Milan Ivelic, sus proyectos y opiniones fuera del Museo Nacional de Bellas Artes

El académico será parte del directorio de Fundación Itaú y trabajará en dos libros, uno es la continuación de Chile, arte actual.

por Estefanía Etcheverría
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Es la mayor estrella viva de la descarga legal de libros en Chile, pero a pesar de eso Milan Ivelic comete errores gramaticales. Aunque lleva un mes y dos días fuera del Museo de Bellas Artes, a veces el ex director aún conjuga su antiguo trabajo en tiempo presente y en plural, como si él y la institución siguieran unidos. Falla comprensible en alguien que estuvo 19 años a cargo del museo más importante del país. "Es una cuestión que hay que ir asimilando de a poco. Es que después de tanto tiempo se van creando muletillas", dice entre risas.

Hoy, Ivelic está de vacaciones, inubicable y fuera de Chile. Pero esta semana, antes de partir, habló con La Tercera sobre su vida fuera del museo. "Lo que más me satisface es que ahora puedo disponer de mi tiempo, eso nunca lo había logrado en el transcurso de mi vida". Y lo que dispone a sus 76 años no solo considera descanso estival. A partir de marzo, Ivelic retomará su trabajo docente en la Universidad Católica, pero además tendrá nuevas funciones que renovarán su labor de autor y director.

Ivelic publicó en 1988 junto a Gaspar Galaz Chile, arte actual, un libro indispensables del arte local y el más descargado del sitio Memoria Chilena durante el 2011 tras las Putas asesinas de Bolaño. La tarea es actualizarlo junto a Galaz, crear un segundo volumen que cubra desde 1988 hasta el presente. "No estamos apurados. Queremos trabajarlo con mucha calma. Pienso que eso va a demorar dos años". Además, Ivelic evalúa otra publicación, una que agrupe "a nivel de ensayo algunos temas más cortos que siempre me han interesado. Son trabajos que he desarrollado de forma inédita. Es un material manuscrito que tengo que empezar a revisar y que seguramente puede dar origen a una publicación miscelánea".

También en marzo comenzará su trabajo como parte del directorio de la Fundación Itaú, donde su meta es reforzar el plan cultural que han desarrollado hasta ahora. "La idea mía es que ojalá el escenario cultural sea lo más amplio posible, poder llegar a distintos estratos independiente de la condición socioeconómica de la gente". Pero este año será poco lo que pueda intervenir, porque la programación 2012 ya está armada.

En marzo, la Fundación Itaú en conjunto con la Corporación Cultural de Las Condes expondrá grabados de Rembrandt y casi al mismo tiempo presentará junto al Museo de Bellas Artes El papel del amigo: caprichos de un curador, con obras de la colección de Edward Shaw. Esta exposición es parte de la huella de Ivelic en el museo al que renunció el año pasado. Al menos este año y el próximo la programación tendrá su sello, porque fue gestionada durante su dirección. Pero más allá de lo agendado, el vínculo se mantendrá activo precisamente gracias a su nuevo cargo. Es que la Fundación Itaú y el Museo de Bellas Artes ya tienen una historia de trabajo conjunto que Ivelic espera fortalecer, aunque "entendiendo bien que hay también otras instituciones que requieren ayuda y colaboración. Tampoco quiero ponerme en una postura de privilegiar una institución por otra".

Desde el año cero del regreso a la democracia Ivelic estuvo en el servicio público, primero como agregado cultural en Ginebra y luego como director del Museo de Bellas Artes.

Ahora que está por primera vez está fuera de los organismos públicos, ¿cuál es su opinión sobre los fondos de cultura que se entregaron recién?

Es un problema histórico. Nunca la cultura ha tenido el presupuesto que le ha correspondido y creo que pasará mucho tiempo antes que se entienda que la cultura tiene un grado de prioridad. En un país como el nuestro en el que hay una especie de crispación social y política, la cultura puede ser un elemento catalizador para orientar a la sociedad.

¿La cultura está entregando la mirada crítica necesaria?

No todavía. En el mundo de los artistas hay una reflexión crítica, pero que no tiene una presencia social importante. Trabajan más bien en espacios enclaustrados, lo que está motivado porque los medios de comunicación se mueven por el financiamiento y creen que todos somos imbéciles. Hay una especie de esquizofrenia en la que el mundo económico se impone sobre todas las cosas. Obviamente que un artista no va a cambiar el mundo, pero puede contribuir a crear conciencia, y esa conciencia es lo que falta.

¿Faltan políticas públicas orientadas a eso?

Creo que las políticas públicas están más orientadas, como ha ocurrido habitualmente en nuestro país, a la inmediatez de los acontecimientos. A aplicar la política bomberil: apagar incendios.

¿Eso se trasluce en las políticas culturales?

Pero sin duda. Si estás haciendo políticas culturales que constituyen solamente una especie de show para el día, pero no hay una actividad sistemática y permanente, que es lo que a mí me parece importante.

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