La gran travesía de la "Sirenita"

Pese a un sinnúmero de dificultades, la joven Milenka Rojas (17) aspira a convertirse esta semana en la mujer más joven en cruzar a nado el Estrecho de Gibraltar. Esta es su historia.

por Francisco Siredey Escobar
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os habitantes más antiguos de Lican Ray, en la Región de la Araucanía, aún mantienen vivo el mito de la "sirena" del lago Calafquén. María Torres asegura haberla divisado a lo lejos cuando era chica. "Mucha gente la vio. Se sentaba en una piedra y se peinaba. Tenía un pelo muy lindo", cuenta la anciana, sentada en la mesa de la casa de su hija, en la Villa Parinacota de Quilicura. A un par de metros, en la muralla del living, luce una imagen similar, que pertenece a su nieta. La niña posa con un traje de neopreno sobre un roquerío, justo a orillas de un lago. "Milenka Rojas, campeona mundial juvenil de travesía", se lee en el cuadro. Para las nuevas generaciones, ella es la verdadera sirena.

Desde muy pequeña, Milenka Rojas Rival (17) le perdió el miedo al agua. Con siete años, se abría paso hasta las boyas mientras sus progenitores se afanaban vendiendo confites en la orilla. Su papá, Víctor Rojas, famoso en el balneario por ofrecer su mercancía vestido de payaso, intentó disuadirla mediante un susto. Ambos se adentraron en el lago en un bote. Después de ponerle un chaleco salvavidas a su hija, la lanzó al agua, pero el plan no dio resultado. "Le encantó, y dijo que se iba a ir nadando hasta la orilla. Después le pregunté si quería aprender a nadar en serio y ahí empezamos a trabajar", recuerda el padre, quien además hace de mánager. A partir de ese día, como se le veía siempre nadando ahí, los lugareños la bautizaron como la "sirenita".

Han pasado 10 años y dos récords Guinness (mejor tiempo en 27 y 46 km) desde entonces. La abuela y algunos tíos están de visita en Santiago para despedir a Milenka, quien parte a hacer frente al desafío más importante de su carrera como maratonista acuática: cruzar de ida y vuelta el Estrecho de Gibraltar, que une Europa y África. Si lo logra, será la mujer más joven en conseguirlo. Con este tipo de ideas en la cabeza, a la adolescente nadadora le cuesta brindar su atención a sus visitas familiares. Debe atender a varios medios de comunicación y asistir a un homenaje en su liceo, el José Domingo Cañas, un colegio particular subvencionado "sin fines de lucro", como recalca su directora, Flor Alarcón. La joven nadadora está atrasada y se siente mal, pues le han financiado un entrenador personal y un preuniversitario. Aunque no llega a tiempo, la perdonan. "Siempre la hemos visto con ganas de salir adelante, le dimos la oportunidad y nos sorprende todos los días", acota Alarcón.

Andar a la carrera no es nuevo para Milenka. Lo hace toda la semana, estudiando hasta las cinco, entrenando hasta las 11 de la noche en la piscina municipal de Quilicura y aprovechando algunos días que sale temprano para ir al preuniversitario. Por estos días, sin embargo, sus preocupaciones son bastante menos ordinarias. Piensa en los más de 40 kilómetros que tendrá que recorrer si quiere completar la ida y vuelta entre Tarifa (España) y Punta Cires (Marruecos); en las cerca de 10 horas de actividad que tendrá que soportar inmersa en aguas tibias (21 °C) e infestadas de al menos cinco tipos de tiburones, medusas y hasta ballenas, entre otros animales acuáticos, además de las impredecibles corrientes marinas que caracterizan la zona. "Será algo distinto a cualquier cosa que haya intentado, por la distancia y porque será en agua salada", dice la deportista, más acostumbrada a los lagos.

Los riesgos no asustan a Milenka. Hasta la fecha, no ha tenido ningún accidente en sus travesías y, además, disfruta de la experiencia de estar ella sola, mano a mano con el mar. "No me gusta el ambiente de las piscinas, la competitividad. Aquí no te tienes que preocupar de nadie más que de ti mismo", sentencia. Desde el otro lado de la habitación, su abuela materna mantiene ciertas reservas sobre la seguridad: "Tenía rabia con mi yerno. Le dije que si algo le pasaba a la niña, nunca se lo iba a perdonar".

El negocio de los Rojas Rival es el único que no ha sido asaltado en Villa Parinacota. Lo instalaron hace algunos años, cuando Víctor decidió dedicarse a tiempo completo a la carrera de su hija. Todos atienden la caja cuando se hace necesario, incluso Valentina (10), la hermana menor de Milenka, quien también está dando sus primeras braceadas en el mar.

Las razones de por qué el almacén permanece "invicto" no están del todo claras, pero en el barrio se respeta la figura de Milenka. Además, su padre se ha encargado de tratar bien a todos los que entran a su local, sin distinciones. Afuera, la cosa es muy distinta. "Es malísimo este sector. Acá no se andan con juegos, un problema se arregla con balazo directo. Es complicado criar a los cabros chicos", asegura Nelly Rival, mamá orgullosa de que sus tres hijos (el mayor, Damián, tiene 24) nunca se hayan vinculado a las drogas o a la delincuencia.

Milenka sabe cómo es la situación. Ha visto tiroteos con metralletas por sólo ir a cerrar el portón de su edificio. A estas alturas, y como nunca le ha pasado nada, simplemente lo ignora. "Le dije a mi papá que no necesitamos poner cable en la casa, si basta con abrir la ventana para ver una película de acción en vivo, con balazos y todo", bromea.

Este difícil entorno no es más que una consecuencia de las carencias materiales. En estas condiciones, los traslados a las competencias locales cuestan enormemente y el proyecto de viajar a España se veía como una utopía. La idea surgió hace dos años, pero no se había concretado por el alto costo: ocho millones. La cifra se alcanzó recién en los últimos meses, gracias a los auspicios de la Municipalidad de Quilicura, Multivac, la Sociedad de Escuelas Católicas y Laboratorios Andrómaco. Víctor se queja del nulo apoyo que ha recibido su hija por parte del Estado. "Si me preguntas si volvería a pasar por esto, te diría que no, porque en este país no se apoya al deportista", dice.

Aunque está casi una hora atrasada, Milenka va hacia su colegio para despedirse de sus compañeros. En el camino, comenta que en el agua se siente otra persona, que disfruta dándose ánimos mentalmente, pese a que los dolores musculares serán terribles al terminar la travesía. "Duele hasta pestañear", asevera. También piensa en sus triunfos, como haber cruzado el Calafquén con 13 años, una prueba en la que bajó ocho kilos, o el lago Titicaca en Bolivia (a 4.100 metros de altura). Asimismo, ya se imagina completando la travesía de Gibraltar, sintiendo esa alegría que, según ella, "es difícil asimilar con todo el cansancio".

Cuando finalmente entra a su sala de clases, la del IV B, se oyen gritos de emoción y un murmullo incesante. Aunque todavía quiere cumplir con otras odiseas, como el cruce del Estrecho de Magallanes y del Canal de la Mancha, Milenka sabe que su travesía más importante esta ahí, en las aulas, donde la meta es llegar a la Facultad de Arquitectura de la Universidad de Chile, una tarea que para ella es más importante que cruzar cualquier océano.

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