El mundo de Benito

Cumplió 18 años en noviembre y decidió contestar preguntas, las primeras que responde a título personal a un medio de prensa. Con su naturalidad de adolescente, viaja a la niñez, cuenta que se quiere dedicar a la música y habla de su padre, postrado en coma en una clínica de Buenos Aires. Un hombre con el que, dice, sigue hablando "dónde sea que esté. Lejos o cerca".

por Mauricio Jürgensen
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Quizás fue demasiado ingenuo, pero a Gustavo Cerati nunca dejó de sorprenderle que su hijo también se supiera "las de Soda". "Cada vez que me ve cantando una de sus canciones, me dice: 'Che, ¿esa no es Nuestra fe, la que estás silbando?' o 'estás cantando, ¡te la sabés!'. Y sí, me las sé todas. Porque soy su fan y él lo sabe", dice Benito Cerati Amenábar. Tiene 18 años y relata con una naturalidad casi enternecedora las muchas historias que tiene con su padre, el músico argentino que en mayo cumplirá 24 meses internado en una clínica de Buenos Aires y en un estado de coma profundo. En un sueño eterno. Su hijo, en todo caso, sigue hablando de él en presente, como si las cosas que los involucran a ambos estuvieran ocurriendo hoy y no fueran sólo recuerdos de ayer.

Esta es la primera entrevista de Benito. La primera vez que contesta las preguntas de un medio de prensa y lo hace sin la solemnidad del que siente que tiene que "presentarse" o demostrarle algo a alguien. Al contrario, responde vía mail, ofreciendo disculpas por la demora y preocupado de si las fotos que adjunta en esta calurosa tarde de verano "están llegando en alta y con buena resolución". Porque fue él quien eligió y envió, entre sus fotos familiares, las que van en estas páginas.

Hace siete meses, Cecilia Amenábar, su madre, sugirió esperar hasta que "Beni" cumpliera la mayoría de edad para responder el cuestionario. Hoy, supervisa con la resignación de los que saben que tienen que dejar partir, cómo el mayor de los dos hijos que tuvo con Gustavo Cerati empieza a sacar la voz y a hablar por sí mismo. De la vida, de la música, de su padre.

Lo primero son los recuerdos de niñez, "imágenes panorámicas del departamento en donde vivían mis padres en Chile, o alguna anécdota en el departamento de mi tía en Argentina. Seguro se me van a ocurrir otros recuerdos, pero más que recuerdos se me vienen a la cabeza esas imágenes. Me está pasando eso que le pasa a todo el mundo, que en una época de su vida desentierra recuerdos de cuando era chico en un acto de añoranza. Así es que lo que más destaco son los días que me pasaba en el estudio de mi papá, componiendo mis 'discos' intra-familiares, que ahora, cada vez que los escucho, me dan risa, porque la forma que tenía de componer era única".

Benito nació el 26 de noviembre de 1993, en Santiago. Tiene doble nacionalidad -su madre es chilena- y la sensación, por las muchas veces que ha cruzado la cordillera, de que es un "puente" entre Chile y Argentina. "Me acuerdo de todo de Chile, porque nunca dejé de estar ahí. Voy todos los años y cada año, desde que nací, hay algo nuevo para hacer y formas nuevas para divertirse con mis primos y etcétera. Me siento un puente entre Chile y Argentina, ja, ja… y creo que mi hermana se siente igual".

Su hermana Lisa también nació en Chile, el 2 de mayo de 1996, y está convencido de que, a pesar de que los ojos del mundo estuvieron puestos sobre esta célebre familia durante gran parte de su niñez, ellos tuvieron una infancia feliz. "Fue igual que la de cualquier chico común. Nunca tuve chofer ni mucama ni guardaespaldas. Eramos una familia común, con cierto resguardo obvio que teníamos que tener, pero nada que nos cambiara la vida. Mi padre estuvo siempre presente en cada paso que daba en la vida y jamás me faltó ni a mí ni a mi hermana. Y el tiempo ausente por las giras, rápidamente lo llenaba pasando días con nosotros o con regalos y demás".

Esa es la única respuesta en la que Benito menciona a su padre en tiempo pasado.

Benito siempre habla de su padre, y con mayor frecuencia cuando cuenta lo que ha decidido hacer con su vida: "Me imagino así en un futuro: haciendo música y cantando. No puedo pensar en otra cosa que eso, así es que supongo que sí, que voy a ser músico".

-¿Cómo se despertaron en ti las ganas de dedicarte a la música?

