Respetable público:

El verdadero Señor Corales revive en la Biblioteca Nacional

Sin proponérselo, Juan Corales González inició una verdadera dinastía circense: la de los maestros de pista que, desde entonces, llevan su apellido. Fue hace siete décadas, en Plaza Almagro y Avenida Matta, donde dio sus primeros pasos antes de convertirse en leyenda. Un libro rescata ahora parte de esta historia.

por Cristián Labarca B.
  • Compartir
Ampliar

Chaqueta militar roja del siglo XIX, botas negras, sombrero de copa y mostacho decimonónico. Es la imagen característica de una leyenda acuñada en la memoria nacional: la del Señor Corales, el dueño del circo y presentador de los artistas que arrancan las carcajadas y aplausos del respetable público.

Hoy, "Señor Corales" es casi una marca, con símil en todos los países del mundo donde el arte circense se desarrolla. Así, en México lo reconocen como señor Patiño y en Francia es el famoso Monsieur Loyale. En Chile, sin proponérselo, Juan Corales González fue quien inició esta tradición, legando, hasta hoy, su apellido paterno a generaciones de presentadores que se esfuerzan por emular al "padre" de este oficio, el de "maestro de pista".

Corales nació en El Monte, en 1865. Según recuerda su único descendiente ligado a esta actividad, Mauricio Cervantes Corales: "a los 14 años se vino a pie hasta Santiago, en busca de su destino. Fue en este trayecto donde vio por primera vez un espectáculo ambulante en carpa, que en esa época se conocían como Casas de Volantines". Ahí aprendió rápido un número llamado "Antipodismo", que consistía en "girar un gran cilindro sobre las plantas de los pies, al que le agregó equilibrar 14 cajones de madera, los que lanzaba, uno por uno, al centro de la pista", rememora el nieto de Corales.

En San Fernando, Juan conoció a quien fuera su esposa por más de 60 años, Sara Toro, con quien tuvo 16 hijos, todos incorporados al mundo del circo. Catalina y Aída, por ejemplo, con las que el número de Antipodismo tomó la complejidad que el Señor Corales anhelaba, logrando hacer girar un cilindro en cada planta de sus pies.

"Los Hermanos Corales" iniciaron así una dinastía propia, compuesta de trapecistas, cómicos, músicos y malabaristas. Hasta que en 1929 y en sociedad con una ciudadana estadounidense conocida como Miss Paulina -dueña de un león y un puma- pasaron a llamarse "Circo Corales de Fieras".

La inclusión de animales tiene gran relevancia para la época, explica la investigadora Pilar Ducci, quien cuenta que en 1840 el circo Bogardus trasladó a Santiago el primer elefante traído por una compañía. "Para mucha gente esa era la única opción de conocer animales de este tipo", dice.

Ducci es la autora del libro Años de circo. Historia de la actividad circense en Chile, que se lanzará mañana jueves, al mediodía, en la sala América de la Biblioteca Nacional, en conjunto con la exposición El circo chileno, que recorre los principales hitos de esta actividad en Chile, y la exposición de fotografía contemporánea Circo hoy, de Francisco Bermejo.

"La actividad circense -explica Pilar Ducci- es milenaria, existió en tiempos precolombinos. Pero fue con el sargento mayor inglés Phillip Astley, quien integra la actividad ecuestre a una carpa y pista redonda de 13,6 metros de diámetro, que se da origen al circo moderno. Corre 1768 y su look, muy militar, es el que se transmite a todos los 'señores Corales' que vinieron después".

En Chile, las crónicas de la Colonia hablan tempranamente de este tipo de espectáculos presentándose en la Plaza de Armas, iglesias y casas patronales. "En 1827 el circo de Bogardus es el primer circo ecuestre que conocimos en Chile. La carpa -palabra de origen quechua, que significa toldo- es un invento estadounidense de 1825 y ya a mediados del siglo XIX había circos con carpa en nuestro país. Benjamín Vicuña Mackenna hizo su campaña política de intendente en una carpa de circo, en 1876", ilustra Ducci.

Pero las nuevas generaciones de maestros de pista ya no lucen como antes. Según cuenta Ducci, "hoy el look que la lleva es de futbolista, con cuello Mao y los pelos parados con gel. Estos siguen cultivando el perfil del personaje bien peinado y vestido: el Antonio Vodanovic del espectáculo. Pero hay circos en los que, incluso, el Señor Corales es una voz en off".

En 1940 y ya cansado de tanta itinerancia, Juan Corales se radicó en Santiago y dejó el circo en manos de sus hijos. Desde entonces el "Circo Corales" toma el nombre de "Circo Hermanos Corales, el cual recorrió Chile y fue cantera de artistas de renombre, que no tardaron en internacionalizar sus carreras. Algunos de ellos fueron Tomás Corales Toro, que se integró a circos como el Tihany y el Royal Dumbar, o Dalberto Corales, que se unió al Circo Konig y recorrió Chile y América del Sur por más de 30 años. De esos 16 hermanos, hoy sólo vive la madre de Mauricio, Juana.

Antes de morir, el 18 de mayo de 1959, Juan Corales, el auténtico "Señor Corales" y fundador de la dinastía más tradicional del circo chileno, ofreció un último espectáculo, el 21 de mayo de 1951, en la calle Nueva de Matte, en Independencia. En la oportunidad recalcó, como siempre lo hacía, que el suyo era "un circo alegre, jamás pobre".

  • Sé el primero en comentar comentarios
     
SUPLEMENTOS Y REVISTAS

Santiago

Página 36
      LaTercera.com
      SIGUENOS TAMBIEN EN:
      ACTUALIZA TU EXPLORADOR: