La larga historia tras la Casa Nacional del Niño

Ayer, la institución a cargo del Sename conmemoró 250 años desde su creación.

por Noelia Zunino
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"Cuándo iba a imaginar don Juan Nicolás de Aguirre y Barnechea, marqués de Montepío, que su loable iniciativa perduraría tanto tiempo", dijo ayer María Cristina Rojas, directora de la Casa Nacional del Niño, institución que cumplió 250 años desde su creación.

En 1761, el rey Carlos III otorgó el permiso al marqués para el funcionamiento de una casa para menores abandonados. Actualmente, 92 niños de hasta seis años viven en la antigua casona, dirigida por el Sename.

A ese mismo edificio llegó en 1935 Rodolfo Yáñez (78), cuando tenía poco más de tres años. Su madrina lo fue a dejar tras la muerte de su madre embarazada.

De sus primeros años, recuerda cuando algunos de sus compañeros llegaban sin nombres y se los inventaban.

Uno de ellos fue una guagua a la cual llamaron Carlos Baquedano, porque lo encontraron abandonado en una plaza que llevaba el mismo nombre.

"Te llamas Julio"

Desde sus inicios y hasta principios del siglo XX, los niños eran abandonados en un torno, un instrumento que al girarlo desde el exterior, dejaba las guaguas al interior de la casa.

Nara Milanich, historiadora estadounidense especialista en temas de América Latina y Chile, escribió el libro Children of Fate, en el cual relata la infancia en esta institución en la segunda mitad del siglo XIX y comienzos del XX, por el cual pasaron en esa época cerca de 51 mil niños marcados por la desigualdad. Cuenta que en ocasiones, entre la ropa de los niños abandonados había cartas.

"Te llamas Julio Ernesto del Rosario Rodríguez, nacido el 18 de noviembre de 1887. Te pongo ahí por haber quedado en la última miseria y con dos hermanos más. Tú como más chiquito, me veo en la obligación de echarte a los huérfanos".

Milanich relata que con estas cartas se enteraban por qué dejaban a los niños. "En general, la causa del abandono era la pobreza. Muchas eran madres solas que trabajaban como empleadas domésticas y que era el segundo o tercer hijo. Había patrones que dejaban los hijos de sus empleados, como Máximo Jeria, que pidió que cuidaran al hijo de su cocinera", dice.

Otro personaje conocido fue Benjamín Vicuña Mackenna, entonces intendente de Santiago, quien pedía que cuidaran al hijo de su nodriza: "Le ruega le tenga por tres o cuatro días el niño de un ama mientras halla otra". Sin embargo, días después pidió que criaran al menor, llamado Pedro.

Para José Arce, asistente de la Casa Nacional del Niño desde hace casi dos décadas, las causas de ingreso son diferentes: "Antes era la pobreza y porque no tenían con quién dejar a los niños. Ahora, son más bien padres y madres con problemas de drogas y alcohol y hombres con baja escolaridad y madres adolescentes".

Los tiempos de oro

Arce sabe detalles de la historia de la institución que tiene directa relación con el presente.

Por ejemplo, dice que la actual calle Huérfanos se llama así porque al comienzo el hogar se encontraba en ese sector, o que bajo la dirección del doctor Luis Calvo Mackenna, en la institución se construyó un pabellón pediátrico en el hogar que, posteriormente, dio origen al actual hospital que lleva su nombre.

Dice que la época de mayor esplendor de la casa fue entre 1920-1960. "En ese período se formaban los niños para la vida independiente. Por eso se les enseñaban oficios". Rodolfo Yáñez, quien llegó cuando tenía tres años, aprendió sastrería.

Estuvo unos años con una mujer que lo crió hasta que volvió en 1948 a la Casa Nacional del Niño.

En esa época conoció a María Ignacia Morel, una joven tres años mayor que él, que había ingresado en 1936, cuando tenía siete años.

En 1956 se casaron y actualmente una de sus hijas trabaja en la institución. Yáñez dice que lo que hoy es la Casa Nacional del Niño no se asemeja en nada a cómo era en su tiempo.

"El espacio en nuestros tiempos era grande, por eso había tantos niños. Incluso, teníamos teatro, carrusel y balancines, pero cada vez se hizo más pequeño".

El miércoles, el ministro de Justicia, Teodoro Ribera, anunció que para mediados de julio del próximo año se espera que estén concluidas las obras del nuevo edificio de la entidad, en la comuna de Ñuñoa, después de 157 años de estar en el mismo lugar .

"El más chiquito"

"Te llamas Julio Ernesto del Rosario Rodríguez, nacido el 18 de noviembre de 1887. Te pongo ahí por haber quedado en la última miseria. Tú, como más chiquito, me veo en la obligación de echarte a los huérfanos". (Children of Fate).

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