LA TERCERA EDICION IMPRESA | lunes 30 de enero de 2012
En plena Región Metropolitana, la comuna de Lo Prado ofrece a sus alumnos sólo un liceo técnico y cuyo promedio no supera los 450 puntos en la PSU. Seis jóvenes rompieron la tradición y hoy se exhiben sus logros en las calles de la comuna: haberse convertido en universitarios.
De regreso del aeropuerto, por General Bonilla, frente al ex Mundo Mágico, una gigantografía, de seis por tres metros, invita a los estudiantes de la comuna de Lo Prado a matricularse en sus colegios. En ella figura el nombre de Angela Herrera, ex alumna. Es parte de una campaña del municipio para captar alumnos. Otros nombres están en varias paletas, ubicadas en puntos estratégicos. En cada una salen mencionados sus logros: estudiar en la universidad.
En Lo Prado "no había un solo alumno que pudiera entrar, proveniente de la educación municipal, a la universidad, menos a una tradicional", dice el alcalde Gonzalo Navarrete. El único colegio de enseñanza media que rinde la PSU es técnico, el Pedro Prado. Su puntaje promedio en la última PSU: 443 puntos.
La realidad comenzó a cambiar en 2007, cuando la Universidad de Santiago, que asesoraba al Pedro Prado, les ofreció un innovador plan: apostar al futuro de los mejores alumnos. Todos los sábados, durante un semestre, los estudiantes de cuarto medio que figuran en el 10% mejor de su promoción fueron a clases de nivelación de matemáticas, lenguaje y gestión personal. Los 50 mejores, que aprobaran todos los ramos, serían seleccionados para, sin piso mínimo de puntaje PSU, ingresar a la Usach, al Bachillerato. Ello, con todo el arancel financiado.
La primera generación en matricularse en el Bachillerato la formaron 46 alumnos, de cinco colegios de Pudahuel, Lo Prado y Pedro Aguirre Cerda, entre otras comunas. Once del Liceo Pedro Prado. "Estos jóvenes son la elite intelectual de sus barrios, pero, en general, provienen de colegios que tradicionalmente no dejan alumnos en la universidad", dice Máximo González, director de la Cátedra Unesco Inclusión en la Educación Superior, como hoy se denomina al programa.
Uno de los seleccionados era Ricardo Salazar. "Mi sueño siempre fue ingresar por la entrada principal de la Usach, pero lo veía lejano. Por eso, pensaba trabajar al salir del colegio y juntar dinero. La beca cambió en 180 grados lo que pensaba hacer", cuenta.
Pero el camino no fue fácil. Lo reconoce Ricardo. El, acostumbrado a puras notas sobre 6, en su primera prueba de matemáticas obtuvo un 1,2. "No tenía hábitos de estudio. En el colegio me pasaban lo más básico", recuerda.
Valeria Lefio, otra integrante de la primera generación, estuvo a punto de abandonar todo, cuando estaba en primer año de Bachillerato. "La base era muy mala. Sólo aprendimos hasta segundo medio. En tercero y cuarto no recuerdo haber aprendido nada, se enfocaban en cosas como llenar cheques".
En Bachillerato sólo aprobó un ramo: "No sabía nada y tampoco tenía tiempo para estudiar. Llegaba a casa en la tarde y tenía que ayudar a mi mamá".
El camino fue tan duro que de los 11 alumnos que ingresaron de Lo Prado, en 2008, seis abandonaron el programa. Otros 11 de los otros liceos siguieron sus pasos. Una deserción de 37%.
El alcalde Gonzalo Navarrete recuerda que de la Usach les avisaron que algo no estaba funcionando. "Los chicos tenían un problema social: no tenían materiales de estudio ni un lugar para estudiar, y un déficit académico muy alto". La municipalidad contrató una asistente social y una sicóloga, que recorrieran casa a casa, viendo si había un lugar donde el joven pudiera estudiar, conversando con las familias. "En muchos hogares les decían que mejor se pusieran a trabajar", recuerda el alcalde.
El municipio puso una beca mensual que hoy asciende a $ 75 mil. Eso fue lo que salvó a Valeria. "Fue un incentivo: pensaba si me pagan la universidad, me pagan el pasaje y las fotocopias, ¿cómo no voy a seguir?". El mismo pensamiento que la hizo no abandonar cuando se enfrentó al segundo obstáculo en su camino por convertirse en profesional: el año pasado quedó embarazada y tuvo que congelar. Hoy se cambió a la jornada vespertina para poder seguir estudiando, mientras de día cuida a su hijo. Su carrera: Tecnología en Construcción, donde cursa el primer año, de los tres que dura el programa.
Ricardo estudia el segundo año en Administración de Empresas. Sus otros cuatro compañeros están en distintas facultades de la Usach.
Desde que, en 2008, ingresara la primera generación al Propedéutico, varias cosas han mejorado. La deserción bajó a 11%; 108 alumnos, de tres promociones y de más de 10 liceos, cursan una carrera. Treinta son de Lo Prado. También se ha impactado no sólo a los seleccionados, sino a que toda su comunidad, unos ocho mil alumnos por cada promoción. Todos han visto que la posibilidad de ir a la universidad es real, y sólo por ese hecho sus puntajes en la PSU han subido. La primera generación que ingresó al Bachillerato promedió 435,9 puntos; la que ingresó en 2011 obtuvo 60 puntos más.
Una idea que recogen las 40 paletas publicitarias que tiene desplegada la Municipalidad de Lo Prado en sus calles, con los nombres de sus hijos ilustres y que resume su alcalde: "Lo que promocionamos es que estudiar vale la pena y puedes tener un salto al desarrollo. Los cabros antes no tenían esa convicción".