-Los estudios, los aparatos, las guitarras colgando, los teclados, sintetizadores, los sonidos, la banda, los programas y los canales hablan por sí solos. Las máquinas que mi papá me dejaba eran oro para mis ojos. Que saliera música de ahí era fantástico. Obvio que mis composiciones eran a base de loops programados y mi voz chillona de 10 años gritando lo que había leído en una revista o lo que había dicho mi hermana cinco segundos antes. Canto y compongo, escribo cada vez que puedo y, si no me cuidan, me escapo a la 'compu' a componer y de ahí nadie me suelta. Partí con la guitarra, toco lo suficiente para componer. No soy un crack en ningún instrumento, realmente, y tampoco creo que en vivo me muestre colgado de un instrumento. Pero al aprender a componer también conté con el uso de teclados, percusiones y otros. Y fui aprendiendo.

Su primer disco fue un precoz ejercicio cocinado en la "Casa submarina", el estudio casero que tenía su padre en la vivienda que ocupaban en el barrio Vicente Valdés, en Buenos Aires; el sitio en que los Cerati Amenábar pasaron sus días después de haber vivido en un departamento del barrio El Golf, de Santiago. Lo grabó en 1999, tres años antes que sus padres se separaran tras 10 años de matrimonio. Ese primer disco se llamó Cohete. "Ja!, No me acuerdo muy bien, me acuerdo de la 'gira', que fue ¡en el patio de mi casa! Habré dado dos conciertos y, si no me equivoco, parte de Cohete fue grabado en vivo. Componía con cosas seudo-románticas, que no sé de dónde habré sacado, y cosas que leía en revistas o que escuchaba a la gente decir. Entonces anotaba y después cantaba".

Sus padres siempre fueron particularmente celosos de la intimidad de Benito y Lisa. Rara vez contaban en qué estaban "los pibes". Pero entre entrevista y entrevista, surgían breves datos sobre el mayor de los dos: que había aprendido música con un viejo teclado Casio, que le ayudaba a su padre con los títulos de sus canciones y que era un pequeño geniecillo musical. En 2008 formó la banda Entre Paréntesis, junto a Nicolás López Mullmayer y Marcos Fantozzi, y un año después debutó públicamente en el bonaerense barrio de Palermo. Esa noche, su papá fue el ingeniero de sonido. "Me acuerdo de haber dado un concierto en un bar, en una ocasión que mi mamá organizaba el evento ahí, y me acuerdo que me maté ensayando. Una vez ahí, me dio tanta vergüenza que los primeros dos temas los hice instrumentales, porque no podía cantar".

"Entre Paréntesis fue mi primera banda y como primera banda fue sólo un experimento. Empezamos haciendo covers de lo típico: Oasis, Coldplay, etc. Luego empezaron a surgir lentamente nuestros temas, y era rock/pop con un poco de electrónica, en algunos casos. En realidad, fuimos mutando. Tal como las bandas que cada 10 años innovan, nosotros lo hacíamos cada dos meses, ja, ja...".

La primera vez que Benito apareció en un disco fue con los latidos de su corazón en Te llevo para que me lleves, canción de Amor amarillo (1993), en cuyo video, grabado en Chilefilms, Cecilia Amenábar lucía la gran panza en la que esperaba Benito antes de nacer. En ese clip, Gustavo vestía un enterito, el mismo que su hijo usó para su última incursión pública en la música. Esa del 21 de junio pasado, en un bar de la calle Niceto Vega, en Buenos Aires. Su nueva banda se llama Chrome y esa noche su abuela Lilian Clark, madre de Gustavo, festejaba su cumpleaños número 81.

Los pocos medios que lograron entrar hablaron sobre el inquietante parecido físico con su padre. Pero Benito comparte algo más que rasgos con el hombre de Soda Stereo. Por ejemplo, su adicción a los discos. "La primera música que me compré fue la discografía entera de Jamiroquai y de ahí en más, me hice adicto a comprar música. Abrir un disco, ponerlo en la radio, leer el librillo, es todo un acto sagrado para mí".

