Recorriendo la Antártica: una millonaria opción para amantes de la naturaleza

Es la ruta turística más cara en el mundo, preferida por biólogos, extranjeros y aventureros.

por Flor Guzmán
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Sentarse en medio de colonias de pequeños pingüinos y navegar en las aguas junto a gigantescos hielos milenarios en un zodiac. Esa es parte de la experiencia que pueden vivir quienes deciden pagar una expedición al continente más austral del planeta.

El precio de un crucero de 11 días a la Antártica en temporada baja, es decir, en la primera mitad de marzo, es de US$ 6.800 ($ 3.382.000). Según cuenta Rodrigo Ortúzar, agente de Turismo Milodón, en febrero, la suma asciende a US$ 8.500 ($ 4.589.500), casi el triple de lo que vale recorrer de Mumbay a Delhi, en la India. Pero la experiencia es "incomparable", así lo asegura José Miguel Selnam, médico, quien ha visitado varias veces la Antártica, algunas debido a su profesión.

Sin embargo, las visitas a la Antártica disminuyeron de 45.213 a 33.800 desde 2009, según la Asociación Internacional de Operadores de Turismo Antártico. Ese año se endurecieron las reglas para las visitas al continente (ver recuadro).

De noviembre a marzo, temporada en la que se puede ir a territorio antártico, pingüinos, ballenas, focas y aves adornan el paisaje. Es pleno período de reproducción, por lo que los turistas pueden ver a los animales con sus pequeñas crías asomándose al mundo.

"No huyen de ti. Es el único lugar donde te puedes sentar en medio de los pingüinos y estar horas observando qué hacen, escuchando todos sus ruidos", dice Selnam, "tú puedes alejarte de todo. No hay otro lugar en el que puedas estar más lejos. Estás sólo tú y la naturaleza".

"Es casi uno de los últimos destinos que la gente quiere conocer. Estamos dirigidos a un nicho súper específico, no sólo por el precio, sino que, además, es para gente que es amante de la naturaleza.", explica María del Pilar Fernández, gerenta de Ventas de Antartic Dream. Según las agencias, la mayoría de los clientes son extranjeros, personas a las que sólo les falta conocer la Antártica, o profesionales como biólogos u ornitólogos. También existe un público joven y aventurero que compra los pasajes más baratos a última hora en Ushuaia. Las expediciones en barco tardan dos días y medio en llegar a las primeras islas antárticas. Son dos días "tediosos", dice José Miguel Selnam, pero la mayoría se "olvida de todo eso apenas llega a la Antártica", agrega.

Por tierra o por aire

Antartic Dream ofrece dos programas. Uno es de 11 días y se parte de Ushuaia, en Argentina. Recorre las Islas Shetland del Sur y la península antártica. Los pasajeros se bajan por lo menos dos veces al día, dependiendo del clima, y realizan expediciones a pie o en zodiac.

En la bahía de Pleneau, en Isla Peterman, lugar más austral de la expedición, "puedes ver los témpanos de las formas más increíbles que puedas imaginar. Estructuras de hielo gigantes", dice José Miguel Selnam.

Visitar bases científicas y militares, como la Teniente Rodolfo March y su museo, es parte del itinerario de los viajes a la Antártica.

En Caleta Péndulo, Isla Decepción, los turistas pueden darse el único baño de la expedición.

El otro programa que ofrece Antartic Dream es de ocho días. Tiene las mismas jornadas en territorio antártico, pero se diferencia en el transporte. Se puede comenzar volando de Punta Arenas a la Base Teniente Rodolfo Marsh, lugar donde los turistas se suben al barco y comienzan el recorrido. El valor es de US$ 6.900 dólares por persona.

Las reglas del continente blanco

Hace 10 años, 6.700 personas visitaron la Antártica. En la temporada 2008-2009, aumentaron a 45.213. Debido a esto, los países miembros del Tratado Antártico decidieron imponer restricciones al turismo para prevenir accidentes y conservar el ecosistema, considerado virgen. La cifra de visitantes cayó a 33.800 personas en la temporada 2010-2011. La Asociación Internacional de Operadores de Turismo Antártico (Iaato) es la encargada de supervisar que se cumplan las reglas. Entre ellas está la prohibición de que un grupo mayor a 100 personas descienda al mismo tiempo. Otra es que, al descender, deben hacerlo con botas especiales, las que lavan con un líquido antes de descender y, luego, cuando vuelven al barco. Nada sale ni entra a la Antártica", dice María del Pilar Fernández.

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