle, que él dirige, y a El Bosque. En Latinoamérica, el único otro que es de varones es el de Buenos Aires.

Largo camino

Una comisión, conformada por directores de ciclo y especialistas del colegio, sesionó todo el año para ver la factibilidad de ser coeducacionales y qué pasos se requerían para lograrlo. Es que, como dice Longueira, no se trata sólo de readecuar los baños.

Los varones y las niñas tienen distintos estilos: ellos tienen un estilo de aprendizaje más kinésico (basado en el movimiento) y tienen mejor desarrolladas las habilidades matemático-analíticas y las espaciales. Ellas tienen más desarrolladas las de organización y habilidades verbales.

En varios colegios que se han transformado en mixtos, los varones terminan ocupando, con sus juegos, el patio durante el recreo; o los padres retrasan la edad de ingreso al colegio de las niñas hasta esperar que se abran las vacantes. Lo crítico, en estos últimos casos, es cuando las mujeres llegan a séptimo y su diferencia de desarrollo físico y emocional con sus compañeros se acrecienta. También sucede que los profesores atienden más a los varones. Un estudio de EE.UU., donde se observaron más de 100 aulas mixtas, demostró que los niños eran interrogados e interactuaban con los docentes ocho veces más que las niñas y, a menudo, las alumnas que levantaban la mano eran ignoradas.

Todas lecciones que el San Ignacio miró con detalle para no repetirlas.

Existen dos modelos de coeducación: que niños y niñas tengan clases separadas y compartan espacios como recreos y el que los integra a ambos en las aulas, pero respeta las diferencias de género de cada uno. El San Ignacio optó por este último.

El camino supone cambios curriculares, de pedagogía y de didáctica y una capacitación a los docentes, que comenzará este año con los de primer ciclo básico. Incluso, contempla la búsqueda de una figura femenina, que no compita con la de San Ignacio ni la del padre Hurtado, pero que le permita a las niñas identificarse.

"Hay que elaborar nuevo material didáctico, que no tenga sesgos de géneros ni figuras femeninas estereotipadas; que los profesores cambien su lenguaje y se refieran a ellos y ellas y usen ejemplos sin diferenciación", explica Cecilia Araya, directora del primer ciclo.

Los otros escollos son una cultura masculina fuertemente arraigada y un sello distintivo que marca a todos los alumnos, incluso cuando ya han salido del colegio. "Creemos que el sello no se marca tanto por el hecho de ser de hombres, sino por las experiencias de formación que ofrecemos, como los trabajos de invierno y de fábrica. La idea es incorporar nuevas formas sin perder el carisma", explica Longueira.

Un desafío que supone, incluso, cambiar el lenguaje en la misión que se autoimpuso el colegio: "Formar hombres para los demás".

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