Temen "militarización" del gobierno de Humala tras cambio de gabinete

Luego de la renuncia del premier Salomón Lerner, salió la mayoría de los ministros "progresistas".

por Alejandro Tapia C.
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La orquesta estaba desafinada y necesitaba "cohesión". Así explican en Perú el difícil y delicado momento que vive el gobierno de Ollanta Humala, tras la sorpresiva renuncia de Salomón Lerner, el primer ministro y mano derecha del presidente. La salida de Lerner, que representa un durísimo revés para Humala, además del consiguiente cambio de gabinete -anunciado anoche- ha generado un huracán político en el Palacio Pizarro. Así, en el ambiente político peruano se habla de un triunfo del ala militar del humalismo y una eventual "derechización" del mandatario.

Las pugnas al interior del gabinete humalista -que en su momento recibió elogios por su carácter diverso- ya no daban para más y Humala, que ya en la campaña dejó claro que apostaría por el pragmatismo, estaría optando por "sacrificar" el ala izquierdista de su gobierno. Apenas asumió el poder en julio pasado, los analistas habían advertido que a Humala no le sería fácil mantener el equilibrio entre el crecimiento económico y los grandes cambios sociales exigidos por sus bases.

En el nuevo reordenamiento humalista, Lerner no sólo será reemplazado por Oscar Valdés Dancuart, un teniente coronel (R) al que Humala había confiado el Ministerio del Interior, sino que Luis Miguel Castilla, "garante" del manejo liberal de la cartera, se mantendría en su puesto.

Al mismo tiempo, parte importante de los ministros "progresistas" y hombres de Lerner dejó las jefaturas ministeriales.

El nuevo "número dos"

"Me preocupa mucho la militarización del Estado", dijo ayer el ex Presidente Alejandro Toledo, aliado ocasional de Humala, dando cuenta de la preocupación que existe en algunos sectores tras la partida de Lerner. El quiebre con Toledo es total, ya que ningún miembro de Perú Posible integra el nuevo gabinete. Algunos expertos han comparado este giro de Humala con el que en su momento dio Alberto Fujimori.

Valdés, el nuevo jefe de gabinete, fue instructor militar de Humala y tras su retiro del Ejército se dedicó a los negocios. Un encuentro casual con el presidente durante su campaña, "relanzó" la amistad entre ambos y Valdés logró convertirse en uno de los principales consejeros de su viejo camarada.

Con Humala en la Presidencia y Valdés como su "número dos", será la primera vez desde las dictaduras (1968-1980) que los dos mayores cargos en el Ejecutivo peruano queden en manos de militares, aunque sean oficiales en retiro en un gobierno democrático. Tanto Humala como Valdés son ex tenientes coroneles.

El "cuadro" militar lo completa el coronel (R) Adrián Villafuerte, consejero presidencial en temas de seguridad y defensa y considerado amigo personal de Humala. Según el diario Perú.21, Valdés y Villafuerte despachaban en paralelo con el mandatario, marginando a Lerner. En ese sentido, la pugna entre civiles y militares era insostenible.

Además, no sólo la escolta presidencial de Humala está compuesta por ex militares, sino que otros dos ex uniformados ocupan cargos clave: el jefe de la Dirección Nacional de Inteligencia del Ministerio del Interior (Digimin), coronel (R) de Ejército Eduardo Arbulú, y el titular de la Dirección Nacional de Inteligencia, capitán (R) Víctor Manuel Gómez Rodríguez, egresado de la Escuela Militar de Chorrillos, al igual que el presidente.

Lerner era clave para Humala, porque el renunciado premier era el "puente" entre el gobierno y el empresariado. Sin embargo, ya con la confianza de los inversionistas y los empresarios de su lado, Humala estaría apostando ahora por contener los crecientes conflictos sociales con alguien con un carácter mucho más fuerte, como el nuevo primer ministro, Oscar Valdés.

Pelea por Cajamarca

Las pugnas sin resolver al interior del humalismo explotaron a raíz del conflicto en Cajamarca, donde se suspendió temporalmente un millonario proyecto minero debido a una serie de protestas sociales.

Según el diario limeño La República, Lerner sostuvo una suerte de pelea ideológica con Humala por Cajamarca. Mientras el ex premier quería que las demandas ciudadanas y las críticas por una eventual contaminación de las aguas en la zona fueran tomadas en cuenta, tal como prometieron en campaña, el presidente estaba decidido a llevar adelante Minas Conga.

Lerner creía que Humala debía ir a hablar personalmente con los pobladores, algo a lo que se habría negado. Mientras el entonces primer ministro intentaba negociar con los dirigentes de Cajamarca, Valdés mantuvo una actitud confrontacional. Además, Lerner se quedó sin piso cuando se enteró que Humala, por consejo de Valdés y del ex coronel Villafuerte, había decidido decretar un estado de emergencia en la región.

"No tenemos ninguna esperanza con Valdés", dijo Gregorio Santos, presidente regional de Cajamarca. Ello, pese a que el gobierno ha prometido que no se cambiará la "hoja de ruta".

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