"Al principio quedamos en shock"

Hace siete años, Luis Larraín -director ejecutivo del Instituto Libertad y Desarrollo- se enteró de que su hijo mayor es gay. Dice que no durmió esa noche. Reconoce que en el mundo conservador al que pertenece, la homosexualidad es poco aceptada y hay prejuicios. Después de un 2011 donde el tema salió a la calle, se creó la Fundación Iguales y dos proyectos de ley están en trámite legislativo, Larraín se atreve por primera vez a contar en extenso esta historia.

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"Cuando nos enteramos de que nuestro hijo Luis era homosexual fue un momento muy fuerte. Nos golpeó a toda la familia. Uno no espera una cosa así. Recuerdo que mi mujer y yo conversamos mucho rato con Luis en un restaurante hasta despejar muchas dudas, especialmente me interesó formarme una convicción acerca de si esto era algo definitivo, si su condición era reversible o no. Al regresar a la casa, yo volví a su pieza y, tras una nueva conversación, me quedó claro que él había luchado durante años contra lo que estaba sintiendo, había tenido pololas antes de aceptarse tal cual era. Intentar cambiar algo así me pareció algo totalmente antinatural. Porque hubiera atentado contra su dignidad y felicidad.

No dormí esa primera noche. Creo que me desvelé varias otras también. Andaba bajoneado, porque debía enfrentar y aceptar algo que era raro para mí. Desde ese instante, hace siete años, empiezas a cuestionarte muchas cosas. Yo no tenía gente muy cercana que fuera homosexual, entonces por primera vez piensas bien el tema, intentas comprenderlo. En su círculo cercano, algunos amigos lo sabían, pero para Luis era importante que nosotros, su familia, fuéramos de los primeros en saberlo.

Después de que nuestro hijo nos contó, se generaron varias conversaciones mías y de mi señora con él que fueron ayudándonos en este proceso. Lo primero que quisimos fue conocer más la situación de la homosexualidad. Agotar el tema: ahondar en aspectos como la promiscuidad, que es la imagen que uno tiene de ese mundo, basado muchas veces en prejuicios propios. El se dio tiempo para contestar todas nuestras dudas.

También quisimos profundizar más en su historia personal. Cuando Luis era un niño, mi mujer y yo consultamos a un siquiatra porque él era distinto, no tenía muchos amigos hombres, no le gustaba el deporte. Yo lo llevaba al estadio y no le interesaba. Me preguntaba por qué el señor de negro no tenía número. El diagnóstico del médico no detectó una condición homosexual. Yo me quedé tranquilo. Cerré el capítulo. Ahora reconozco que puede haber sido parte de un proceso de negación mío".

"Durante esos primeros días quisimos escuchar de nuestro hijo todo lo que no nos había contado. Lo que no se había atrevido a comentar. Al principio fue bastante doloroso, quedamos en shock. Si bien yo no andaba en mis días más felices, nunca se me pasó por la mente consultar la opinión de un cura o de un médico que pudieran indicarme un camino destinado a revertir su condición homosexual; me formé mi propio juicio y fue muy categórico. Eso ayuda a enfrentar mejor el tema: al no tener interrogantes -ni dudas-, dejas de mantenerte herido y aceptas plenamente su condición homosexual. Afortunadamente, nunca tuvimos ninguna duda de apoyarlo. Ahora, cuando tomas conciencia de la homosexualidad, tomas conciencia de la dificultad que tiene su vida para adelante. Le consulté si entendía bien lo que debía enfrentar a futuro, si sabía cómo operaba este mundo y que su condición le iba a causar dificultades e incomprensiones. Porque Chile hace siete años era un país bastante diferente; el tema apenas se hablaba.

Al principio sentí que a mi hijo le iba a costar encontrar un trabajo por su condición. Pero después te das cuenta de que esos son temores de uno y que lo principal es la determinación de él de afrontar su condición. Lo conversamos en profundidad. Efectivamente, Luis me confidenció que, en general, los test sicológicos que se realizaban antes de ser contratado contaban con tres o cuatro preguntas que detectaban la sexualidad de una persona. Entonces, varios como él contestaban como heterosexuales, para evitarse problemas. Desde ese punto de vista, yo estuve preocupado. Pero él tenía las cosas demasiado claras. Por eso, después de un tiempo aceptamos su decisión de revelar su condición y de luchar por los derechos de los homosexuales, que es lo que él ha hecho.

