Fotógrafo interviene las murallas olvidadas de Santiago

Richard Aravena, de 32 años, exhibe sus imágenes en paredes abandonadas de la capital.

por Paulina Cabrera
Ampliar

Cae el sol en Santiago. Son pasadas las siete de la tarde y RaM -seudónimo de Richard Aravena Medina- llega a la esquina de Ladrilleros y Vargas Fontecilla en el viejo barrio de Quinta Normal. En su mano, un balde con engrudo y una brocha. En su bolso, 96 páginas en blanco y negro. El silencio de la calle sólo es interrumpido por unos niños en bicicleta y una madre que sacó a pasear a su hijo en coche.

RaM toma sin apuros una huincha de medir y hace un par de cálculos sobre una muralla de adobe de la que fue una casa esquina. La pared está agrietada. Tiene un par de rayados encima, pero claramente lleva tiempo abandonada.

Cuidadosamente y con la ayuda de una asistente, este fotógrafo de 32 años engoma y pega cada lámina. Sube y baja de la escalera, hasta completar el gran puzzle de imágenes de casi tres metros de largo.

Han pasado casi dos horas y donde antes había un muro liso, ahora aparece la imagen gris de un anciano. Se trata de una de sus fotografías favoritas, la de un carpintero que tomó hace más de una década y que es parte de las intervenciones que realiza en la capital.

"La idea nace por la falta de acogida en las galerías de arte y la necesidad de expresar y hacer lo que me gusta, así que me fui tomando los espacios. Es como una galería al aire libre. Hemos intervenido el puente colgante de Huérfanos, plazas y diversas murallas abandonadas", relata.

Muros de adobe

A medida que recorre la ciudad va observando posibles lugares para exponer sus obras. "No me importa que las saquen pronto o que se terminen por despegar", revela sin ansiedad.

"El sentido es que se vayan transformando, que pierdan su color, que la imagen se borre con el tiempo, que la gente que transita vea el cambio de la imagen y haga su propia reflexión. Eso es parte del sentido de que esté en la calle", agrega.

Calcula que en los últimos tres años ha hecho una veintena de instalaciones urbanas. Algunas duran apenas dos días, como la que puso sobre un muro que da a la Plaza Brasil y otras alcanzan a sobrevivir un par de meses. Siempre coloca su firma a un costado y a veces su mail. Sin embargo, el trabajo es anónimo, porque la imagen sólo está para los que se detienen a mirarla.

La fotografía escogida para la muralla de adobe en Quinta Normal es parte de una serie de personajes de barrio a los que conoció hace varios años.

"Recuerdo que este caballero era un personaje muy particular, vivía en una pieza muy pequeña al frente de mi casa. Cuando éramos chicos, le decíamos con mis amigos, '¡Motito y la trompeta! ' y comenzaba con su boca a imitar el sonido y nos tocaba como una especie de charleston", recuerda.

"Cuando decidí trabajar en mi barrio, con la gente, los personajes, la historia y mi propia vida, lo entrevisté y estuvimos conversando mucho rato, le tomé varias fotos, pero de repente tomé esta y supe que había logrado captar el instante que quería" , remata.

  • Sé el primero en comentar comentarios
     
SUPLEMENTOS Y REVISTAS

Santiago

Página 73
      LaTercera.com
      SIGUENOS TAMBIEN EN:
      ACTUALIZA TU EXPLORADOR: