LA TERCERA EDICION IMPRESA | miércoles 24 de agosto de 2011
YA ES UN HECHO que todos los partidos de la Concertación adhieren al paro ilegal convocado por la CUT para hoy y mañana. Que los partidos de oposición que fueron gobierno en los últimos 20 años se sumen a esta movilización tiene consecuencias mayores en la convivencia del país. Pero esta decisión no me sorprende, pues viene precedida de una serie de declaraciones y puntos de vista que ya marcaban este rumbo.
Frente al conflicto estudiantil que se arrastra por casi tres meses, el ex Presidente Lagos, responsable de la educación en Chile durante la mitad del tiempo que su coalición gobernó (cuatro años como ministro, seis como Presidente) señaló en este diario que la Concertación en realidad no pudo gobernar, la derecha se lo impidió. Sin embargo, hasta ahora yo recordaba que había sido el liderazgo profundamente democrático de Pablo Longueira el que le había permitido gobernar, gracias al acuerdo con el que Lagos pudo salir de la crisis de MOP-Gate.
El senador Pizarro dice que se justifica adherir al paro, porque el gobierno es ineficiente y sordo. Pero no siempre la DC ha considerado que los políticos que hoy están en el gobierno han sido tan sordos. Recuerdo un episodio en que ese partido inscribió mal a todos sus candidatos al Congreso y el entonces timonel DC llegó hasta a sede de la UDI a pedir apoyo para una solución a su error. Tanto lo escucharon, que se aprobó de inmediato una ley con los votos de la UDI que les amplió el plazo para que inscribieran a sus candidatos. Probablemente muchos de ellos, que aún siguen en el Congreso, adhieren hoy al paro.
No lo recuerdo con el ánimo pequeño de sacar en cara el pasado, pues estas decisiones no se toman para esperar retribución. Pero sí se toman cuando está en juego el bien superior de la convivencia democrática: el primer gobierno encabezado por un socialista después del trauma del 73 no podía fracasar, estaba en juego la adhesión al sistema de un sector muy importante del país; un partido como la DC no podía quedar fuera del Congreso por un error administrativo, pues ése no habría sido un Congreso representativo de la voluntad popular.
Pero hoy, lamentablemente, los partidos de la Concertación han enviado un mensaje fuerte y claro. Pertenezco como simple ciudadano a un sector que puede participar de las elecciones, que incluso puede ganarlas, pero que no tiene derecho a gobernar bajo las reglas del sistema democrático. Es legítimo que a un gobierno de centroderecha se le haga oposición por la fuerza; si los opositores no concuerdan con determinada política se exige un plebiscito que no está en nuestra institucionalidad; la mayoría electoral no vale, siempre habrá un sociólogo que nos defina como "minoría cultural"; y, por supuesto, es intolerable esperar hasta la próxima elección bajo un gobierno de esa "minoría", especialmente si pretende arrogarse, sólo por haber ganado una elección, el derecho de impulsar cambios. ¡Faltaba más!
Es la lógica del todo vale contra el gobierno de un sector que, si gana, tiene que vivir bajo un régimen político y jurídico excepcional. Esta no es una democracia en que a todos se nos reconozcan los mismos derechos civiles y políticos.