Por supuesto que fue delicado conversar el tema con los otros cuatro hermanos, todos menores que Luis. Pero pienso que lo manejamos bien. El propio Luis les contó a algunos de ellos, y esperamos un tiempo antes de comentarle el tema a nuestra hija menor, que entonces tenía nueve años. Luego, había que enfrentarse al mundo: uno siente preocupación de cómo los demás van a enfrentar el tema, pero al final la gente se lo toma mucho mejor de lo que uno espera. Las personas que a uno lo quieren y aprecian no se van a alejar por una situación así.

En un par de semanas se lo contamos a los otros miembros de la familia y, un tiempo después, a nuestros amigos. Algunos habían escuchado del tema. Fueron días complicados, porque cada vez que lo cuentas, en alguna parte se revive el dolor. Las reacciones fueron bastante variadas: apoyo incondicional de toda nuestra familia; gente que te respalda y que, además, apoya tu decisión de apoyarlo plenamente. Esas son personas que tienen un pensamiento más abierto y que aceptan la homosexualidad. Recuerdo que cada vez que recibía muestras de apoyo por email se las reenviaba a Lucho. El también tenía la inquietud de cómo mi entorno iba a reaccionar frente al tema.

Otros amigos te apoyan en lo personal -te dicen estoy contigo-, pero uno se da cuenta de que discrepan absolutamente que el tema se haga público y la solución para ellos es la que antes podría haber tenido la sociedad chilena, que es callarlo. No siempre te lo dicen directamente, pero uno lo siente. Ahí uno piensa, bueno, están equivocados. Aquí no hay nada que esconder. Otras personas, que no me conocen, me han insultado por Twitter por tener un hijo gay. Uno siente lo mismo que cuando alguien te agrede, pero no le doy más importancia de la cuenta.

Mirando para atrás, creo que la experiencia de Luis ha sido buena para nuestra familia. Aunque nunca hemos sido muy cerrados, vivimos en un ambiente donde la homosexualidad es un tema poco aceptado. Hoy, en nuestra familia, la homosexualidad es comprendida y aceptada, y en muchos casos su reivindicación es mirada con simpatía. Siento que hoy somos un grupo familiar tolerante a gente distinta y que piensa distinto a uno. Somos una familia mejor".

"Desde esa primera conversación, que fue muy franca, nunca me cupo ninguna duda acerca de la madurez de la decisión de Luis de asumir su homosexualidad. Era cosa de conversar con él para darse cuenta que asumirla era la única forma de ser honesto intelectual y moralmente. De vivir con la verdad que, a mi juicio, es uno de los valores más importantes en esta vida. En ese sentido, creo que nadie debería hacerle un cargo moral. De hecho, pienso que el reconocerlo sólo sube los bonos de mi hijo desde el punto de vista valórico. A veces, la reacción de algunas familias o incluso de la Iglesia es que este es un tema que se puede corregir, pero eso me parece completamente irreal. No es más que parte de un proceso de negación.

De lo que he conversado con Luis y sus amigos, el reconocimiento a su condición es algo muy importante para ellos y creen que la sociedad chilena está madura para ello. En otros tiempos, la única forma tolerable de vivir la homosexualidad en Chile era ocultarla, y por eso uno entiende a la gente que lo hacía, o incluso se iba del país. Ahora no.

A mí, la pena que me vino en el momento que supe todo fue de manera retrospectiva: captar todo lo que sufrió Luis cuando era más chico, en el colegio, en la universidad, cuando lo que sentía tenía que callarlo y, además, luchar contra ello. Como familia todos lo hemos apoyado mucho. Los niños a nosotros como padres nos han ayudado también. Porque la mirada de ellos es mucho más desprejuiciada. Eso es muy bonito. Por ejemplo, tengo otro hijo, Pedro, que está en el seminario. Supe que él quería ser sacerdote de Schoenstatt poco tiempo después de que Luis nos confidenció su homosexualidad. Eso hace que nuestra familia sea muy diversa, y que se respeten las distintas maneras de pensar. Mis dos hijos en algunas cosas tienen diferencias, pero siempre he visto que existe un respeto de ambos por las decisiones que van tomando en la vida. Las puertas de mi casa están abiertas para mi hijo Pedro y otros seminaristas, tanto como para Luis y sus amigos. También, desde un comienzo, aceptamos que Luis viniera a la casa con su pareja. El, en todo caso, siempre ha sido muy discreto con todo lo que se refiere a manifestaciones afectivas. Porque sabe que eso puede ser fuerte para nosotros. Pero, obviamente, yo quiero que sea feliz y me imagino que él va a ser más feliz en pareja que solo".

