LA TERCERA EDICION IMPRESA | domingo 13 de noviembre de 2011
Es la zona más rica en fósiles del país, pero la desprotección la tiene en peligro. Un paleontólogo trabaja para evitarlo.
DECENAS de kilómetros de un desierto paradójicamente verde y cubierto, en esta época, de flores amarillas, blancas, rojas y moradas, guían a los turistas desde Copiapó a las paradisíacas playas de la Región de Atacama. Paralelo a ese paisaje de mantos multicolores, 64 kilómetros de la doble vía inaugurada en abril de este año llevan directo al terreno donde fueron encontrados alrededor de 70 fósiles de cetáceos, que hace millones de años poblaron esa zona, antes cubierta por el océano. "Lo increíble es que las ballenas se conservaron tal como murieron. Algo pasó en distintos momentos de la historia que hizo que las ballenas se refugiaran, rápidamente, bajo la arena del fondo marino", comenta Mario Suárez, el procurador del museo paleontológico que funciona en la Estación de Caldera.
La comuna es dueña del yacimiento de fósiles más importante del país, sin embargo, la destrucción, el saqueo y la falta de fiscalización han generado la desaparición de muchas piezas y el riesgo de perder, definitivamente, la riqueza que se esconde en las costas de la región.
"La densidad de fósiles es muy grande y esto lo sabían artesanos, turistas, coleccionistas y huaqueros que los sacaban por montón y los vendían en las ferias artesanales e, incluso, al extranjero", dice Mario Suárez. Y agrega: "Hay muchas piezas que salieron del país y no sabemos cómo. Algunas las hemos traído de vuelta, pero hay otras de las que desconocemos su paradero".
El caso más representativo de esta práctica es el del Pelagornis chilensis, el ave voladora más grande del mundo, que fue encontrada en Caldera y vendida a un traficante internacional. Luego, la compró un europeo, hasta que llegó a un museo en Alemania. "Afortunadamente, la recuperamos y el año pasado la trajimos de vuelta", dice Suárez.
El desconocimiento que existe respecto a la paleontología y la falta de valor que se le otorgó durante décadas propiciaron, por ejemplo, la construcción de poblaciones sobre terreno fosilífero, como es el caso de Villa Las Playas, donde se han encontrado, incluso, antiguos cocodrilos.
Por otra parte, el proceso de producción de una compañía minera situada al sur de Caldera implica explotar las rocas donde están los fósiles y transformarlas en fertilizantes. Suárez dice que "recién en los últimos dos años hemos podido frenar un poco eso y generar un proceso de monitoreo para que no suceda, pero se trabajó así por muchos años, sabiendo que lo que estaban destruyendo era un tesoro".
Todo lo anterior generó en la Municipalidad de Caldera la necesidad de resguardar las áreas patrimoniales, logrando declarar como Santuario de la Naturaleza un terreno de 460 hectáreas en el sector denominado Los Dedos.
Lo que se pretende -en el área en que se han encontrado restos óseos milenarios de focas, perezosos, tiburones y delfines- es crear un parque y un museo paleontológico sobre el que se desarrolle investigación científica y turismo de intereses especiales, creando y diversificando un campo laboral especializado sobre el tema.
Así, "la gente que tenía fósiles en su poder decidió entregar la colección y crear un espacio para que se desarrollara el museo. Sin embargo, sigue existiendo tráfico", advierte el especialista.
"Muchos vivían de esto, entonces cambiar su forma de vida es muy complejo. Imagina que, hace pocos años, se vendían los dientes de tiburón a granel y hoy sigue habiendo personas que ven los fósiles como un suvenir, sin entender su verdadero valor".
El primer paso para proteger el patrimonio, dice el paleontólogo de Caldera, es generar conciencia en la comunidad. "Estamos trabajando con colegios y agencias de turismo, pero cuesta. Va de la mano de una evolución cultural y del desarrollo del turismo, porque la Región de Atacama es mucho más que Bahía Inglesa y Playa Virgen".