Otra solución para el bullying: Que mejore la víctima, más que el victimario

Una curiosa metodología para lidiar con los abusos entre niños consiste en cambiar el foco: en lugar de centrarse en quien provoca el daño, sicólogos estadounidenses sugieren enseñarles desde pequeños a los niños a desarrollar estrategias de resolución de conflictos.

por Andrea Pérez Millas
  • Compartir
Ampliar

SON UN cliché de la vida real y la ficción. Vienen en todas las razas, idiomas y tallas. Desde la flaca perfecta que abusa de su cohorte -porque más que amigas y admiradores, tiene su propio séquito-, hasta la gorda con frenillos que ofende primero para que nadie alcance a molestarla antes. En los hombres, los extremos se repiten, y los deseos de burlarse de los demás también. El bullying es un tema cada vez más sensible -de hecho se ha intentado legislar al respecto-, pero aún así nadie ha dado con la fórmula para erradicarlo.

Por eso, cuando se ha intentado de todo sin mayores resultados -decenas de videos en YouTube lo comprueban; porque ahora no sólo se molesta: se molesta, se graba y se sube al portal-, vale la pena escuchar propuestas más rupturistas. Como la de la sicóloga y docente de la U. de Illinois, Karen D. Rudolph, quien publicó un estudio sobre el bullying en la revista especializada Child Development.

En él, ella y un grupo de especialistas realizaron una investigación con 373 niños y niñas de siete años y sus profesores. La idea era consignar cómo se relacionaban los alumnos con sus pares, cuánto valoraban esas relaciones, cuántos de ellos habían sufrido bullying y cómo habían reaccionado.

La mitad se reconoció como víctima de burlas, rumores falsos y/o intimidación de parte de sus compañeros. La cifra no sorprendió ni siquiera a los profesores, pero lo que sí resultó novedoso -y quizás también un consuelo- es que se puede predecir cómo reaccionará una potencial víctima ante el abuso: todo radica en la relación que aspira tener el niño o la niña con sus compañeros.

¿Lo bueno de este descubrimiento? En vez de sólo buscar que se termine el bullying, se pueden trabajar otros problemas que tenga el menor, ya que saldrán a flote al observar su relación con el entorno. Esto también permitiría preparar mejor a los hijos para la resolución de conflictos, de la mano con aumentar su valoración de las relaciones interpersonales. ¿Lo malo? Al igual que todas las medidas y manuales que han surgido en los propios colegios, nada asegura el éxito.

Dime cómo respondes, y te diré qué quieres

Según el estudio de Rudolph, la reacción de los niños y niñas ante el bullying dependía de tres factores: si querían ser populares y sentirse superiores al resto, se vengaban impulsivamente. Si preferían hacer como que no les importaba, ignoraban al abusador, y si querían solucionar el problema, buscaban apoyo emocional y ayuda de terceros -principalmente sus padres y profesores.

¿Qué determina la reacción que se adopta? Son muchos los factores, y en todos está presente el rol de los padres. "Niños que presentan un buen vínculo y confianza con ellos, y que han podido desarrollar relaciones de amistad con sus pares -explica Yasna Ruiz, sicóloga infanto-juvenil de la Clínica Dávila- tenderán a desplegar conductas más asertivas para enfrentar situaciones de problema, y buscarán el apoyo de adultos". Así, los más propensos a reaccionar de formas inadecuadas al bullying serían los niños con baja autoestima, escasa confianza o comunicación con sus padres y figuras de autoridad y con una sensación constante de aislamiento.

La idea, entonces, según la sicóloga de la U. de Illinois, es enseñarles a los hijos un enfoque generoso en la construcción de relaciones. Esto, para evitar las consecuencias sicológicas que podría acarrear a futuro el bullying en la infancia. Entre los alumnos que entrevistó Rudolph para su estudio, quedó en evidencia que quienes respondían de manera cuidadosa a los abusos de sus pares tenían mejor salud mental que quienes lo hacían de manera impulsiva.

Y cuando crezca, olvídese de todo esto

Si bien lo que se busca inicialmente es resolver el conflicto puntual, propiciar una conducta proactiva a la hora de resolver sus problemas trae beneficios adicionales para los niños. Según la sicóloga de la U. de Maine Cynthia Erdley -quien se refirió al estudio de Rudolph en la revista Atlantic Monthly-, "los niños que adoptan metas relacionadas con el desarrollo social parecen estar mejor preparados para lidiar de manera adaptativa con los retos que experimentan después".

Sin embargo, todos estos consejos se deberán olvidar cuando los hijos lleguen a la adolescencia. "Estudios han mostrado que la violencia escolar va tomando distinta forma en concordancia con la etapa evolutiva en que se presenta", explica Ruiz. De dar empujones, tirar el pelo o pegar patadas, los insultos pasan a una "violencia relacional", que implica excluir del grupo, molestar públicamente en redes sociales o remarcar los defectos de los demás.

Por eso, según Ruiz, "en cada etapa es necesario abordar la dinámica con estrategias específicas de intervención". Consciente de esto, Rudolph no les resta utilidad a los resultados de su estudio. Al contrario. "Si podemos identificar patrones de interacción que aparecen a temprana edad -dijo a la revista Atlantic Monthly-, se puede buscar cómo optimizar la salud mental y social antes de que desarrollen problemas potencialmente más riesgosos propios de la adolescencia". Porque aceptémoslo: antes de que se resuelvan en gran medida los problemas que enfrentan los niños el en colegio, deberán pasar por experiencias bastante más desagradables que un empujón. Si no está de acuerdo, sólo acuérdese de sus crisis adolescentes de acné.

  • Sé el primero en comentar comentarios
     
SUPLEMENTOS Y REVISTAS

Tendencias

Página 28
      LaTercera.com
      SIGUENOS TAMBIEN EN:
      ACTUALIZA TU EXPLORADOR: