Ni Hao Zhongguó

por Oscar Landerretche, economista
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AY, ESAS mañanas de fin de semana dieciocheros. Taza de café, rumbo al patio, diarios bajo el brazo, tratando de no abrir mucho los ojos para no exponer los servidores a cambios de voltaje, despacito, a tomar el frío de la mañana para nivelar los flaps. Cuando ya divisa el patio, escucha el grito tras de sí: "Ni hao Papá, ni hao". El acento es chino, pero la voz es de mi hija de cinco.
Ni hao es hola en mandarín. Mi hija ve una serie llamada Ni hao Kai Lan, que es una especie de Dora la Exploradora, pero con chino en vez de español. Luego de saludarme me dice más cosas incomprensibles y yo, desconcertado, me limito a completar mi viaje al patio e iniciar el rebuteo del sistema operativo.
Algo así le está pasando al mundo desarrollado. Mientras viven la fuerte resaca de las "fiestocas" de plata dulce que se mandaron, China sigue creciendo y el mundo se "achina". Pero, además, los chinos no sólo siguen creciendo, sino que continúan su cambio de país seguidor a país líder. Los urbanistas usan el término "gentrificación" para describir el desarrollo de barrios que adquieren personalidad y sentido propio (ej. Parque Forestal). En la "gentrificación" pasas de ser un lugar que existe en función de otros, a un lugar que tiene su propio significado, sentido y valor. China se está gentrificando como economía.
Ha pasado otras veces. Entre fines del S. XIX y mediados del XX, Europa se convirtió en un lugar de grandes crisis políticas, sociales, económicas y financieras. Mientras tanto, nadadito de perro mediante, Estados Unidos se estaba "gentrificando", pasando de ser parte del mundo al centro del mundo. Hoy pasa algo similar con gringos y europeos complicados, y China adquiriendo sentido propio.
Además China (Zhongguó) ya se la está creyendo. Antes de la crisis subprime sus exportaciones crecían a tasas de 20-30% por año. En 2009 decrecieron en 15% para reacelerar en 2010. En cambio, las ventas del retail dentro de China, que habían llegado a crecer 20% antes de la crisis, siguieron creciendo a 15% en 2009 y vuelta a 20% en 2010. El consumidor chino no se deprimió con la crisis. La demanda china tiene vida propia. Esta segunda pata de la crisis internacional es el momento de graduación de la demanda china, es su fiesta de 15 años. Si esta próxima recesión no es todo lo grave que podría ser, se deberá en gran medida a esa demanda.
Hace 20 años, China era 2% de nuestras exportaciones, hace 10 era 5%, hace cinco era 10%, ahora es 20%. Para muchos exportadores hace sentido apostar fichas a China, un mercado más estable y de mayores proyecciones. Tiene más sentido planificar inversiones pensando en las necesidades de los consumidores chinos del futuro que en las necesidades de los sobreendeudados consumidores occidentales del pasado.
Los que han hecho los números estiman que hoy en día cada punto de crecimiento extra de China impacta en un tercio de punto de crecimiento a Chile. Esta elasticidad seguramente va a aumentar y nuestra exposición a sus ciclos económicos y posibles turbulencias políticas también. Es hora de que nos vayamos preparando. No sea que un día alguna crisis nos sorprenda distraídos por las espaldas con un ruidoso Ni hao.

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