El factor Lagarde en el salvataje de la crisis europea

A siete meses de asumir como directora gerente del FMI, Christine Lagarde ha sido clave en la disposición europea a recapitalizar la banca y en atenuar la dureza fiscal de Alemania.

por Mauricio Rodríguez K.
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Dos meses antes de que asumiera en su cargo actual y aún ejerciendo como ministra de Hacienda de Francia, Christine Lagarde sostuvo que no había necesidad de que el gobierno griego se reestructurara. Pero no sólo la dirigencia griega cayó, sino que el país entero luce hoy al borde de un abismo. Un par de meses antes había predicho que los fondos de rescate europeos eran suficientes para lidiar con la crisis. Actualmente, ni siquiera ella cree eso.

Esta es, desde hace siete meses, la jefa máxima del Fondo Monetario Internacional (FMI), una de las figuras más prominentes en los intentos por salvar la Unión Monetaria Europea (UME) del quiebre, y a sus miembros de la quiebra.

Pero pese a esos errores de juicio, la sucesora del también galo Dominique Strauss-Kahn (DSK) no se ha quedado corta en liderazgo en el corto tiempo al frente del FMI, contribuyendo a aunar posiciones y a contrapesar las estrictas posturas de Alemania, dicen los observadores.

Tan importante como eso, fue ella la que ayudó a convencer a los líderes europeos de la necesidad de recapitalizar la banca, para garantizar la estabilidad financiera si alguno de los países de la eurozona llegaba a quebrar. Hasta su llegada, "la indecisión de los líderes europeos terminó creando muchos más problemas", comenta un alto funcionario del Banco Mundial.

"Lagarde ha hecho que el FMI deje de ser parte del problema y sea parte de la solución", elogia Barry Eichengreen, profesor de la Universidad de California, Berkeley, y participante con Lagarde en los más relevantes foros, donde la francesa ha logrado que su mensaje llegue a quienes toman las decisiones.

La directora gerente del FMI "tiene la costumbre de los banqueros centrales de hablar a través de discursos", dice un alto economista en una de las multilaterales de Washington.

"La intervención que le oímos en el Jackson Hole pasado fue clave en darle un empujón a la recapitalización", agrega.

En esa oportunidad, en agosto, dijo que "los bancos requieren una recapitalización urgente (...). Esto es clave para cortar los eslabones del contagio". Diligentemente, en octubre, durante la cumbre de la Unión Europea (UE), se dispuso que los bancos deberán mejorar sus índices de solvencia, fijándolos en un 9% del capital de primera categoría.

Eichengreen compartió el panel con ella en esa oportunidad, y opina que "bajo su gestión, el Fondo se ha hecho mucho más fuerte sobre la necesidad de la recapitalización bancaria en Europa".

A juicio del funcionario del Banco Mundial, esa es la manera acertada de proseguir. "La troika perdió demasiado tiempo tratando de prevenir un default de Grecia, y no estoy seguro de que esa sea la forma correcta de lidiar con esto. Lo más importante es la estabilidad financiera y evitar una crisis bancaria", indica, aludiendo al comité tripartito que decidirá el destino de Grecia -con el FMI, la UE y el Banco Central Europeo (BCE).

Como todos los especialistas, resiente, eso sí, la forma en que se dispuso la recapitalización: en vez de inyectarles capital a los bancos, se les posibilitó también reducir sus préstamos para alcanzar ese 9%.

"Debe prevenirse que los bancos vayan en reversa, contrayendo el crédito para mejorar sus ratios de capital", dijo, hace dos semanas, en el Consejo Alemán de Relaciones Exteriores.

"Ese, el de Berlín, es el otro discurso clave de Lagarde", dice el economista de la multilateral.

Ahí no sólo instó al BCE a involucrarse más en la solución de la crisis, sino que también insistió en su puja con la canciller alemana, Angela Merkel.

"Es esencial que el BCE provea el respaldo necesario en liquidez para estabilizar el fondeo bancario y el mercado de deuda soberana", señaló Lagarde.

Esta semana, de hecho, el BCE se involucró más, anunciando que asumirá pérdidas al unirse al comité de acreedores de Grecia.

Lagarde sostuvo en esa oportunidad que "sí, varios países no tienen más opción que ajustar sus cuentas públicas drástica y rápidamente. Pero eso no es igualmente cierto en todas partes. Hay un gran núcleo donde el ajuste fiscal puede ser más gradual. Ciertamente, se debe dejar que los estabilizadores automáticos operen".

A pocas cuadras a través del Tiergarten se encuentra la Cancillería alemana, donde Merkel ha puesto como condición a la asistencia financiera alemana una fuerte austeridad fiscal desde Grecia y Portugal hasta Italia y España.

Pero "Lagarde les ha indicado a los europeos que la austeridad puede irse de las manos, que la consolidación fiscal puede proceder demasiado rápido y matar el crecimiento, probando ser contraproducente. Este es un avance muy importante", opina Eichengreen.

"En este punto, es curioso que Merkel esté teniendo el rol que en circunstancias pasadas le correspondía al Fondo, es decir, la condicionalidad de la consolidación fiscal", dice Stephan Richter, presidente de The Globalist, una publicación en Washington. En ese sentido, se estima que, más bien, "Lagarde está llevando el mensaje de Olivier Blanchard", el economista jefe del FMI, que aboga por un enfoque más keynesiano que el clásico atribuido al FMI. Blanchard publicó hace dos años un paper donde, incluso, recomendaba olvidarse de la inflación por un rato en momentos de desaceleración económica, para paliarla con estímulos fiscales y monetarios.

Ese enfoque la pone en sintonía también con el Tesoro norteamericano.

"El Tesoro, además, no ha tenido que defenderse más de las llamadas de atención de DSK, quien solía poner énfasis en los desequilibrios de EEUU. Hay que fijarse en que con Lagarde a la cabeza del FMI, (Tim) Geithner no ha tenido que dar más explicaciones", plantea Richter.

En sus relaciones con el Tesoro, además, cuenta con la asistencia de su deputy, el primer director gerente adjunto del FMI, David Lipton.

Este es un ex administrador de hedge funds y también ex funcionario del Tesoro en tiempos de la presidencia de Bill Clinton, en los 90.

"Lipton es cosa seria. Es un tipo muy bueno, muy fuerte, que le da el respaldo a Lagarde de que, más allá de cualquier cosa, tiene un economista muy fuerte detrás", dice el economista de la multilateral.

"Creo que es David el que diseña las políticas del Fondo, mientras Lagarde viaja y da sus discursos", señala Richter.

A su juicio, la relación actual que se da en la dirigencia del FMI no es más que la tradicional: un europeo a la cabeza, un americano como su deputy, y este último a cargo de las relaciones con el Tesoro, el principal accionista de la entidad, y diseñador de políticas.

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