Bono de apoyo al empleo femenino ha beneficiado a más de 36 mil mujeres

Hacia fin de año se espera llegar a 40.000 trabajadoras. Si se aprueba el ingreso ético, el número aumentaría a 100.000 personas. Gobierno destaca que ayuda está condicionada y no es un mero asistencialismo.

por Pamela Jimeno
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La meta inicial era apoyar a 27.000 mujeres en situación de vulnerabilidad, pero el peso de la realidad fue mayor, dice el ministro de Desarrollo Social (MDS), Joaquín Lavín, en su primer balance del nuevo bono para la mujer trabajadora, que comenzó a regir en noviembre pasado. A la fecha, 36.316 mujeres, del 15% más pobre del país, han recibido dicha ayuda y la expectativa es cerrar este año con 40.000 beneficiarias. En total, se han entregado 100.892 bonos. Algunas lo han recibido sólo una vez y otras por los cuatro meses.

El bono es uno de los pilares del Ingreso Etico Familiar (IEF), programa con el que el gobierno busca erradicar la extrema pobreza en Chile hacia el año 2014. La Casen 2009 reveló que 634.000 personas están en esa condición: si viven con una cifra por debajo de los $ 64.134 mensuales se consideran pobres y si perciben menos de $ 32.067 por mes, son indigentes.

Hacia fin de año, el gobierno espera haber entregado, en promedio, 24.000 bonos por mes, repartidos a 40.000 trabajadoras. El ministro Lavín, sin embargo, apuesta a que si el Congreso aprueba el proyecto de IEF antes de abril se llegará a 100.000 beneficiarias, ya que se sumarán las mujeres de capas medias. "Esto implicaría que estaríamos llegando con el bono también a las trabajadoras de clase media vulnerable, es decir, al 30% más vulnerable del país", afirma.

El bono consiste en una retribución equivalente al 15% del sueldo de la mujer -que no debe ser mayor a $ 369.000 mensuales- y se otorgará por hasta dos años. Los datos oficiales indican que el monto promedio de los bonos entregados es de $ 18.296 mensuales, pero la bonificación más alta llega a $ 24.600 al mes. Según la Casen 2009, las jefas de hogar del 20% más pobre del país tienen un ingreso autónomo promedio de $ 110.044. Esa cifra, apoyada por transferencias monetarias del Estado, sube a $ 148.665.

El desglose también revela que la Región Metropolitana concentra 22,76% del total de bonos. Le siguen las regiones VIII, con 18%, y V, con 10,34% (ver infografía). Además, existen más beneficiarias por número de habitantes en las regiones de Atacama, Aysén, Los Lagos y Arica y Parinacota.

Pago contra resultado

El subsidio está orientado al empleo asalariado, pero también busca apoyar a trabajadoras por cuenta propia, independientes o microemprendedoras. El requisito es tener cotizaciones previsionales. Esta exigencia fue clave en el diseño del instrumento, explica la autoridad, pues al exigir el pago de las obligaciones previsionales -conforme se va recibiendo el beneficio- se redujo el espacio a las trampas de pobreza o el incentivo que tienen los sectores de menores ingresos de subdeclarar ingresos para recibir la ayuda del Estado. "Es una nueva forma de enfrentar la política social. El asistencialismo es insuficiente y la evidencia internacional ha demostrado que el Estado debe articular sus políticas sociales basadas en la ayuda, pero en especial en el premio al esfuerzo personal, al cumplimiento de metas y objetivos por parte de los beneficiarios", dice el ministro.

Este punto, de hecho, fue bastante discutido al interior del Ejecutivo al diseñar el IEF y es lo que dio curso a que la estructura de bonos y subsidios que articulan el ingreso ético tenga el carácter de transferencias monetarias condicionadas; es decir, ayuda fiscal en dinero a cambio de exigencias a los beneficiarios. En el caso del bono, la condición es la empleabilidad de las mujeres que opten al beneficio: en el caso de las asalariadas, para que se esfuercen por mantener sus ocupaciones, y en el de las independientes o por cuenta propia, para apoyarlas en su formalización y/o acceso a seguridad social. Lavín, de hecho, aclara que pueden optar al subsidio quienes estén trabajando, pero también quienes consigan un empleo.

Mayor demanda

El bono también persigue un objetivo de más largo aliento: fomentar el ingreso al mercado laboral de los quintiles más pobres. En ese sector, la fuerza de trabajo femenina activa va desde 25% a 35% y, en promedio, equivale a un tercio de las que están inactivas. Para la autoridad y expertos, la baja participación laboral de las mujeres del 20% más pobre es uno de los principales factores detrás de los nichos de pobreza dura que recogen las encuestas Casen en la última década. Pero también de la condición de vulnerabilidad que envuelve a las familias que, habiendo superado tal situación, están en constante riesgo de volver a ella, por la dificultad de sostener un empleo o ingresos.

Lo anterior es relevante si se considera que en las familias de los quintiles más pobres la mujer es la principal fuente de ingresos, lo que se aprecia en el balance de Lavín: en el 71,4% de los hogares que hoy reciben la bonificación, la beneficiaria es también la jefa de hogar. No es todo. Del total de las familias que han recibido el bono o siguen percibiéndolo, el 51% tiene cuatro integrantes o más.

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