Crédito contingente al ingreso

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EL PRESUPUESTO presentado por el gobierno es aún insuficiente para abordar las profundas desigualdades existentes en el sistema educativo. A pesar de ello, algunos de los acuerdos que se gestaron en la recta final de la discusión presupuestaria 2012 representan un paso importante hacia el diseño de una política de financiamiento estudiantil más equitativa.

En concreto, destaca la futura creación de un sistema de créditos contingentes al ingreso. Este tipo de sistema no sólo permite abordar problemas de acceso a crédito, sino que también funciona como un seguro para aquellos jóvenes que experimenten períodos prolongados de cesantía y/o perciban salarios más bajos al egresar. En simple, es un seguro para aquellos con baja capacidad de pago en el futuro.

A pesar de lo anterior, es importante abordar algunos aspectos críticos. Primero, es necesario que el monto del crédito cubra el 100% de la matrícula y aranceles, y no sólo una parte de ellos (en algunos casos, el arancel de referencia equivale apenas al 60% del arancel real). Dado que esta medida generaría un incentivo a las casas de estudio a aumentar continuamente sus aranceles, es necesario que alguna institución pública tenga la facultad para limitar sus alzas, especialmente cuando éstas no estén respaldadas por mejoras en la calidad. La regulación de aranceles no constituiría una anomalía. Al contrario, existe en muchos países desarrollados, como Inglaterra y Nueva Zelanda.

Segundo, los créditos no sólo debieran cubrir aranceles, sino que también un monto acotado destinado a cubrir el costo de vida del estudiante. De hecho, la escasez de recursos durante el desarrollo de los estudios es una causa importante de deserción estudiantil.

Tercero, las cuotas de la devolución del crédito deben representar un porcentaje moderado del ingreso mensual de las personas. En este sentido, la propuesta del gobierno de que la cuota represente el 10% del ingreso mensual se ubica por sobre lo observado en otros países. Por ejemplo, en Inglaterra la cuota representa tan sólo 2.9%, mientras que en Nueva Zelanda 6.4%. Sería posible reducir este porcentaje, aumentando los años de devolución.

Finalmente, todo sistema de créditos debiera complementarse con uno de becas (completas o parciales), orientado a los estudiantes de menores recursos. La evidencia internacional muestra que estos jóvenes tienden a ser más aversos al endeudamiento, presentan horizontes temporales más cortos en la toma de decisiones y tienden a subestimar los beneficios netos de la educación superior. Por lo tanto, si bien un sistema de créditos contingente al ingreso limita fuertemente el riesgo de la deuda, no posee la misma fuerza que una beca a la hora de atraer a estudiantes tradicionalmente autoexcluidos.

En suma, los anuncios recientes en relación al nuevo sistema de créditos son un avance, sin embargo, su efectividad depende de las decisiones que se tomen en el área chica. Tal como dice el refrán, el diablo está en los detalles.

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