La música de Entre Paréntesis y Chrome todavía busca definirse. Pero él ya tiene claro quiénes son sus héroes y cuál es su discoteca esencial. "Mi mayor héroe musical es BOWIE", y lo escribe así, con mayúsculas. "Sin dudas, es el jefe, y mi 'influencia Bowie' tiene tintes de varios: Keane, Goldfrapp, Garbage, MGMT, Michael Jackson, Orbit, Moloko". Su disco de cabecera, o ese que lo marcó de chico, tal como se le preguntó aquí, fue Hopes & fears (2004), de Keane, y la antología Number ones (2003), de Michael Jackson. "La primer canción con la que me fanaticé -cuenta- fue Don't stop 'till you get enough, de MJ. Y el de Keane me marcó, porque fue el primer disco que pude escuchar de arriba a abajo y no cansarme. Cosa que sólo me ha pasado con Cómo conseguir chicas (1989), de Charly García, y Colores santos (1992), de papá y Melero".

Aquí el diálogo empieza a bordear lo inevitable: su padre. El hombre que lo llevó a ver música en vivo, que le enseñó cómo hacer canciones y que lo llevó de gira para que conociera "cómo era la cosa en realidad". "(Mi papá) me debe haber llevado a muchos recitales cuando era chico, pero no me acuerdo bien. Sí sé que me llevó a Córdoba, Rosario, Viña del Mar, Uruguay y, por supuesto, Buenos Aires. La gira de Ahí vamos (disco de 2006) fue la primera que seguí con entusiasmo. Toda la familia estaba en cada concierto y bailábamos como si fuera la primera vez. Lo mismo pasó con el show del 2007 de Soda (Stereo, para la reunión del trío). Y para Fuerza natural (2009, último disco solista de Gustavo, antes de su crisis de salud), por supuesto".

-¿Tienes algún disco favorito o canción favorita de las muchas que ha hecho tu padre?

-Sí, por supuesto, y no me canso de decirlo: En camino (1992), Pasos (1995), Torre de marfil (2002) y Fuerza natural (2009) son temas que me dan escalofríos, porque, por supuesto, cuando un tema me emociona o me llega al corazón, siento escalofríos. Y mi disco favorito sería Sueño Stereo (1995), junto con el MTV unplugged (Comfort y música para volar, de 1996).

Se los dijo Charly García. Que una vez que cumpliera 15, podían dejarlo libre. Gustavo y Cecilia fueron un poco más allá y recién hoy, con mayoría de edad, lo dejan enfrentar los medios y contar su historia. Pero la libertad musical y creativa existió siempre en casa. Más allá de lo mucho que hizo a título personal, explorando tempranamente un talento que a su padre lo entusiasmaba en 1999 ("con Benito paso de la baba al susto", contaba el músico en una entrevista para la televisión chilena), Benito Cerati cumplió un sueño personal cuando colaboró con su padre, en dos de los discos que publicó fuera de Soda Stereo. Primero en Ahí vamos, con la canción Adiós, y luego en Fuerza natural, donde compartió firma en Desastre, Rapto, Sal y la canción que le dio el título a ese álbum de 2009.

"Es maravilloso poder ayudarlo de cualquier forma que pueda, mi secreto oculto era poder ayudar a mi papá a nivel musical, y sucedió, ¿no? El habló tan bien de cómo escribía yo, que me pareció que realmente le gustaba lo que yo hacía. Y obvio, con el disco tributo a Michael Jackson (que Benito hizo en 2009, tras la muerte del "rey del pop", junto a su hermana Lisa) también demostró interés por lo que yo hacía. Ese disco lo semi-produjo él y cada vez que yo le contaba que había alguien más que iba a trabajar en un tema, él decía 'pero ¿cómo?, ¿y nosotros?'. Ja, ja, ¡Es padre orgulloso!".

Las fotos "de una sesión playera que pueden funcionar para el reportaje", según explica Benito, tratando de resolver el tema de las "imágenes del artículo", están llegando bien y en buena resolución.

Pero falta una respuesta.

A última hora, y después de varios correos, Benito acepta hablar brevemente sobre la condición médica de "papá", a quien visita regularmente y, a veces, apenas aguantando la pena, como pasó el 11 de agosto pasado, cuando el familión entero fue a la Clínica Alcla a celebrar los 52 años de Gustavo.

Benito Cerati se convence de responder la última pregunta -acerca de lo que siente al ver a alguien tan querido en coma-, sólo porque entiende el peso de su apellido y el de su padre dormido. Ese que todos quieren ver despierto.

"No hay nada más para decir, sólo que intentamos adaptarnos a la situación. Y no puedo, en realidad, aportar mucho más a lo que ya se ha dicho, salvo que yo lo sigo teniendo siempre presente en todo lo que hago. Ya sea escuchando sus canciones o hablando con él, donde sea que esté. Lejos o cerca. Y bueno, no mucho más que eso".

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