LA TERCERA EDICION IMPRESA | viernes 27 de enero de 2012
Señor director:
En la propuesta de algunos diputados para incrementar la disposición de órganos para trasplante subyace por defecto la idea de que las personas prefieren no donar sus órganos después de su muerte. Por lo tanto, se estaría estableciendo una política de consentimiento presunto, lo que ayudaría a aumentar la cantidad de donantes. Esto significa, en palabras simples, que si no hay evidencia de la intención de no ser donante en la persona, será tratada como si quisiera donar.
Este proyecto dificulta la autonomía de las personas que no desean ser donantes, ya que al exigir establecer nuestra voluntad ante notario, genera una traba adicional para que cada persona ejerza el básico principio de autonomía. Esto dejaría a aquellas personas menos educadas y con menos recursos expuestas a que, sin desearlo, se disponga de sus órganos sólo por la dificultad de acceder a un notario.
La objeción es que si ponemos en marcha la presunción del consentimiento de ser donantes, el resultado final será la extracción de órganos de los cuerpos de las personas que no quieren que sus órganos sean extraídos. Esta situación no es moralmente aceptable, ya que viola el principio de respeto a la autonomía que fundamenta nuestro concepto de consentimiento informado.
Alejandra Gajardo
Dir. Escuela de Enfermería, U. Santo Tomás Santiago