Algo más que dos ruedas:

El rey de las bicicletas a medida

Aplicando mucho ingenio, Nano Vera construye bicicletas del color, forma y uso que le pidan. Esta es su "nanotecnología".

por Cristián Labarca B.
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Durante las últimas cuatro décadas, Guillermo Martínez -Nano Vera para el mundo ciclístico- ha construido todo tipo de velocípedos. En su taller de calle Tocornal, en Santiago Centro, no sólo se reparan triciclos, monopatines y hasta sillas de rueda. Las bicicletas se construyen a medida y se restauran de acuerdo a la personalidad y los requerimientos del cliente, que no son pocos ni convencionales.

Tiene 58 años y, tras el retiro de Samuel del Valle, el "padre" del oficio, cree ser el último fabricante de este medio de transporte. A él recurren desde las casas especializadas de calle San Diego, ambientadores de teatro y cine en busca de alocados artefactos y estudiantes de Ingeniería y Diseño que le piden materializar sus proyectos de título.

Vera ama los desafíos. El 2001 su trabajo llegó a las pistas de la Fórmula-i, la que premia la innovación en el diseño y construcción de vehículos movidos por energía no contaminante. "La idea la traían ellos, pero el auto terminé haciéndolo yo. Incluso, tuve que explicar su funcionamiento al jurado: Eliseo Salazar y Alejandro Schmauk". El premio al ingenio obtenido por los estudiantes -una camiseta de Salazar- luce colgada en una de las paredes del taller de Nano.

Además de rodados infantiles y familiares, habituales en los parques Padre Hurtado, O'Higgins y Quinta Normal, Vera arma bicicletas para dos personas (tandem) y asegura que hace 10 años construyó las hoy populares plegables. Del 2004 es, por ejemplo, el "rodado cargo trike", de un alumno de Diseño que concibió una bicicleta que se transforma en carro para ir a la feria.

"Lo más difícil que me han encargado fue una que, pedaleando para atrás, andaba hacia adelante", recuerda. "¡Se les ocurre cada cuestión! Yo hasta lo medí: pedaleando para adelante avanzabas cinco metros, y para atrás, cuatro. Pero se las eché a andar. Es que me gustan los desafíos, yo soy un convencido de que los helicópteros no los hicieron los extraterrestres".

Comenzó en Bicicletas Vargas, el verano del 72. "Fui a ayudarle a un tío y se me olvidó que había que ir a la escuela, dice entre risas". Nunca más volvió al colegio.

Su apodo lo adquirió de rebote. Es primo de uno de los velocistas importantes que ha tenido Chile, el célebre Fernando "Lobo" Vera, ganador de la Vuelta Ciclista de Chile en 1988 y de varios Juegos Panamericanos. Pero en casa del herrero, cuchillo de palo: Nano Vera ya no se sube a su bicicleta. Su trabajo pagó la casa en que vive, la educación de sus tres hijos y una Honda steed de 400 cc, la moto de sus sueños. "Me hago un sueldo de dos millones de pesos mensuales", asegura.

Puede ser. A fines de la década pasada le encargaban una o dos mediapista al año, pero el auge que han tenido las bicicletas lo obliga hoy a armar una diaria, 20 al mes. "En seis horas hago un marco, pero a mis clientes no les puedo decir eso, porque creerían que las hago al lote", confiesa. "No compito con nadie, lo que vale es mi trabajo. Si el de allá lo vende más barato, pues vaya para allá. Eso sí: mis productos tienen 10 años de garantía".

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