LA TERCERA EDICION IMPRESA | domingo 25 de septiembre de 2011
¿Qué explica que la ciudadanía sintonice con el movimiento estudiantil y comparta su preocupación por la educación, como reflejan los sondeos? ¿Por qué movimientos anteriores, incluso sobre el mismo asunto, no lograron igual repercusión ni similar cobertura en los medios de comunicación?
Hay quienes consideran "políticamente incorrecto" cuestionar las posiciones y/o liderazgo de los dirigentes del movimiento estudiantil; para ellos, sólo cabe apoyar y alabar lo que han hecho y logrado. Pero lo correcto, aunque sea impopular, es analizar -con prudente pasión-, algunas razones que pueden explicar el éxito del movimiento, sin ánimo de agotarlas, porque todo fenómeno sociológico o comunicacional es multivariable.
Todo experto en comunicación reconoce que en cualquier estrategia siempre existe una cuota de suerte para su éxito y este caso no es la excepción. Pero, además, para que el mensaje produzca efecto, son importantes el emisor, contenido, los receptores y el contexto. Por eso, construir un relato que funcione no es sencillo. Todo lo anterior -buscado, querido o por azar-, ha confluido en esta movilización y en el apoyo ciudadano con que cuenta.
Aunque parezca frívolo o "farandulero", las características personales, la simplicidad para plantear sus argumentos y el carisma de los dirigentes que han liderado la movilización, resultan esenciales y apropiadas para una buena comunicación. Si no fuera así, quienes discrepan de ellos por tener posiciones más tajantes, ya los habrían desplazado. Su vocería ha sido eficaz y, sobre todo, creíble.
Hace años que era urgente abordar la calidad de la educación. Si se agrega, como encuadre, la gratuidad y el demonizado lucro, el contenido es fácilmente digerible, y casi adictivo, para todo público. Más aún para una ciudadanía que se encuentra cada día más distante de la política, de los partidos y sus dirigentes, a la vez que más libre y autónoma para decidir.
A este contexto se deben sumar dos aspectos relevantes. Un gobierno que, hasta el momento de iniciarse el conflicto, había sido incapaz de controlar la agenda del debate público, a la vez que había generado altísimas expectativas que afectaron sus niveles de aprobación y confianza, colocándolo en una situación de vulnerabilidad que contribuyó a dejar espacios que otros ocuparon con habilidad.
Pero también es inevitable admitir que los medios de comunicación, y en particular algunos periodistas, han jugado un rol importante en la configuración de este debate y su contexto. Ya sea porque comparten los planteamientos de los dirigentes estudiantiles; o, porque no se atreven a cuestionarlos; o, sencillamente, porque personal o familiarmente les toca enfrentar las situaciones que se describen. Los medios influyen en los temas que se discuten y también en el sentido que toma esa discusión. De ahí, que es importante quién instala los temas en la agenda porque, generalmente, ya tiene parte de la discusión ganada, además de transformarse en el referente de esa idea.
La combinación oportuna de todas estas variables explica que la ciudadanía comparta los "sueños" de los estudiantes.