"Nunca he sido tan conservador, pero soy parte de ese mundo, de una parte de la sociedad chilena donde existen muchos prejuicios, algunos de los cuales yo también tenía antes en relación a los homosexuales. Pero mi discurso ha sido siempre un poco más liberal. Me ayuda en eso haber estudiado en el colegio Saint George, que era bastante abierto en temas valóricos. Nunca he sido tan pechoño, si no, pienso que todo esto hubiera sido más difícil. Afortunadamente, he contado con el apoyo de mi madre y todos mis hermanos y cuñados. Para qué decir mi mujer, que además es de raíces luteranas y tiene una forma de pensar más abierta. Yo soy católico, voy a misa, y trato de ser observante. La fe nunca se me ha dado muy fácil, pero mi decisión es ser católico.

Aunque nunca tuve sentimientos homofóbicos, existía la típica cosa en el ambiente que movía a tirar la talla… Para mí, al principio, esta era una situación extraña, pero si te das tiempo para conversar, te das cuenta que es una realidad más, en el sentido de que son personas completamente normales en cuanto a cómo desarrollan su vida y sus afectos, pero que tienen una condición sexual distinta.

Personalmente, esto lo he vivido como el dolor físico: el proceso de recuperación no es de un día para otro, pero con mi mujer reflexionamos que cualquier problema que esto nos causara a nosotros -el qué dirán, por ejemplo- no era nada comparado con el dolor que tuvo que pasar Luis. Al comienzo, uno como padre no deja de pensar en lo que le viene para adelante. Yo me digo, bueno, sólo hay que respaldar. Sobre todo si el pasado de Luis fue complicado por esto. Lo que entonces hay que hacer es alivianarle su futuro. Y eso, para un padre, se hace con apoyo.

Luis no eligió ser gay. De eso estoy seguro. Cuando él me comentó que sería parte de la franja de Sebastián Piñera, para mí no significó ningún problema. Esa fue la primera vez que pude comprobar empíricamente que el tema ya no me afectaba para nada".

"La homosexualidad sigue siendo un tema complicado, pero Chile ha mejorado mucho. Creo que hoy es algo que se conversa con mucha más seriedad que antes y que mucha gente, me incluyo entre ellos, apoya que sean tratados con dignidad. Igualmente, comparado con Estados Unidos o Europa, la realidad es completamente distinta, simplemente porque allá no es tema.

Después de enterarme de la homosexualidad de Luis, mi actitud ha cambiado, pero no mi discurso, porque nunca tuve un discurso respecto de este tema. Yo pienso que las convicciones uno se las va formando a partir de ciertos principios, pero también a partir de ciertas experiencias que uno va viviendo. Por eso, las convicciones que cada persona tiene también pueden cambiar. Porque muchas veces la vida te hace ver cosas que antes no veías. Yo antes, por ejemplo, creía que el entorno era importante en la determinación de la homosexualidad. Hoy día pienso que no. No tengo problemas en decir que he cambiado de opinión.

En un comienzo uno se culpa. Se pregunta qué hizo mal, pero después de reflexionar te das cuenta que todos mis hijos vivieron en un mismo ambiente y Luis es homosexual y los otros no. Eso, según investigaciones, puede pasar incluso con gemelos. No hay aspectos diferenciadores en la educación. Llegué a la conclusión de que no podría haber hecho cosas para cambiar su condición.

Le he dado vueltas al tema del matrimonio homosexual y no tengo una respuesta categórica, pero sí estoy a favor del Acuerdo de Vida en Pareja. Al final, creo que lo más importante es que exista un reconocimiento social. Eso es lo que quieren ellos. Los otros proyectos -a diferencia del de Allamand- que existieron en torno al tema resolvían problemas patrimoniales, sin reconocer a la pareja misma. Eso, en mi opinión personal, les importa mucho.

Tener un hijo gay no fue fácil desde el comienzo. Creo que cuando Luis nos contó, vivimos uno de los momentos más intensos que hemos experimentado en la vida, de más carga emocional. Pero al final, la aceptación es muy liberadora. Siento que hoy tengo una mejor comprensión del mundo".S

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